Ellos, los que no entienden de amores.

Fue una vez abba Moisés tentado por la fornicación, y no pudiendo permanecer en la celda, fue y se lo dijo a abba Isidoro. El anciano lo exhortó a que regresara a su celda, mas él no quiso diciendo: “Abba, no puedo”. Tomándolo entonces consigo, lo llevó a la azotea y le dijo: “Mira hacia el poniente”. Miró y vio una innumerable cantidad de demonios, que excitados, hacían gran tumulto antes del combate. Le dijo también abba Isidoro: “Mira también hacia el oriente”. Miró y vio una cantidad innumerable de santos ángeles gloriosos. Le dijo abba Isidoro: “Estos son enviados por el Señor para que protejan a sus santos. Los que estaban hacia occidente son los que atacan. Pero son más los que están de nuestra parte”. Y abba Moisés dio gracias a Dios, tomó confianza y regresó a su celda. (Ap. 495)


Uno de los mayores logros de la cerrazón voluntarista ha sido la degeneración de lo que por naturaleza le corresponde al hombre gozar, y lo que por gracia divinizar. El amor a la propia seguridad espiritual, el miedo a los sobresaltos y oscuridades de la libertad regenerada y la comodidad de regirse por una conciencia universal, han transformado las mágicas extensiones del alma cristiana en materia de especulación jansenista. Para ilustrar un poco las mentes de los desprevenidos, recurriremos al cofre pirata de la hermandad kukusiana, proveedora sublime de verdaderas joyas de vieja literatura ortodoxa.

Hace poco me topé con la página del IVE. ¡Qué dolor de alma! Derechito me fui a los sermones del Minotauro, previo paseo por el Directorio para las Vocaciones, made in Fuentes, y por el foro de consultas al teólogo de marras. ¿Qué pasa si un seminarista se enamora de una buena joven? ¿Debe romper de una vez?, preguntaba alguna avivada. Introduciré algunas consideraciones a esto último, esperando lo más enjundioso en los comentarios de los benévolos lectores.

El P. Fuentes toma para el lado de los tomates. La pregunta versa acerca del enamoramiento, que por lo que sabe la experiencia humana al respecto, y la filosofía con ella, no es sinónimo de sensualidad ni concupiscencia. Fuentes contesta algo que no se le pregunta, a no ser que la pregunta la haya formulado él mismo (soliloquio) u algún servidor adlátere (viveza). ¿Puede enamorarse un aprendiz de cura?
“…si un seminarista no es capaz de dominar sus afectos reservándolos exclusivamente para Dios, es señal que no tiene idoneidad para la vida clerical. Por eso el Papa Pío XI indicaba como falta de idoneidad moral ('no han sido hechos para el sacerdocio')'quien especialmente está inclinado a la sensualidad, y a través de una larga experiencia no ha demostrado saberla vencer´. (Ad Catholici Sacerdotii, 61)”.

Seamos sinceros: la estampa de muchachón superado, de asceta del yermo, no le cuadra a nadie en estos tiempos. ¿No sería más realista decir: “mirá viejo, las minas las vas a tener siempre a mano, y el corazón se te va a volver insoportable algunas veces. Cuando tengas delante un buen bife argentino tipo, Pampita, o un churrasco pasado también, te las vas a ver de figuritas. Vos confiate y hacé menos, que el taita Dios te va a socorrer”?

No soy tan estúpido de pensar que los afectos humanos, dejados al sólo amplexo de la natura indomable, no deban ser “trabajados” ni sublimados (prefiero la terminología del psicanálisis a la de la escuela espiritualista moderna). Pero de allí a sostener que el pobre seminarista debe controlar sus pasiones a la manera del autómata, hay un paso enorme.
Concedemos a Fuentes el cuidado que han de tener los superiores al elegir el candidato a las órdenes. En el IVE, por ejemplo, los menos dotados son transformados en sendos hermanos legos, casi todos norteños o medio lelos (de allí la famosa expresión jocosa de algunos burlones “hermanos lelos”). De manera que la cuestión vocacional, ad intra, se zanja por descarte. Vos sos morochito: leg(l)o. Sos de familia “bien”, tenés ocho hermanos (familia ideal): seminarista. ¿Se acuerdan, los más memoriosos, de aquel hermano lego que deambulaba por las calles de San Rafael, medio no tan santo y con virtudes catadoras bastante desarrolladas? ¿Cómo se llamaba?

El cuerpo de las virtudes morales, traducido en su madurez paulatina por un equilibrio que va de lo superior a lo inferior, de lo espiritual a lo sensible, es un “trabajo” de nunca acabar. Sabidas son las dificultades y tentaciones que muchísimos santos soportaron en el transcurso de toda su vida. San Juan Bosco, por ejemplo, decía que jamás había logrado sacar de su memoria los malos pensamientos de su niñez. San Jerónimo se llevó las jugosas romanas hasta su cueva en Belén y, más reciente, los estertores de san Gabriel de la Dolorosa en el lecho de muerte ante las representaciones diabólicas de doncellas busconas. ¿Y Fuentes le pide madurez a una raza que ni por pienso puede compararse con la del dálmata? Por favor.
La pedagogía kukú es de un cuño negativo que raya lo bárbaro. La ascética, considerada como esfuerzo por, no tiene nada que ver con la idea de los primeros anacoretas solitarios, que postularon la necesidad de tratar al cuerpo como un asno rebelde, pero sin olvidar que la gracia no viene por la cantidad de haceres, sino por la transformación paulatina del espíritu por obra del Altísimo. Al contrario, un sacrificio ejercido por una voluntad autojustificadora introduce la soberbia de creerse salvo por la obra pelada. Y que te salve Mongo después.

Por otro lado, el craso peligro que surge al desestimar la acción contemplativa del sacerdote, suplantándola por una pedagogía de cuño negativo, lleva derechamente al desasosiego e ineptitud de dar a luz hijos por la gracia. La razón de ser del celibato, como bien explica Santo Tomás, es la contemplación de la Palabra viva, el estudio de Dios. Pero si desde el inicio pensamos que el cura debe gastarse y desgastarse, como un ladrillero boliviano, señores: no te salva (no la salva) ni un cinturón de castidad.

El celibato sacerdotal no puede definirse por un no-mujer, sino más bien por un sí-mujer. De hecho, el orden sagrado supone la eficaz capacidad natural del candidato a ser padre biológico. Si no es capaz de amar a una mujer, de engendrar hijos, no puede aspirar a ser fecundo en su ministerio. Estamos llenos de curas impotentes, eunucos, que no célibes; solterones y reprimidos, que no castos. ¿Cómo quieren que el pobre curita, recién salido del seminario, aguante la marejada de sirenas, si cree que la mujer es una especie de vampiro negro, enemiga, que no madre?

Y no se crean que ande con eso de que “los curas deban casarse”. Pero sí crean esto: prefiero buenos casados, que malos castrados.

¿Hasta cuando tendremos que soportar a los kukús? ¿Cuántos más tendrán que caer redondos en el abismo para venir a cuentas de su falsa religión? A veces pienso, ¡perdóname Dios!, que a muchos de esos monjecitos de pacotilla les haría falta probar un poquito de lomo de primera, de esos que veo desfilar todos los días por las calles de este valle de lágrimas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Teseus mucho ha edificádome vuestro comentario... ahora si no tienes cerca al mismo Mino dígote... entre nos... hay mucha moralina en la santa Iglesia y no estoy hablando de ser laxos, ni siquiera estos son escrupulosos... no sé qué son. Puedo arriesgarme a decir: inhumanos o antihumanos... en definitiva antinatura y por ende anti creatio Dei. O es que sólo llega al santo sacerdocio aquel que "virtuosamente ipsum per se" domina, no sólo las pasiones, sino los sentimientos y hasta la razón desde la ciega voluntad... ¿no será al revés el camino? Acaso los que GOZAN (tiembla el Mino por esa palabra)de un sano noviazgo y del matrimonio ¿no deben ser virtuosos también? ¿Y la gracia de Dios dónde quedó? Estos creen ser tradicionalistas y no son más que un puñado de racionalistas beatones que no escapan de una falsa espiritualidad moderna.
Dejen kukús de dominar libertades y conciencias, entérense que ya existe una naturaleza humana, brújula de nuestra libertad, y la voz de Dios que habla en nuestra conciencia.

El viñatero católico

Anónimo dijo...

El asunto me recuerdo lo que cuenta Randle en su ladrillo verde. Que Basilio Serrano le reprochó a Castellani una vez por mostrarse en público con una alumna que tenía. El cura le espetó: "Vea mi hijo, la Iglesia nos prohíbe a los curas casarnos. Pero no nos prohíbe ponernos de novios!"

Telón.

Chief Inspector Morse

Anónimo dijo...

Aplausos para Castellani.
Que maestro que era este hombre.

La verdad que la afectividad es un tema muy jodido.

Es muy difícil no entrar en la vía racionalista y pensar que la única solución es la de Fuentes.

Además, pongamos que el seminarista del caso sale del seminario y se casa con un lomo de primera... que va a hacer si casado se le presenta otro?

No es tan facil como salir del seminario y listo, la "tentación" va a estar siempre en el camino.

Ya lo decía el Kempis: podés ir de un lugar a otro, pero vos vas a ser siempre el mismo. Suena medio pesimista, no hay que olvidarse de las legiones de ángeles de Abba Isidoro.

Juancho.

Wanderer dijo...

Tanta razón tiene Teseus en su comentario que por los frutos estamos conociendo al árbol kukú. Alguien debería publicar la cantidad de curas y monjas que cuelgan, que desaparecen, que intentan suicidarse, que caen en depresiones profundísimas, que quedan lelos para toda la vida, etc.
Pero, finalmente, Karloncho consiguió su pequeño feudo.