Conversaciones minotáuricas


Hablar del Minotauro en tiempo pasado puede inducirnos a pensar en una realidad ya finiquitada. Para nada. El feroz engendro goza de una salud privilegiada. Han pasado héroes y semidioses, dejando una retahíla de sucesos gloriosos, de eventos infortunados y misiones sin concluir. De todos conservamos recuerdos más o menos claros, según haya sido el fin que el destino dispuso cumplieran. Han pasado, digo, pero el Mino ha quedado, vivito y coleando.

Por otra parte, es verdad que ha sufrido serios contratiempos. Unos de ellos, me coloca a mí como protagonista principal. Pero pensemos por un momento en los pobres infelices que precedieron mi entrada en el terrible laberinto. No todos pudieron escapar, y los que por fortuna atinaron a rajar, sendas cicatrices incurables portan para siempre.

Tengo que confesarte algo: cuando degollé una vez al Minotauro, creí haber terminado el trabajo. ¡Sandio! Salí del laberinto hecho un sapo de inflado, imaginando glorias y lauros. ¡Dos veces sandio! Pensé:
-Ahora que soy un gosso de en serio, Ariadna me va a dar bola.

Esto puede ser desconsolador, pero hay que decirlo: el Minotauro no muere nunca. No mientras nosotros vivamos. ¿Se entiende? No muere, porque Mino no es un coso feo, con cara de vaca y cuerpo de lungo. No es un coso, es más bien una cosa, algo en parte indefinible.

Bien, lo confieso: Mino no muere porque su ser carece de materialidad.

-Pero Teseo, ¡si vos lo pasaste a degüello!

-Esa cosa no tiene cuerpo, pero los toma misteriosamente. Es un “organismo espiritual”, orientado a satisfacer su apetito de carne. Por medio de ella engrosa, se amplía y se hinche. Puede expandirse, Ariadna, intensivamente, claro. En rigor de verdad, y en sujeción a la escuela, deberíamos hablar de una cuasi-materialidad minotáurica. No hallo mejor vocabulario ahora para describirte esta manifestación espiritual.

-¿Y en criollo, amor?

-Olvídate lo de cuasi. Demasiada metafísica para una mujer, aunque sea griega. Además no es un término apodíctico. Si no, decime, ¿qué es algo cuasi material? O es, o no es. A no ser que… la analogía… no, tampoco. No es claro. Prefiero la opinión de Agustín: los espíritus tienen materia. Punto.

-¡Eso era! ¡Un espíritu! Tanta barahúnda para algo tan simple.

-Simple en la noción, maleable a machamartillo. Pero sutil y resbaloso, como una anguila. Vive más que nosotros, intensiva y extensivamente. Su poderío avanza siempre, aunque experimente retrocesos y mengüe su energía en determinadas edades. Conoce las profundidades de todo compuesto, instalando sus tiendas en los límites de lo espiritual, si es que hay un límite entre lo visible y lo no visible. ¿Alguien lo ha visto? ¿Quién lo supone tan cierto como para no sentir los cuchicheos, las amenazas, las admoniciones de todo un magín daimónico? ¡Oh Sortes, tu scis!

Hoy lo tienes hablándote de entrega y sacrificio, de autoinmolación para salvarse; mañana lo ves gritando por las calles que Dios ha muerto, y pasado prometiendo primaveras y renacimientos religiosos. Aparente contradicción, Ariadna, pero excelente táctica. ¡Otra que Nietzsche, Marx et caterva! Mino tiene más en común con tipos como Maquiavello o Richelieu. O al revés: las posesiones remiten al poseedor.

-¿Posesiones?

-¿Y qué crees? Mino se resiste al papel de mero titiritero. No, él quiere hacer, siempre quiere hacer. ¿De donde crees que brota la maldad sobrehumana de ciertos hombres? Y no hablo de los casos más mentados de maldad, de los catastróficos dictadores, de los maniáticos de todos los tiempos. Los hay más cercanos, y del pago encima. Minos es el supremo instigador, el contestatario, el que come de su propia soflama. Nunca reduzcas, oh Ariadna, la maldad a los hombres. Ellos son incapaces de introducir por sí solos el mal en el mundo: es un instigado, conciente y participador voluntario de la primigenia revolución de los espíritus. Toma parte, claro está, del movimiento caótico originado en el empíreo y terminado en el universo. Pero no lo preside, no es capaz. Minos comanda, el hombre secunda, y los dos toman parte.

-Sería bueno interrogar al mismo Minos. Vive todavía en el laberinto. Si querés podemos ir juntos, y después pasamos en limpio la entrevista.

-Una entrevista… no me convence mucho. Hice un voto a los dioses, para nunca más meterme en los aposentos malditos. Andá vos, si querés, y me contás después.




2 comentarios:

el viñatero católico dijo...

¡Vamos Teseo! a meterse al laberinto... ahh recuerde el hilo para salir ja... y no solo cuídese del Mino sino también de las feministas jaja.

Juancho dijo...

Theseus: esto del minotauro está relacionado directamente con el mundo IVE... Am I right?