El Misterio y la salvación


Los que hemos seguido paso a paso las idas y venidas del blog de Wanderer, acerca del problema de la salvación, no hemos podido dejar de apreciar el terrible encono que ciertas almas muestran ante la terrible certeza de saber que estamos salvados. Y no es para menos. Una formación espiritual de larga data, comenzada en el seno de la Iglesia post-Trento, ha sentado las bases de la autoafirmación del espíritu. No es que los esfuerzos de los padres tridentinos por poner un dique, demasiado tardío, por cierto, a la oleada protestante deban caer en un juicio precipitado de inutilidad o ceguera. Por el contrario, los bienes que siguieron a Trento, y la llamada Contrarreforma, contribuyeron sobremanera a la defensa doctrinal del dogma católico, amén del esfuerzo de muchísimos santos por devolver el orden al maremagnum cristiano. Mas, he aquí la cuestión: el orden, propuesto como algo a recuperar, ¿era verdadero orden?

Supongamos que el período anterior a la reforma luterana haya sido algo así como el paraíso terrenal, y la reforma misma, la ruptura original. Yo me pregunto, ¿se habrían coaligado tantos católicos en pos de la nueva herejía; habrían apostatado tantos sacerdotes, religiosas y sacristanes si la fe anterior a Trento perduraba incólume? Un dato: cuando Lutero publica su folleto intitulado Sobre los votos monásticos (1523), catorce conventos agustinos y siete benedictinos (Alemania) se pasaron en bloque a la herejía. Algo andaba mal, muy mal.

Y no hablo de la fe concebida como formulación teológica. Estaba en auge aun la escolástica, y la vida intelectual corría por carriles bastante transitados, aunque inficionada de ideas ockamistas y escotistas. Quiero decir que se pensaba, se ejercitaba la mollera, mal que bien. Pero la fe es algo más que concepto. Newman nos ha legado páginas magníficas acerca de la naturaleza del acto vital por el cual creemos. En su Grammar of assent distingue entre un llamado asentimiento nocional y un asentimiento real. El primero no dice necesariamente fe. Mas bien seguridad conceptual, ideal. El segundo introduce al primero el ámbito de lo sobre-entendible. Nos hallamos, en definitiva, ante el asentimiento real de una Persona. Ambos actos son distintos, y sus relaciones multiformes. Lean ustedes mismos el Grammar, y después me cuentan.

En definitiva: la explosiva reacción de la Iglesia tridentina para tratar de poner en orden la casa, tuvo un resultado colateral, quizás impensado. La urgencia sanitaria que pedía el mundo entero, la purga del Templo de Dios, se transformó en un apriete de clavijas tal que no hubo espacios para otras melodías que no fueran las ya prefijadas. La partitura está hecha señores, y al que no le guste, que se pase a otra orquesta.

De nuevo: Trento fue una gracia de Dios, un respiro tardío. Pero significó la cristalización de la vida de fe de la Iglesia. Las nuevas órdenes, con los jesuitas a la cabeza, poco a poco irían tomando esa forma que dio tanto que hablar a los enemigos de la Iglesia. Sacerdotes militarotes, clero de choque: toda una artillería para dispersar a los enemigos de la fe.

¿Y cómo piensa un militar? Piensa en clave estratégica, buscando medios seguros y conducentes a la victoria. Por eso planea, saca coordenadas de tiro, traza mapas y endereza terrenos. También debe dar orden a la tropa y evitar indisciplinas; por eso le es tan cara la ley marcial…

Entiéndase que estoy hablando en general, y señalando un solo aspecto de la reforma tridentina. Si quieren loas, vayan a los libros de los jesuitas (de verdad).

A nosotros nos ha tocado ver las consecuencias de la contrarreforma. A mi entender, creo que el principal defecto de la formación post-Trento, o mejor, jesuítica post-Trento, es el negarse a concebir la fe como misterio. Por eso les cuesta tanto a Wanderer, a Ludovicus y a uno que otro loco, hacer entender qué cosa quieran decir con estamos salvados. La mayoría de los católicos creen en un catecismo, y con ello creen agotar la terrible largueza de Dios.

- Vamos Teseo, no pensarás que Dios nos dejará sin la posibilidad de meter la cuchara. ¡Tenemos derecho!

Si comprendiesen (-esemos) el horroroso espectáculo de la crucifixión tal como es, misterio total, dejarían de pedir participar. Sólo Él era capaz de morir en cruz. ¿Quién podría reemplazarlo? ¿Quién otro podría salvarnos?

Por eso, Wanderer, no se gaste en explicar tanto. Usted, que contempla, tan sólo muestre, o siga mostrando, tan bien como lo hace. Y usted Ludovicus déjelo a RIP (a propós, ¿qué se hizo ese cristiano?) que siga pensando en tiempo newtoniano. De seguro lo bocharon en metafísica en el seminario.

4 comentarios:

el viñatero católico dijo...

Estimado Teseus... tan edificante como siempre. Tiene vuestra sagaz mirada de la historia de la Iglesia un alto vuelo y no se contenta, como tampoco muchos de nosotros, en dar un visto bueno sin más a todo lo que hizo la Iglesia en su historia.
Esto no quiere decir, ni tampoco Ud. a querido hacerlo, de que la gracia divina no está detrás.
Ud. menciona el misterio... gran palabra, ya sacada hasta de la consagración "mysterium fidei" y colocada post-consagración como solo una aclamación, y hasta es facilmente reemplazable por "este es el 'sacramento' de nuestra fe" como si dijera lo mismo que lo otro. Los católicos, mal llamados tradicionalistas (como si la palabra católico no incluyera esa nota), ¿somos conscientes del misterio al gozar humana y divinamente de lo bello de la misa de rito extraordinario? ¿o caemos en un ritualismo absurdo peor que los progres que si no celebran con una bufanda de estola no suben al escenario?
Gracias por sus entradas... por lo menos nos descargamos un poco.

Coronel Kurtz dijo...

Supongo que la Iglesia postrindentina se apegó a su mandato, "tene quod habes, ut nemo accipiat coronam tuam." El problema es que preparó el camino para la postconciliar, "scio opera tua, quia neque frigidus es neque calidus. Utinam frigidus esses aut calidus!"

"Qui habet aurem, audiat quid Spiritus dicat ecclesiis."

"ECCE STO AD OSTIUM ET PULSO"
Amen. Veni, Domine Iesu!

Teseo dijo...

Estimado Coronel:

si con su comentario quiere decir que Trento trató de mantener algo del viejo orden, concedo, y alabo tal intento (tene quod habes).

La cuestión me parece que es aun más profunda. Creo yo que un concilio per se no arregla nada, si no va acompañado del suppositum que oriente toda la temática.

Por eso, aunque a Benedicto XVI se le ocurriera, tal como se le planteó, llamar a un vaticano III, no lograría borrar las mil macanas que se vinieron después del segundo vaticano.

Newman, en su Calixta, decía con respecto a las generaciones paganas griegas que trataban con excesiva naturalidad los temas amorosos, que una vez perdido el sentido primitivo de lo pudoroso en la juventud, ya no volvía a aparecer en la adultez.

Lo que se perdió a partir del vaticano II, en mi humilde opinión, es ya muy dificil, sino humanamente imposible de recuperar.

Mucha agua ha corrido, y muchas cosas se ha llevado. Y muchas tantas ha traido (vg. suppositum kukú) Vale.

Coronel Kurtz dijo...

Justamente a eso apuntaba. Del Kali Yuga no vamos a salir por nuestras propias fuerzas por muchas fraternidades que hagamos o concilios que celebremos. O nos preparamos para comenzar a construir con una perspectiva de cientos de años, o nos preparamos para el fin. (Que, creo yo, son dos actitudes equivalentes.) Los días terribles que han de venir sólo serán cortados por la llegada de Aquél que nace de lo alto.