El nacionalismo de los Ezcurra.


He tomado de terciosancarlos.blogspot este interesantísimo documento. Éste es el "nacionalismo" de los Ezcurra. Los tipos parece que lo llevaban en la sangre. Por lo demás, ¿qué opinaría Buela de esta "aristocracia" que propugna Ezcurra? No creo que condiga con sus apetencias negreras. Nacionalistas... ¡eran los de antes!


Se cumplen en 2009 cien años del nacimiento de Don Alberto Ezcurra Medrano, uno de los fundadores del nacionalismo católico y del revisionismo histórico efectuado desde una hermenéutica católica y tradicional. Padre de siete hijos, tres de ellos sacerdotes (entre los cuales el siempre recordado Padre Alberto Ezcurra), la mayor parte de su obra histórica – inventariada y dada a conocer gracias a varias notas de Ignacio Martín Clopett – permanece aún inédita. Entre otros escritos sin publicar se encuentran sus “Memorias”, de la cual ofrecemos al lector unos fragmentos valiosísimos que permiten advertir la ortodoxia fundacional del nacionalismo católico representado por Ezcurra Medrano, libre de influencias liberales, marxistas y populistas. Las palabras y frases subrayadas pertenecen al autor.

Fragmentos de sus “Memorias” inéditas

“1928 fue un año de cambios fundamentales en mi vida (…) La reacción antiliberal y antidemocrática que por ese tiempo comenzó a perfilarse en el mundo debió estar en el ambiente, pues sin vinculaciones políticas, sin contactos con otros grupos, la sentimos tres muchachos porteños y la concentramos en una minúscula agrupación que se llamó “Comité Monárquico Argentino”. Nació a fines de 1927 y adquirió forma orgánica el 14 de febrero de 1928 en unos estatutos que llevan la firma de sus tres fundadores y únicos miembros: Francisco Bellouard Ezcurra (+), Eugenio Frías Bunge y Alberto Ezcurra Medrano (…).


Fue una tarde de mediados de abril (…) cuando encontré a Pompón en la vereda. Daba señales de gran excitación y agitaba un papel en la mano. Había descubierto “La Nueva República”, periódico nacionalista y antidemócrata nacido a fines del año anterior (…) De hecho el Comité Monárquico quedó disuelto y sus tres miembros, en unión de Roberto Parker, nos incorporamos al grupo de “La Nueva República” (…). Yo me encargué de redactar la sección “Universitarias” en el periódico y el 15 de diciembre publiqué un editorial que se titulaba: “La reacción y sus dificultades” (…).


“La Nueva República” dejó de aparecer, por entonces, el 29 de diciembre de 1928. Su obra fue grande. En su viejo local de la calle Alsina 884 germinaron el Nacionalismo y la Revolución de 1930 (…). Los que en ella hicimos nuestras primeras armas, jamás la olvidaremos, porque allí aprendimos a interesarnos por los problemas nacionales, y a amar eficazmente a la patria (…).


Una mañana de abril de 1929 me habló por teléfono Juan Carlos Villagra. “La Nueva República” no había efectuado su anunciada reaparición y él, con su hermano Guillermo, Mario Amadeo y otros amigos, habían concebido el proyecto de iniciar un movimiento que continuara la campaña antidemocrática de “La Nueva República”. Con este objeto nos reunimos una tarde en la Academia Literaria del Plata, del Colegio del Salvador, y resolvimos fundar una agrupación católica, dentro de la cual difundiríamos nuestras ideas contrarias a la democracia liberal – condenada por León XIII en la encíclica “Inmortale Dei” – mediante una serie de conferencias que se darían tomando como programa el “Syllabus” de Pío IX. Teníamos también el proyecto de fundar un periódico y de intensificar la propaganda en la Universidad.
Esta agrupación se denominó “Liga Universitaria de Afirmación Católica” (…).


Por ese tiempo nació mi vocación por la Historia. Siempre me había gustado, pero el descubrimiento, en un arca vieja que había sido de mi abuelo materno, de una cantidad de papeles de familia pertenecientes a la época rosista, me hizo interesar especialmente en ese período tan discutido de nuestra historia (…) Por tradición de familia siempre había tenido cierta inclinación sentimental hacia Juan Manuel, pero un mejor conocimiento de su época y la comprobación de la tremenda injusticia histórica que con él se había cometido, me hicieron furibundamente rosista.


Entre tanto, nuestra “Liga” no marchaba. La concurrencia a sus conferencias era escasa, y su carácter de agrupación “católica” no nos permitía difundir abiertamente nuestras ideas políticas antidemocráticas. Todo esto indujo a Juan Carlos Villagra a dejarla morir y a fundar una nueva agrupación de carácter esencialmente político y social, francamente antidemócrata, cuyo fin principal sería la publicación del periódico que tanto anhelábamos (…) Resolvimos publicar el periódico y lo denominamos “El Baluarte”, nombre que adoptamos también para nuestra agrupación (…)


“El Baluarte” apareció en julio de 1929 (…). Su local fue mi casa, Junín 1024. Su Consejo de Redacción lo formamos los dos Villagra, Mario Amadeo y yo (…)


El programa de “El Baluarte” fue (…) esencialmente político y social, inspirado en la doctrina católica. Oponíamos al liberalismo “el predominio de los sagrados derechos de la Iglesia Católica”; a la democracia, “la República tradicionalista, mixta, corporativa y descentralizada”; contra los que negaban la existencia del problema social, nosotros proclamábamos su existencia y añadíamos que en esas cuestiones “poco nos separa de las normas dadas por León XIII el 15 de mayo de 1891”. Propiciábamos también el predominio de la cultura clásica sobre la “romántica y modernista” y nos proponíamos estudiar de nuevo la historia “a la luz de una crítica ajustada al juicio católico y conservador.


“El Baluarte” apareció de Julio a Diciembre, en que se despidió hasta abril con un número extraordinario, en el que colaboraron nuestros amigos de “La Nueva República”. Durante el curso del año publiqué en el seis artículos: “El mal de nuestra época”, “La verdadera definición de la democracia”, “”El pueblo aún no esta preparado”, “Nuestra independencia y el liberalismo”, “Nuestra independencia y el clero” y “La época de Rosas”. Estos tres últimos fueron particularmente interesantes, porque significaron la iniciación en nuestro país de un revisionismo histórico efectuado a la luz de un criterio antiliberal”


El triunfo revolucionario provocó honda conmoción en “El Baluarte”. Yo creí llegado el momento de unificar el Nacionalismo, dividido, ¡ya!, en dos grupos: “El Baluarte” y “La Nueva República”. La idea tenía enemigos decididos y hubo entre los “baluartistas” una sesión borrascosa, durante la cual asumí la defensa de la unión y logré imponerla. Desapareció “El Baluarte” y sus miembros, aumentados por nuevos compañeros, pasamos a integrar la “Comisión Universitaria de La Nueva República”. Esa iniciativa me fue criticada muchas veces. Yo nunca me arrepentí de ella. Es cierto que entre “El Baluarte” y “La Nueva República” había algunas diferencias. El primero acentuaba lo católico y lo tradicionalista. “La Nueva República” se inclinaba más a la acción política y quizás no estaba exenta de influencias maurrasianas. Pero, precisamente, se trataba de infundir en ella nuestro espíritu. Además, hay que confesar que los del “El Baluarte” vivíamos un poco en la teoría política, en el aire, algo desconectados de la realidad argentina (…) La experiencia neo- republicana nos fue útil a todos, nos hizo tomar contacto más íntimo con la realidad política argentina y nos infundió un mayor espíritu de lucha (…) Otros hechos posteriores nos demostraban también que nuestra unión con “La Nueva República” completó, pero no disminuyó, nuestra formación “baluartista” (…).

En 1937 (…) surgió “Restauración”.


“Restauración” fue, sin duda, la expresión más pura y más auténtica del nacionalismo argentino. Surgió a la luz de las llamas del incendio español, que iluminó a muchos de los fundamentos de nuestra nacionalidad. Algo contribuyó a su nacimiento mi “Catolicismo y Nacionalismo”, que entusiasmó a sus fundadores (…) “Restauración”, abandonando el nacionalismo empírico o con ribetes “Maurrasianos” o “nazis”, fue profundamente católica, hispánica y rosista. Fue, inconfundiblemente, nuestro nacionalismo, o sea la doctrina que quiso que nuestra política fuese expresión de nuestro ser nacional y tradicional, y no de doctrinas artificiales o exóticas”
“Hoy que miro “El Baluarte” con una perspectiva de más de 30 años, me doy cuenta hasta qué punto sigo siendo en 1960 el mismo “baluartista” de 1929.


Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el desprecio por la patria de los liberales. Siempre fui patriota, como lo fue mi padre. No creo que el patriotismo sea un sentimiento que me sobre. Lo creo una virtud positiva. Me acompaña en esta opinión Santo Tomás de Aquino (…) Nunca pude ser conservador, como parecería destinado por mi nacimiento, porque el conservadorismo, en nuestro país, se proclama liberal y el liberalismo es una herejía, y en nuestro país, con frecuencia, una traición. No es de la esencia del conservadorismo ser liberal, ni del liberalismo ser traidor, pero, en nuestro país, se han dado esas coincidencias, que soy el primero en lamentar (…)


Tampoco pude ser conservador porque he visto siempre en el conservadorismo, y sobre todo en los conservadores, demasiado espíritu de clase, demasiada defensa de intereses, los he visto demasiado conserva duros, como les decían en España. Y yo, aunque personal y familiarmente aristócrata, como ciudadano argentino antepuse siempre los intereses del país a los míos propios. ¿Quijotismo político? No. Verdadera aristocracia, que es la que tiene el sentido de servir al bien común. La que mira primero por sí misma se transforma automáticamente en oligarquía.


Pero si pude ser nacionalista y no conservador, ello no significa que esté de acuerdo con ciertas corrientes nacionalistas donde se da a la nación o al estado un valor demasiado absoluto; donde con criterio materialista se acentúa demasiado la importancia de lo económico; donde se acepta la Revolución como hecho ineludible, al cual hay que plegarse. Para mí la Revolución es el Anticristo en marcha y galoparle al lado es engrosar su cortejo.


Mi nacionalismo es un nacionalismo “sui géneris”, de muy difícil encuadre fuera de “El Baluarte” y “Restauración”. Soy, más que nada, un “carlista” (Memorias, 1956 y Apéndice al Capítulo III, 1960)


Gentileza del Dr. Fernando Romero Moreno. Fragmentos de este texto aparecieron en la revista Cabildo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El nacionalismo de Ezcurra se pareció al actual de Calderón Bouchet.
Don Rubén ha escrito teniéndose por nacionalista y otras por carlista.
Si se tiene que definir, dice ser carlista (a mí me lo ha dicho y así fue distinguido más de una vez). A esto se suma que tiene un gran saber filosófico-tomista que le impide alajarse de la concepción objetiva del derecho (político, en este caso) y no acepta la de cuño kelseniano (del constitucionalismo decimonónico del nacionalismo de don Carlos Ibarguren, por ejemplo), luego, habiendo nacido en estas tierras y siendo católico no puede más que ser carlista.

El cura Ezcurra fue nacionalista. Otros de la misma familia hoy integran las filas carlistas.

Personalmente, creo que con este asunto pasan 2 cosas:
1.- que parece, en ambos casos y dada la situación actual de la Patria, que se habla del sexo de los ángeles. Esto es falso pues la buena doctrina nunca sobra.
2.- que este no es un tema que se pueda terminar de entender salvo que se medite ontológicamente en qué es la Patria y su relación con el Libro V de la Etica a Nicómaco y de la Justicia en Santo Tomás (Tomás habla de "derecho" como "objeto", o sea, "cosa"; y lo hace al hablar de la justicia, no de la "ley").
Cuando falta este plano se ve con agrado un "orden normativo" que crea "realidades" (Kelsen), como es el caso de la "nación", cuando, en realidad, las normas no son más que "instrumentos" que se utilizan para que el "derecho" o "cosa justa" sea dada.
Luego, la norma no crea la realidad, sino que meramente ayuda a que realidad debida sea dada. Para ver este tema no hay como el ius filósofo Michel Villey.

Quizás haya que sumarle a esto el problema de la interpretación histórica que se hace de la cautividad del rey por Napoleón, pasando por Mayo y llegando al proceso independentista con su matriz ideológica y la rosca internacional, fundamentalmente inglesa. Entre otras cosas se ha ideologizado Mayo, que fue legitimista-fernandista, pero sería eterno entrar en esto ...

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Sigo:

El otro punto menos técnico y que de hecho fue el seguido por la gente simple de la capiña española, por ejemplo, es la visceral y de la que no escapa Ezcurra, por bien nacido, seguramente:

Es el conceptó "dinámico", diría Vazquez de Mella, de Tradición. Es la no aceptación de la impía novedad revolucionaria, como tampoco del conservadurismo.

Sencillamente, se trata de recibir lo heredado, para mantenerlo, mejorarlo y "transmitirlo" a sus herederos. Eso es ser tradicionalista. Y los tiempos que corren, importan un comino ...

Saludos,

El Carlista.

el viñatero católico dijo...

Bien Teseo... por fin el verdadero nacionalismo, patriotismo o como se le llame... gracias por esto del Padre Escurra... es un placer poder leer algo así, lejos de vagos nacionalismo absurdos que le hacen decir a la historia lo que no es verdad, recubierta de empalagozo revisionismo racionalista, que hace retorcer a nuestros verdaderos próceres en la tumba.
¡Viva la Patria chica y nuestra Madre Patria, la España Católica!

Coronel Kurtz dijo...

Don Alberto Ezcurra Medrano no es "el Padre Ezcurra", sino el padre del Padre Alberto Ezcurra Uriburu, un "prócer" del nacionalismo argentino y uno de los primeros revisionistas, claro que entendidos ambos conceptos (nacionalismo y revisionismo) a la manera de un Castellani.

No estoy tan seguro que el Cura Ezcurra hubiese suscripto lo que aquí dice su viejo. Quizá el descubridor de estos textos y futuro biógrafo del cura, nos lo pueda aclarar.

Anónimo dijo...

El Padre Ezcurra pensaba parcialmente distinto que su padre, sobre todo en la juventud (los tiempos de "Tacuara"). Pero en eso y en lo que vino después (en cómo purificó su pensamiento)hay algo parecido a lo que sucede con los borrachos: que ven más y ven menos. Al cura Ezcurra le gustaba el vino pero no era boracho (en el sentido literal de la palabra). Ahora... la borrachera que se dio de buena doctrina, sentido común, buen humor y lectura "inteligente" de ciertos herejes (por caso, Guenón), me parece que lo ayudó a ver con mayor profundidad que Don Alberto. Pero para eso, claro, tuvo que tener un padre como el que tuvo y una familia como la que tuvo. A mí me asombra comprobar la fidelidad casi ininterrumpida de esa línea genealógica de los Ezcurra - la que parte de José María de Ezcurra y llega hasta el cura -, a los valores fundamentales de la Tradición. Con las excepciones que siempre hay, claro está...Pero me llama la atención, sobre todo en una nación como la nuestra, de tantos renegados y felones, por empezar en el patriciado que devino oligarquía...Tal vez diga algo en la biografía, si Dios quiere y permita que la escriba...

Xavier de Bouillon

Martín Eduardo de Ezcurra dijo...

Esta semana cumplió diez meses de edad mi nieto Agustín de Ezcurra y Rubio Jolly. De esta manera se presenta la novena generación de nuestra Familia en el Plata... Juan Ignacio vino desde la Merindad de Pamplona a mediados del siglo XVII. Es la línea de su hijo José María de la O de Ezcurra y Fuentes de Arguibel, hermano de Encarnación Y Josefa, muy conocidas en nuestra historia argentina... La línea de José María sigue con su hijo Lorenzo Dámaso, Lorenzo de Ezcurra Jolly, Ricardo de Ezcurra Eastman, Ricardo de Ezcurra Miranda Náon (mi padre), yo mismo Martín de Ezcurra Ricaldoni, mi hijo Martín S. de Ezcurra Scotto y su Hijo Agustín de Ezcurra y Rubio Jolly. Ha sigo un placer leer estas líneas que hablan de lo que yo escuche desde niño de mis mayores. Emocionado leo de Pompón Bellouard Ezcurra, a quien conocí personalmente en los '50.