El nuevo misal



20 Los altos funcionarios dejaron el rollo en la cámara de Elisamá, el cronista, y fueron al palacio a informar de todo esto al rey. 21 El rey mandó a Jehudí traer el rollo de la cámara de Elisamá, el cronista, y cuando Jehudí lo trajo, lo leyó delante del rey y de todos los altos funcionarios que le rodeaban. 22 Como era el mes noveno, el rey se encontraba en su cámara de invierno, ante un brasero encendido. 23 En cuanto Jehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey las cortaba con un cuchillo y las echaba al fuego del brasero. Así lo hizo hasta quemar todo el rollo.n 24 Ni el rey ni los altos funcionarios que oyeron toda la lectura sintieron miedo ni dieron señales de dolor. 25 Elnatán, Delaías y Guemarías rogaron al rey que no quemara el rollo, pero él no les hizo caso, 26 sino que ordenó a Jerahmeel, príncipe de sangre real, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran al profeta Jeremías y a su secretario Baruc. Pero el Señor los ocultó. 27 Después que el rey quemó el rollo con las palabras que Jeremías había dictado a Baruc, el Señor se dirigió a Jeremías y le dijo: 28 “Toma otro rollo y vuelve a escribir en él todo lo que estaba escrito en el primero, el que quemó Joaquim, rey de Judá. 29 Y dile lo siguiente: ‘Así dice el Señor: Tú quemaste el rollo, y reprendiste a Jeremías por haber escrito que el rey de Babilonia va a venir, sin falta, a destruir el país y a dejarlo sin hombres ni animales. 30 Pues bien, yo, el Señor, te digo a ti, Joaquim, rey de Judá, que no tendrás descendiente en el trono de David.o Tu cadáver quedará expuesto al calor del día y a las heladas de la noche, 31 y a ti y a tus descendientes, lo mismo que a tus funcionarios, os castigaré por vuestros pecados. Haré que caigan sobre vosotros y sobre los habitantes de Jerusalén y de Judá todas las calamidades que os anuncié, y a las que no hicisteis caso.’ ” (Jr. 36)


Hoy tomé conciencia de la lamentable pérdida que hemos sufrido los pobres pelagatos. Hoy se interpuso entre mí y el altar, al impartirse la solemne bendición, la terrible deuda que estamos contrayendo, todos nosotros, cristianos mitrados, ungidos o bautizados, de la terrible deuda, digo, con el Logos liturgós.

Desde el penosísimo Vaticano II, los fieles han padecido el rodar ineluctable de los manoseos curiales, profanaciones canallescas y burlas insoportables. Los mismos ministros del altar, cebados con la gloria, con el Kabot terrible de Yahvé, irrumpieron en el terrible Sancta Sanctorum, destrozando todo a su paso. Ni el respeto por la fe de los fieles, por los miles de cristianos que acuden semanal o diariamente a saciar su sed de Dios en los infinitos manantiales del ara sacrificador, ha podido parar el aluvión de los hideputos, que al grito del non serviam se ufanan de pastoralistas y ecuménicos.

Hoy he tomado conciencia del terrible menoscabo, de la violación inmunda que los obispos argentinos han perpetuado contra la doncella sagrada. Han penetrado hasta el confín de la fealdad, re-redactando el libro más sagrado, después de las Escrituras, que el cristiano posee.
Las plegarias sagradas, los textos inmáculos de los Padres, los mil veces benditos pasajes de la vida del Cristo, en manos de los hijos de la impunidad, se han visto a sabiendas distorsionados.
Hoy he tomado conciencia del odio de los pastores a las letras. Hoy, he visto poner sus plumas sobre el altar, y arrojar sus tinteros por el atrio, a los recios númenes de la lengua castellana. Oído han, quizás, el horrible chirrido del ustedes, irrumpiendo como un frenético poseído en los labios de los lobos.
Hoy he tomado conciencia, de la mayor de las maldiciones: el odio en el corazón del sacerdote. Odio a lo sagrado, a lo puro y casto. Odio a la doctrina, a la disciplina y la oración. Odio a la contemplación y al arrojo de la prédica.
Hoy, he visto a un sacerdote que se ha dolido ante el altar, que ha protestado de la impureza y la chabacanería.
Hoy, he visto a Jeremías llorar, de pié ante las ruinas de Jerusalén. Y no he podido dejar de recordar el sacrilegio del rey, el desden por el rollo y por El que lo dictó.
Hoy he rezado, en mis aposentos oscuros, una vez más. He rogado por la consumación final, por la venida del que ha de venir.
Hoy he pedido ser contado entre los acólitos celestes, entre los 144000, entre los manchados por la sangre del martirio, entre los monjes y los reyes, los esclavos y los libres, los pastores y las ovejas.
Hoy, he pedido por los pobrecillos que no conocerán jamás el culto espiritual, que no podrán gozarse de la columna de incienso, trepando desde el altar hasta las manos de alados querubines menesterosos.
Hoy, he pedido el desenlace final.



5 comentarios:

Juancho dijo...

Hola Theseus:

¿Le parece tan grave esto de la última traducción del Misal? Evidente que sí, por sus palabras.

Sin ser un experto, no me parece que tenga tantos cambios con la versión anterior.

Lo más notable son el "ustedes" y el "pro multis". Una de cal y otra de arena.

Comparto sin dudas la crítica al manoseo de la Sagrada Liturgia.

Juancho.

Odysseus dijo...

Agrego, se le ha limpiado la cara a las plegarias V, en todas sus variantes, aparentemente para mejor.
Además parece que han desaparecido las plegarias para niños.
Conjeturas que hago por leído en la web (sitios de Arg y de Chile)

Estimo que muchos curas seguirán usando el vosotros, salvo en la consagración, o quizá también en ella.
Tanto como otros se animarán al "Vos Padre" en la plegaria...


Cordialmente.
Odysseus.

el viñatero católico dijo...

Estimado Teseo... ahora sé y siento, mínimamente, lo que experimentaron nuestros padres cuando escucharon "el Señor esté con vosotros", en lugar de "Dominus vobiscum". La cosa no mejora y no mejorará... se sigue entronizando a la diosa razón en Notre Dame, pero ahora no son los malditos burqueses que quisieron ser dioses-hombres, ahora son nuestros pastores los que conscienten la voz de la serpiente que les dice "sereis como dioses". El Misterio es menos misterio que nunca y mientras tanto el imbécil laicado(según ellos)debe comerse lo que venga...
¡Dios nos preserve la fe!

Anónimo dijo...

Entonces, no queda otra que pedir a algún obispillo la celebración de la misa de San Pío V, para sentir remanso en el alma con Dios.
O dirigirse a algún centro de misa de la FSPX, sin que eso quiera decir que somos feligreses lefebre.
Yo ya di el paso y estoy feliz.

Ludovico ben Cidehamete dijo...

¡Excelente, verdadero, así es, caro amigo desconocido!
La única solución, además de esperar rezando el fin final, es que los sacerdotes de buena fe recen la Santa Misa tradicional, o la nueva si no pueden lo anterior, pero en latín, c. 928 CIC.
Hace un par de años, un obispo bastante buenazo me confesó que la traducción con el "ustedes" ponía en crisis la mismísima Consagración.
Y yo no creo que exagerase, sino que se quedó corto.
Un cordial abrazo electrónico
En Xto. N. S. Crucificado y María Ssma.
Ludovico ben Cidehamete