De autoconvocadas y autoconvencidas

- Es difícil definir qué cosa sea el apostolado laical. Pero convengamos en algo: cada vez que escuchamos la palabra “apostolado” vienen a nuestra mente los inmensos lares de la cantidad, de la simpatía popular y hasta del fanatismo infructuoso.
Personalmente, no creo que exista hoy en día, al menos en la Argentina, un verdadero apostolado católico. Hay, sí, grupos más o menos numerosos de gente de buena voluntad, lo que es decir, hombres y mujeres meramente agrupados, pero casi nunca organizados ni concientes de la trascendencia del misterio que dicen profesar.

- Ariadna: Pero Teseo, ¿cómo podés decir eso? Lo que los fieles piensan sobre su fe te es totalmente desconocido.

- No me meto, querida, con las intenciones recónditas de los creyentes, ni digo que los católicos “prácticos” sean irresponsables con su cristianismo. Yo creo que quieren hacer por su fe, por las tradiciones y usos paternos. Pero creo, con toda convicción, que no están dispuestos a perder. Ellos quieren ganar, siempre. Y vos, amada mía, bien lo sabés: al final de todo está la pérdida y el fracaso.

- Es decir, ¿los cristianos van derecho al muere?

- Sin lugar a dudas. La victoria es del mundo. Es él el que se retuerce por lograr adeptos, por engrosar las filas y llamar de todos los rincones de la mar a los pervertidos hombres de velas negras. Fijate bien Ariadna: la vocación del cristiano es la de los pocos, la de los solitarios que no fuerzan la mano de Zeus.
El año pasado leímos juntos la Apología pro vita sua, de Newman. Sin duda recordarás la terrible amargura del aun anglicano preboste de Saint Mary, indignado por ese afán terrenal del catolicismo de conseguir adeptos para la “causa romana”.

“Por sus frutos los conoceréis… La vemos [Roma] que intenta ganar convertidos entre nosotros por medio de falsas representaciones de sus doctrinas, afirmaciones plausibles, audaces asertos, apelaciones a la debilidad de la naturaleza humana, a nuestras fantasías, a nuestros miedos, a nuestras frivolidades, a nuestras falsas filosofías. Vemos a sus agentes que sonríen, halagan y menean la cabeza para llamar la atención, como hacen los gitanos con chiquillos que hacen novillos, contándoles cuentos de viejas, con bonitas estampas, pan con azúcar envuelto en papel dorado, ocultos en la confitura, y granjeas para los chicos buenos. ¿Quién no sentiría vergüenza al ver así disfrazada la religión de un Jiménez de Cisneros, Borromeo y Pascal? ¿Quién sentirá pena de que sus abnegados y férvidos defensores desconozcan así el genio y capacidad de esa religión? Los ingleses amamos la virilidad, la franqueza, la consistencia y la verdad. Roma no nos conquistará jamás hasta que no aprenda y practique esas virtudes; entonces nos podrá ganar, pero a condición de que deje de ser lo que nosotros entendemos ahora por Roma, cuando tenga derecho, no “a dominar sobre nuestra fe”, sino a ganar y poseer nuestro afecto por los vínculos del Evangelio. Mientras no deje de ser lo que es prácticamente, es imposible la unión entre ella e Inglaterra”.

- El apostolado católico moderno, Ariadna, tiende a dominar, a monopolizar el Espíritu. Pensá por un momento en esa doble manifestación de la perversión religiosa, que doy en llamar naturalismo religioso. Por un lado, los grupillos afines a la idea carismática; por otro, las camarillas de gente “ortodoxa”. Los dos, sin caer en la cuenta, son claros deudores del naturalismo.
Los primeros, mediante técnicas destinadas a exacerbar el homo biologicus, presentan un cristianismo de pastelería y confitura barata. Los segundos, creyendo que la Verdad necesita de nuestra cooperación simpliciter, hacen de la santa doctrina una especie de baluarte, de vexilla pagana. Yo creo que estos últimos son más peligrosos. Se mimetizan tras los bordes de una sotana, de la figura de un líder que no soporta sombras.

- Ejemplos, Teseo, ejemplos dame.

- Te ilustraré acerca de los últimos, que de los primos tienes acabada noticia. Sabes tú la cantidad de veces que nos han invitado a las reuniones pro life. Y sabes tú la cantidad de veces que he echado de mi casa a esos metiches que quieren meterse en nuestra cama. Perdona si soy duro, pero hay que serlo aquí, para que los lectores vean la gravedad del asunto.
Todos sus pensamientos y acciones se dirigen a ganar. No conciben que pueda darse la santa pérdida. Creen que por sus obras, más naturales que elícitas, lograrán parar la avanzada del mal. Aborto, anti-concepción, matrimonio gay, derecho a la adopción de los últimos: no son males meramente humanos. Son efectos de la terrible herida que cada vez va empeorando más, porque la espada más profundamente se va abriendo paso en el cuerpo místico. Ningún esfuerzo humano, recuérdalo para cuando estemos en el centro del huracán, parará la avanzada del mal.
Los pro life, como tantos otros, no comprenden que el mal no es simple carencia. Es más bien posesión, energía y furor. No caemos, querida Ariadna, en el abismo del mal, como llama tan acertadamente don Caturelli, por una mera privación, por una mezcla de lindo y feo. Eso raya más el orientalismo, nada tiene que ver con la teología católica. Caemos por una presencia personal del mal, por una estocada percibida casi sensiblemente. En definitiva, estamos irremisiblemente orientados a la nada.

-¡Me aterras, esposo mío!

- Bien dicho, Ariadna. Es porque comprendes que el Minotauro no es de carne ni sangre: es espíritu. La acechanza sobrenatural del mal encrespa tus nervios, y los míos. Esto es, justamente, lo que el voluntarismo, sea pro life, nacionalista, religiosos kukú no concibe. El Minotauro ha logrado cegarlos. Ciegos querrán pelearlo, y ciegos sucumbirán.

- Entonces estamos perdidos.

- No. El arma es la gracia, el escudo la Sangre, la lanza la plegaria. No, estamos salvados.

- ¿Y cómo salir del error minotáurico, Teseo?

-Ego taceo, Ariadna, ego taceo.

1 comentario:

Wanderer dijo...

De acuerdo totalmente con Ud., Teseo. Muchas he argumentado del mismo modo a amigos activistas y su respuesta es: pero si con eso logramos un aborto menos, se justifica, o si logramos que en los programas de estudios de los colegios se saque tal o cual tema, se justifica...
A veces me gustaría ser hegeliano, y decir: no hagamos absolutamente nada, así el fin llega más rápido y, con él, la superación por la síntesis.