Thibon al desnudo

-¿Cuál es su ideal de felicidad terrenal?
- Saber acogerlo todo sin retener nada.

-¿Cuál es su santo preferido?
San Juan de la Cruz. El Doctor de la noche, el más extremista de todos los santos, con quien Nietzsche se habría entendido bien. Soy realista porque defiendo los "medios de apoyo": sé que un Dios sin Iglesia es el principio de una Iglesia sin Dios. Pero soy extremista por mi atracción por la teología negativa, la mística de la noche, el "Dios sin base ni apoyo", que era el de San Juan de la Cruz y el mío hoy.

-¿En qué siglo le habría gustado vivir?
- En el siglo XII, el más libre de los siglos, el de la unidad de Europa, cultural y espiritual. También me habría gustado el siglo XVIII, por su finura de espíritu.


- ¿Cuál es su ocupación preferida?

- Caminar por la naturaleza. "Sólo se puede pensar sentado", escribía Flaubert, a quien contestó Nietzsche: "Las grandes ideas llegan caminando".

- ¿Cuál es el principal rasgo de su carácter?
- La docilidad. Siempre me he dejado llevar: por los hombres, por las mujeres, por las circunstancias. Prefiero obedecer a mandar, que me conduzcan la vida y sus azares, que son el camino que Dios toma cuando quiere pasar de incógnito.

-¿Cuál es vuestro sueño de felicidad?
- La felicidad no se sueña. Está en todas partes, a condición de acogerlo todo como don de Dios.

- ¿Cuál es su pasaje favorito del Evangelio?
- "Padre, ¿por qué me has abandonado?". Ese grito me conmueve mucho hoy. Sobre la Cruz, Dios desespera de sí mismo, y, si se me permite decirlo, muere ateo. Creo, conChesterton, que "nuestra religión es la buena porque es la única en la que Dios ha sido ateo por un momento". Amo a ese Cristo en agonía, el Varón de Dolores, Dios infinitamente débil, Dios abandonado por Dios. También aprecio mucho el pasaje de la mujer adúltera. Dios es a la vez exigencia infinita e indulgencia infinita. Él nos perdonará lo que nosotros no nos atrevemos a perdonarnos a nosotros mismos. Amo las historias de misericoria. Cuando se envejece, uno se hace más indulgente con los demás. 

- ¿Como definiría el infierno?
- Como Simone Weil: "Creerse en el Paraíso por error".

- ¿Y la muerte?
- Como Gabriel Marcel: el "exilio absoluto", un salto vertiginoso que no quiero imaginar. No hay que robarle su virginidad, quitarle el encanto a ese retorno a la patria. Porque nuestra vida es un exilio. Quedaremos estupefactos cuando veamos las líneas curvas con las que Dios ha escrito, hasta qué punto el bien y el mal se entrelazan. Creo en la solidaridad del bien y del mal, de la paja y el grano. A veces hay virtudes que nos pierden y pecados que nos salvan, por por sí mismos, sino por resurgimiento. Hay momentos en los que hay que arrepentirse de las virtudes tanto como de los pecados.

-¿Vuestra oración preferida?
- La Salve: María, donde la misericordia desarma a la justicia.

- ¿Su verso favorito?
- "Ella miraba hacia arriba, y yo a ella": Dante, viendo el reflejo de Dios en la mirada deBeatriz, ya salvada.

- ¿Qué detesta por encima de todo?
- La envidia, ese vicio que nadie confiesa. Todo el mundo es envidioso, más o menos, pero nadie lo confiesa porque sería reconocerse inferior. Preferimos confesar los pecados por exceso: la gula, la lujuria...

- ¿Cuál es el gran mal de nuestra época?
Exigir para nuestro tiempo las promesas de la eternidad. Simone Weil -el gran encuentro de mi vida- lo decía: "Dios y el hombre son como dos amantes que se equivocan sobre el lugar de la cita; el hombre espera a Dios en el tiempo, y Dios espera al hombre en la eternidad".

- ¿La virtud más necesaria hoy?

- La reacción contra el conformismo que se oculta bajo la máscara de la libertad. Asistimos a una curiosa inversión del respeto humano. Esta época que provoca las guerras más sangrientas en nombre de la libertad constituye un escándalo único en la historia. Dado el grado de moralidad teórica del siglo XX, tales horrores no deberían ser posibles. Nuestro tiempo es, más que ningún otro, el tiempo del fariseísmo y de la hipocresía: es el reino de las verdades cristianas que se han vuelto locas que decía Chesterton.

- ¿Cómo se definiría usted?
- Un anarquista conservador. Conservador en relación a la tradición, anarquista en relación a las modas e ídolos del siglo. La marginalidad me ha permitido escapar a la glorisa y a las condecoraciones. 

- ¿Qué hecho militar admira más?
- La batalla de Lepanto.

- ¿Qué es lo que más le sorprende?
- La debilidad de Dios: ver hasta qué punto Dios está desarmado. Ha hecho depender lo más alto de lo más bajo. Lo superior depende de lo inferior, pero al revés no es así. Dios necesita al hombre, pero el hombre pasa totalmente de Dios, se ha hecho esclavo de las causas segundas.

- ¿Su palabra de amor preferida?- "Ti voglio bene", "Te quiero" en italiano, porque significa "Te deseo el bien". Amar a otro es decirle: "Tú no morirás". En cuanto al amor, me gusta la desmesura, ese "lo he escogido todo" de Santa Teresita del Niño Jesús. O esa frase de un campesino, vecino mío, sobre su mujer amada: "Cuando la miro, ya no la veo". El amor humano es la sed del infinito aplicada a lo finito. Los grandes momentos del amor humano son de llamada, más que de plenitud.

- ¿Su definición del hombre casado?
- Quien, en la resaca, mantiene las promesas de la borrachera. Mi experiencia me ha enseñado que uno no se casa sólo porque ama, sino para amar.

- ¿Cuál será su epitafio?
- "Adieu, à Dieu": "Adiós, me voy con Dios".

- ¿Y sus últimas palabras?
- Señor, pongo mi alma en tus manos. También me gustan las últimas palabras de la última carta de mi amiga Marie Noël: "Me duermo en Dios". Ella había perdido el Dios de su infancia y lo descubrió en una noche sin estrellas. Al final de ese "combate desesperado por salvar a Dios", constató que "Dios no es un lugar tranquilo".

http://www.religionenlibertad.com/gustave-thibon-las-confidencias-intimas-de-uno-de-los-grandes-pensadores-22543.htm

Mentiras sobre lo verdadero

Está fuera de duda, por otra parte, que las morales y las culturas que acentúan en demasía los valores espirituales y les confieren una dignidad casi autónoma, favorecen con ello la mentira interior. De suyo, en verdad, las cosas del espíritu aventajan en realidad y en profundidad a las cosas de la vida: es más grande y más verdadero ser un gran poeta que un buen obrero, y la vocación de una virgen consagrada a Dios ubícase sobre aquella de la mejor madre de familia. Pero los valores vitales tienen una ventaja: son sinceros. Apenas sí es posible, por ejemplo, que un hombre normal se haga ilusiones (o que las produzca en los demás) acerca de su grado de fuerza y destreza física: ¡en este dominio, los criterios de estimación son demasiado fáciles y precisos! No sucede lo mismo respecto de los valores espirituales, porque ellos se despliegan, en gran parte, en lo invisible: escapan a todo contralor preciso y hasta, con frecuencia, a todo contralor objetivo.
¡Un mal poeta puede creerse un genio desconocido, pero ningún alfeñique se toma por un coloso ignorado! Cuanto más elevada sea una actividad humana, más difícil es "conocerla por sus frutos", tan misteriosos son éstos y lejanos... ; mas, aquello que dice dificultad de verificación dice también incitación al fraude. La amarga tragedia de los más altos valores humanos es ser fácilmente falsificables. ¿Cómo juzgar -si no se lo hace con el auxilio de una rara y penetrante sabiduría, la perspectiva del tiempo y de una manera siempre discutible- cómo juzgar, pregunto, sobre la autenticidad de una vocación política, artística o, en extremo, religiosa? Para muchos seres cuya impotencia o mediocridad haríase patentes en una actividad social ordinaria, constituye un expediente natural consagrarse, como compensación, al servicio de ideales superiores: en este servicio, su inferioridad ya no es susceptible de verificación inmediata y hasta pueden, si poseen el don de expresar las realidades que no viven, obtener brillantes éxitos pasajeros. Un mal carpintero nunca tendrá éxito en su oficio, pero un mal político, un falso místico pueden hacer que los hombres se ilusionen a su respecto triunfando magníficamente, tal como, por desgracia, vemos que sucede con harta frecuencia. Por otra parte, es normal que en el hombre -ser para el cual las realidades espirituales, en lugar de ser objeto de una intuición directa, son sólo asequibles mediante los sentidos- los valores más nobles sean también los que más blanco ofrecen a la mentira. No es esta sino una de las numerosas flaquezas del espíritu encarnado. Ella ha suscitado, paralelamente a los falsarios del ideal, una legión de "desenmascaradores" que han llevado la reacción contra la mentira del espíritu hasta el punto de impugnar la existencia y la dignidad de los valores espirituales.

Gustave Thibon, Lo que Dios ha unido (Ensayo sobre el amor)

El mentecato

Es verdad que España no estaba sola en la desastrada peripecia, puesto que la cosa no merecía otro nombre mayor. Estaba metida en ella todo lo que entonces se llamaba la Cristiandad y que ahora se llama prudentemente Occidente. En la Cristiandad a que me refiero se hallaba incluido un Papa mentecato, masón honoriscausa y víctima probablemente del complejo de virtud que infunde la castidad en algunas almas aturdidas.

(Sobre este asunto es menester hablar claro de una vez por todas. Nosotros los católicos debemos, como tales, amor y reverencia al Vicario de Cristo. Pero ese amor no nos ata a ser cómplices del error o del pecado o de la mera estupidez que en un momento dado de su vida puede cometer el hombre investido por Dios para desempeñar su representación y no para otros asuntos. Son innumerables las señoras y también los señores que se hacen eco de los chismes y las calumnias inherentes a la fama de los Papas Borgia: todo porque esa fama se sitúa de la cintura para abajo. Creen que un Papa que tiene una querida es, como ellos y ellas dicen, "un horror, un horror, un horror" y que su nombre -Alejandro VI, por ejemplo- no puede ser pronunciado en presencia de las criaturas. Por mi parte, yo me precio de pensar y de creer lo contrario. Un Papa no debe tener una querida, pero puede ser que la tenga. En cambio, no puede ser que se porte, de la cintura para arriba, como un mentecato, vale decir, como un hombre con la mente captada, que es lo que sucedió con Clemente XIV cuando disolvió la Compañia de Jesús) (...)

En cuanto Vicario de Cristo, el Papa es acreedor, repito, a nuestro amor y reverencia; pero ni nada ni nadie puede privarnos del derecho de sentirnos lastimados o humillados cuando en su condición de soberano, se porta como un perfecto tonto. Es éste mi derecho, más que de hombres libres, de hombres leales: de hombres leales a Dios y a su servicio, para quienes el deservicio de la bobera es infinitamente más grave que el deservicio de la carne. (Yo, por mi parte, confieso que entre un Papa mujeriego y un Papa bobo me quedo con el Papa mujeriego)

Ignacio B. Anzoátegui, Nuevas vidas de muertos

Impas



Estimados amigos todos de Theseus:
Muy a pesar nuestro, pero obligados por razones de índole familiar y laboral, tomaremos un descanso de los contertulios cibernético, por tiempo indefinido.
Las “despedidas” son siempre dolorosas, aunque más no sean despedidas a medias, con esperanzas de retorno.
Pero bue, los husos de las musas sicilianas han dado en tejer de golpe un destino laboral inesperado, que no podemos evadir.
Así las cosas, nos encomendamos a san Cristóbal, aprontando las viejas maletas, y a todos ustedes a la protección santísima de la Corredentora.
Oremus ad invicem.
Theseus

Nuevas revelaciones sobre la relación Vaticano-FSSPX/SSPX


Más que interesante texto nos ofrece Secretum Meum Mihi.


¿Sabía Ud. Que la FSSPX/SSPX tuvo reconocimiento legal de existencia durante dos semanas en Marzo de 2009? ¿Sabía Ud. que para Agosto de 2005 ya estaba listo un documento por el cual el Papa confería reconocimiento legal a la FSSPX/SSPX? ¿Conocía Ud. del papel protagónico que juegan los obispos alemanes en obstaculizar el reconocimiento legal de la FSSPX/SSPX por parte de la Santa Sede? ¿Cómo se anula el decreto de excomunión de un Católico sin siquiera mencionar su nombre ni aludir el hecho de su excomunión?

Esto y más explosivas revelaciones se desprenden de un artículo escrito por Brian McCall y publicado en The Remnant, Oct-20-2010. Seguidamente una traducción al español de Secretum Meum Mihi de casi la totalidad del artículo mencionado.

Con respecto a las diversas afirmaciones del artículo, desde ahora avizoramos “desmentidos” de varias partes, sean los obispos suizos, sean los obispos de Alemania, sea de parte de la Secretaría de Estado del Estado Vaticano, sea de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, etc...

En el corazón de la reciente conferencia de Angelus Press para celebrar el 40º aniversario de fundación de la Fraternidad de San Pío X (octubre 15-17), Su Excelencia el Obispo Bernard Fellay pronunció una estimulante y amplia evaluación de la situación de la Fraternidad, tanto pasada como futura. Su discurso de dos horas, combinado con su sermón en la Misa Pontifical Solemne, sintetizó los temas y las memorias del evento en conjunto.

Aunque, desde la perspectiva externa, tal vez no el más importante aspecto de la conferencia, Su Excelencia dedicó la media hora final a un examen de las relaciones políticas y legales de la FSSPX con las autoridades en Roma. Sus observaciones, algunas de las cuales él me reconfirmó personalmente en una entrevista exclusiva para The Remnant, proporcionan percepciones frescas, pasadas, presentes y futuras. Un amplio reporte sobre la conferencia de Angelus, que incluye apartes de mi entrevista con Su Excelencia, aparecerá en un próximo número de The Remnant; este artículo presente se enfocará simplemente en la posición legal de la Fraternidad.

Su Excelencia puso el contexto describiendo la política del Vaticano como un proceso de “contradicciones”. Él caracterizó la historia reciente de las relaciones como un proceso de decir una cosa públicamente pero teniendo que hablar y actuar diferentemente en la aplicación práctica. Él parecía estar preparando a sus escuchas para que esperaran que esta dinámica de contradicciones continúe, al menos en el futuro previsible.

Para ayudar nuestro entendimiento de esta dinámica (la posición oficial del Vaticano vs. la posición actual) él asemejó la situación con aquella actitud del Vaticano respecto de la crisis mas grande en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. La posición oficial ha permanecido constante por los últimos 40 años: No hay crisis, vivimos en la primavera del Vaticano II. Con todo, como Su Excelencia documentó, a través de observaciones personales de Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, vemos el implícito reconocimiento Vaticano de una crisis sin precedente en la Iglesia, una apostasía masiva.

Así por ejemplo, el Obispo Fellay señaló al reciente establecimiento del Santo Padre de un Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización como un reconocimiento papal de una de facto crisis de fe, no obstante la línea de partido oficial de que todo está bien con la Iglesia postconciliar.

Con específicas referencias a la Fraternidad, el Obispo Fellay explicó que la Santa Sede ha estado ejerciendo una política de doble filo, una política oficial de jure contradicha por acciones de facto. Señaló cómo la línea oficial está encarnada en el documento publicado por la Secretaría de Estado después del decreto de 2009 que anuló las excomuniones a los obispos de la Fraternidad. De acuerdo con este documento sin firma, la Fraternidad no existe legalmente y no goza de “ningún reconocimiento canónico en la Iglesia católica”, con sacerdotes de la FSSPX ejerciendo su ministerio “ilícitamente”. Sin embargo, el santo Padre habla y toma acciones concretas que van en contar de esto, frecuentemente incluso reconociendo la existencia y ministerio legales y válidos de los sacerdotes de la Fraternidad.

Su excelencia describe esta situación como el “principio de acción” que se refiere a un modo de interpretar y aplicar las normas legales. Como el fin de la ley es la intención del legislador, cuando el estado de la ley no es claro o es incierto, los textos legales se deben interpretar a la luz de la intención del legislador tal como está manifestada por el modo como él administra la ley. La distinción legal está entre la ley “como está escrita” y la “ley como es recibida”. Otro aspecto de este principio legal es que las acciones del legislador al administrar la ley pueden crear una derogación de facto de la letra de la ley.

Para los lectores de The Remnant que no son abogados, nuestras madres y padres aplican esta perenne verdad por medio del principio “las acciones hablan más claro que las palabras”. Ahora, no ha habido situación legal mas calurosamente debatida en décadas recientes, que aquella de la estancia legal en la Iglesia de sacerdotes y obispos de la Fraternidad. Una rápida búsqueda de internet revela que la posición legal técnica es debatida por Católicos en virtualmente todos los aspectos del asunto. En tal caso, las acciones del Legislador Supremo (el Papa) deben ser examinadas para llegar a un sano entendimiento de la confusión legal actual que rodea la materia.

El Obispo Fellay demostró la aplicación de este “principio de acción” en el caso de la Fraternidad por medio de varios ejemplos, la mayoría de los cuales no habían sido previamente publicados. Primero, él mencionó el asunto de las confesiones de la FSSPX. Como la mayoría de católicos saben, hay ciertos pecados graves, la remisión de los cuales está reservada a la Santa Sede únicamente. Bajo la ley de la Iglesia, si un sacerdote oye la confesión de una persona que ha cometido uno de estos pecados reservados, él [el sacerdote] está obligado a reportar el asunto a la Santa Sede dentro de un plazo de treinta días para recibir permiso de absolver y recibir una guía para la imposición de una penitencia apropiada. Su Excelencia indicó que de cuando en cuando los sacerdotes de la Fraternidad han escuchado estas confesiones, y que, en cada caso, la notificación requerida fue enviada a la Santa Sede. En cada uno de estos casos, la respuesta recibida del Vaticano fue que “todo estaba bien y era lícito” y que el permiso para que los sacerdotes de la FSSPX absolvieran fue conferido.

¿Qué inferencia podemos sacar de esto? Obviamente, los sacerdotes de la Fraternidad pueden validamente oír confesiones. Si a los sacerdotes de la Fraternidad le faltara alguna clase de jurisdicción para oír confesiones, la Santa Sede hubiera respondido que el penitente necesitaba confesarse con un sacerdote con jurisdicción legal para oir confesiones. Por definición, aquí estamos tratando con materia grave y consecuentemente con pecado mortal (asumiendo que todas las otras condiciones están presentes). Incluso así, la Santa Sede respondió a la FSSPX que “todo estaba bien y era lícito”. La Santa Sede esta pues haciendo un de facto reconocimiento de la jurisdicción de la FSSPX para oír confesiones, una posición que la Fraternidad y un número de expertos canónicos han mantenido por años frente a lo que es obviamente una situación legal difícil.

El segundo ejemplo citado por el Obispo Fellay se refiere a aquellos sacerdotes que abandonan la Fraternidad de San Pío X después de haber recibido la ordenación de uno de sus obispos. De acuerdo con la ley y la práctica de la Iglesia, un sacerdote que recibe las Sagradas Ordenes fuera de la Iglesia (i.e., de un obispo que aunque válidamente posea los poderes episcopales, sin embargo se ha separado de la Iglesia Católica) está prohibido (hasta que regrese a la Iglesia Católica) de ejercer alguna vez los poderes sacerdotales conferidos en su ilícita ordenación. Retiene la marca indeleble de su sacerdocio pero está prohibido permanentemente de ejercer los poderes conexos.

No obstante, explicó el Obispo Fellay que, cuando un sacerdote ordenado por un obispo de la Fraternidad, abandonaba la Fraternidad pero deseaba permanecer como sacerdote, la Santa Sede le permitió ejercer sus poderes sacerdotales. De nuevo, no se puede escapar la conclusión legal: Los sacerdotes de la FSSPX no fueron ordenados “fuera de la Iglesia”. Aunque su excelencia no dio nombres, sabemos del caso de los fundadores de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, de los sacerdotes del Instituto del Buen Pastor, de los sacerdotes de San Juan María Vianney en campos, Brasil, de una larga lista de sacerdotes individuales ordenados por un obispo de la FSSPX, que a todos ellos se le ha permitido ejercer su poder sacerdotal. (Ese no es el caso con uno o dos sacerdotes aislados a quienes se confirió una excepcional derogación de esta norma, pero más bien la práctica habitual es la de permitir a todos estos sacerdotes ejercer sus funciones sacerdotales).

El tercer ejemplo que Su Excelencia reveló, estaba en conexión con las ordenaciones programadas para tener lugar en Alemania en Marzo de 2009. Como reportó en su momento The Remnant, los obispos de Alemania estaban aprovechándose de los intentos de los medios de comunicación para sabotear el levantamiento del decreto de excomunión de la FSSPX del Santo Padre y de la por entonces reciente entrevista del Obispo Williamson (“coincidencialmente” publicada en la víspera del anuncio de la histórica decisión del Santo Padre). Como previamente se informó en The Remnant, la Santa Sede contactó al obispo Fellay para pedirle que las ordenaciones fueran movidas a otra locación para mitigar las tensiones entre la Santa Sede y los obispos de Alemania. En su intervención el la conferencia de Angelus, el obispo Fellay reveló más detalles de esta intervención extraordinaria.

El Vaticano pidió al obispo Fellay mover las ordenaciones fuera de la jurisdicción de los obispos Alemanes. Si el obispo Fellay hubiera hecho eso, el Cardenal del Vaticano pactaría, que la Fraternidad “sería legalmente reconocida hasta de la Pascua”. Esto era para cubrir el periodo de dos semanas en que las ordenaciones ocurrirían. El obispo Fellay explicó que él le preguntó al Cardenal por qué se le estaba pidiendo esto ya que, de acuerdo con un reciente documento de la Secretaría de Estado, la FSSPX ni “siquiera existía legalmente”. El Cardenal respondió que “eso no es lo que cree el Papa”.

Como sabemos, el obispo Fellay aceptó el pedido del vaticano de mover las ordenaciones (demostrando una vez más su deseo de obedecer al Papa). Hubo un suspiro colectivo en el cuarto cuando Su Excelencia contó esta historia.

Las discusiones esa noche incluyeron muchas preguntas de si todos habíamos oido mal o malinterpretado lo que Su Excelencia había dicho anteriormente ese día: “¿Quiso él realmente significar que el Vaticano reconoció la existencia legal de la Fraternidad por dos semanas en Marzo pasado?” Cuando después yo personalmente hablé con Su Excelencia, le repetí sus propias palabras tomadas de mis anotaciones y le pregunté si él había hablado equivocadamente o si yo le había oído mal. Dijo: “Eso es lo que dije, me escucho correctamente”. Entonces le pregunté: ¿Eso qué significa?, porque no hay precedente de una afirmación semejante. ¿Cómo puede Usted ser legal por dos semanas y entonces ilegal de nuevo?” Se encogió de hombros y dijo que eso era lo que el Cardenal le había dicho.

[...]

¿Como podemos interpretar este incidente? Primero, tenemos a un Cardenal en el Vaticano afirmando que el Papa no cree en las aseveraciones de un documento que parece venir de un órgano oficial del Vaticano. El documento publicado por la Secretaría de Estado dice que la Fraternidad no existe en la Iglesia, y no obstante el Papa cree que la Fraternidad si existe. El Vaticano entonces está de acuerdo en reconocer temporalmente a la Fraternidad en contraprestación de un cambio de jurisdicción para una ordenación de la FSSPX. ¿Qué tan seriamente toma el Papa esta falta de reconocimiento legal cuando se puede ofrecer una pizca del mismo?

El obispo Fellay intentó dar alguna clase de sentido a estas contradicciones pero todo lo que pudo decirnos es que esta es la realidad que tenemos que aceptar en el presente. La política del Vaticano parece ser una política contradictoria que vacila entre “condenación y admiración”, anotó Su Excelencia. Él está convencido de que por lo que respecta a los sentimientos de Benedicto XVI mismo, admiración por la FSSPX es la palabra. Explicó que en su primer encuentro con el Papa Benedicto XVI, Su Santidad se refirió dos veces al Arzobispo Lefebvre, primero como el “venerado Arzobispo Lefebvre” y, mas tarde en la conversación, como “el Arzobispo Lefebvre, este gran hombre de la Iglesia Universal”.

Asi que, ¿vamos a creer que el Papa cree que un cismático excomulgado es venerable y un gran hombre de la Iglesia Universal? Esto no tendría sentido. La única explicación lógica es que el Papa reconoce al Arzobispo [Lefebvre] por el hijo leal de la Iglesia que es. Su Excelencia también afirma que el Cardenal Castrillón Hoyos expresó esta misma actitud cuando en referencia al trabajo de la Fraternidad, Su Eminencia dijo que “los frutos son buenos, entonces el Espíritu Santo esta ahí”.

Ahora, sabemos que Nuestro Señor nos dio esto acerca de quien está en la Iglesia y quien no está, “juzgadlo por sus frutos”. El Espíritu Santo no puede estar fuera de la Iglesia; entonces, si está en la Fraternidad, la Fraternidad está en la Iglesia. La lógica es irrefutable.

¿Cómo puede ser que el Papa y el Vaticano puedan tener esta política de decir una cosa pero hacer otra? ¿Cómo pueden ellos permitir a clérigos afirmar que las confesiones oídas por sacerdotes de la Fraternidad son invalidas y luego aclarar por sus propias acciones que las confesiones de la FSSPX son “buenas y lícitas”? ¿Cómo puede la Fraternidad ser legalmente reconocida por dos semanas y después cesar de ser reconocida después de ese tiempo? ¿No manifiesta esto una deposición Vaticana de la seriedad del asunto del reconocimiento “legal” de la FSSPX?

La respuesta, nos deja ver Su Excelencia, es por razones políticas, Benedicto XVI siente que, dada la situación en la Iglesia hoy y los “lobos” dentro [de Ella], no puede reconocer a la Fraternidad de jure. Sin embargo, como Él sabe que ellos están “dentro de la Iglesia” y “llevan buenos frutos”, reconocerá su legitimidad de facto tanto como sea posible. Tal como señaló el P. Scott Gardener en su conferencia antes en ese día, el error de la colegialidad ha prevenido la corrección de los errores y abusos producidos por el Concilio. El P. Gardener reportó que un alto cardenal le había admitido que la Colegialidad había efectivamente hecho la Iglesia “ingobernable”.

Un cardenal estadounidense me admitió la misma cosa en una conversación privada en Mayo de 2010. Benedicto XVI ha aprendido por medio de la experiencia que él perdería cualquier pequeña influencia que tenga sobre los obispos de la mayoría del mundo unidos en su desobedencia colegial e ignorarían su autoridad si el va más lejos haciendo lo correcto.

El obispo Fellay ilustró este punto con ejemplos concretos. Recontó como, en 2003, un grupo de cardenales, incluido Joseph Ratzinger, se reunieron para decidir que se debería hacer acerca de la Fraternidad y de la Tradición. Estuvieron de acuerdo en que tenía que organizarse una administración apostólica para dar status legal e independencia a los grupos tradicionales. Hubo un desacuerdo acerca de si la Fraternidad debería formar la “espina dorsal” de esta estructura con los otros grupos unidos a ella, o si ella debería sólo ser dejada independientemente entre las actuales comunidades Ecclesia Dei.

Cuando Benedicto XVI fue elegido en 2005, comenzó a implementar este plan. El obispo Fellay contó mas detalles de su reunión inicial con Su Santidad. La reunión que incluyó al Cardenal Castrillón Hoyos, al Santo Padre, al obispo Fellay y al padre Schmidberger. El Papa le preguntó al Cardenal Castrillón “en que estado están las cosas”. El Cardenal respondió, “Hoy puede Ud. reconocer a la Fraternidad de San Pío X. Ya le envié un documento que haría esto”.

El Papa respondió que ya había recibido el documento y lo había enviado al Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos para que determinára si estaba “de acuerdo con la Iglesia”.

El obispo Fellay señaló que debería haber contenido algo inusual si necesitaba ser examinado. Sin embargo, por alguna razón, el Papa fue evidentemente bloqueado y al punto, este documento —preparado por el Cardenal Castrillón Hoyos y en principio aprobado por el Papa (y enviado para un estudio técnico)— no ha visto la luz del día. ¿Por qué no?

El obispo Fellay explicó que en 2006 los obispos de Alemania fueron al Vaticano y se opusieron vigorosamente al proyecto. ¿Entonces, qué hizo el Papa? Liberalizó la Misa y levantó el decreto de excomunión de los obispos de la FSSPX. Todos recordamos lo que le pasó al Papa después de eso. Literalmente, se desató todo el infierno. Se le vino el mundo encima.

El obispo Fellay aún más puso nuestra atención al reciente incidente cuando el Papa nombró al conservador P. Gerhard Maria Wagner para que fuera obispo de Linz, Austria. El Papa de nuevo fue atacado en los medios de comunicación por este nombramiento “ultraconservador”. Claramente el Papa ha concluido que no vale la pena el costo de provocar la desobediencia y la rebelión de los obispos dando reconocimiento de jure a la Fraternidad. La única solución es conferir reconocimiento de facto, mientras continúan las conversaciones Vaticano/FSSPX

Aparte, los detalles de la reunión de 2005 y el misterioso “documento de reconocimiento” que resulto de ella, pone a dormir un argumento que ha sido usado por mucosa adversarios de la Fraternidad que afirman que, aunque a la Fraternidad se le suministrara jurisdicción alguna vez, la perdería cuando ellos “rehusaran el ofrecimiento de jurisdicción ordinaria”. He oído este argumento en más de una ocasión.

El obispo Fellay señaló, sin embargo, que a él en realidad nunca le fue mostrado (o presentado) un ofrecimiento concreto real de jurisdicción con ocasión de aquella reunión. Obviamente, él ni siquiera ha visto el documento que el Papa envió para revisar. Nos dijo que el documento “debe haber sido” inusual, indicando que su conocimiento de sus contenidos sólo habían sido deducidos. ¿Cómo puede uno rehusar una oferta de jurisdicción que nunca fue presentada en primer lugar, y que ahora está perdida en un proceso Vaticano de revisión a causa de la intervención del episcopado alemán? Entonces, falla ese argumento. No es el obispo Fellay quien “rehusó aceptar” jurisdicción ordinaria. ¡Son los obispos desleales del mundo quienes han atado las manos al Papa, previniendo que Él lo firme!

En la conferencia de Angelus, el Obispo Fellay, también llamó nuestra atención con relación a una indicación encontrada en la fraseología del decreto del Vaticano que anula el decreto de excomunión de la FSSPX. En el parágrafo de este decreto se lee:

Por las facultades que me han sido concedidas expresamente por el Santo Padre Benedicto XVI, en virtud del presente Decreto, levanto a los obispos Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta la censura de excomunión latae sententiae declarada por esta Congregación el 1 de julio de 1988, y declaro sin efectos jurídicos a partir del día de hoy el Decreto entonces publicado. (Énfasis añadido)

El obispo Fellay señaló lo que debería haber sido obvio para todos nosotros. No obstante el hecho de que la primera oración menciona sólo cuatro de los seis obispos sujetos del anterior decreto, la frase final claramente afirma que el anterior decreto “no tiene efecto jurídico”. Eso quiere decir que el decreto oficial cesa de existir legalmente.

Si el decreto que afirma que el Arzobispo Lefebvre y el Obispo de Castro Mayer estan excomulgados latae sententiae, no tiene efecto jurídico, la declaración con respecto a ellos ha sido eliminada también. Para evitar esta conclusión obvia, el lenguaje necesitaría simplemente decir “con respecto a estos cuatro obispos únicamente”, el decreto anterior no tiene efecto jurídico; o “excepto por lo que concierne al Arzobispo Lefebvre y al Obispo de Castro Mayer” el anterior decreto no tiene efecto jurídico.

Plegaria y parresía sacerdotal de Ezcurra

Como los Tedeum de los episcopios, como los sermones del cardenal, como las nauseabundas lamidas en Luján.

Eran otros tiempos, sí, y otras las fuerzas, los pabilos desparramados que aun humeaban.

Un cachito de esperanza nos quedaba, en una Patria re-floreciente

Ahora ni siquiera los tallos, como para ensayar injertos.

Pero qué quieren. Escuchar la verba sacerdotal de Ezcurra ensaya imposibles repiques, tronadoras clarinadas.

Y un De profundis austero y lloroso.

Para la patria.


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