Reflexiones en torno a la contemplación, el retiro y la amistad


Hace tiempo discutía con un amigo acerca del silencio. Él, hombre inteligente si los hay, sostenía que el silencio es totalmente in-enseñable, que los métodos para enseñarlo bien podían pasar por ser inútiles, y hasta anti-producentes. Yo sostenía exactamente lo contrario: que el hombre puede aprender a hacer silencio, que con una adecuada enseñanza podría lograrse una disciplina que amara el recogimiento y la soledad. Hoy debo sostener, mutatis mutandi, la opinión de mi amigo, matizándola con un poco de la mía.

Personalmente, creo que el tumulto palaciego de este siglo exige el retiro permanente del cristiano. Retiro por lo demás necesario, y la más de las veces doloroso. Porque el alma, hecha para con-vivir, siempre tira al grupo, a la pringue rebañega que desconoce los atributos divinos de la individualidad. Pero no solo tiende a descarriarse, a fundirse en la hipóstasis mundial. También experimenta la cercanía de los amigos, de los cuales no puede, o le cuesta, muchas veces, alejarse. Y creo yo que el alma que logra ser conciente de la independencia santa de la conversación con Dios, incluso sus amistades deberá ceñir, delimitar.

Claro, todo a costa de sufrir, como dije. Porque, por más que los amigos sean del palo, la opción loca y rara de retirarse, de volverse un enemigo de la socialidad, de impetrar las luces divinas que sólo relumbran en el recinto solitario del desierto, no es bien vista ni comprendida. Y algo de razón tienen.

La cuestión es discernir hasta donde la amistad conspira al fin de la contemplación. Sabemos, de hecho, que la contemplación es enemiga del batifondo, y hasta de las palabras mismas, si quieren. Pero también sabemos que en estos tiempos de refriega y caos, la amistad verdadera se hace ineludible.

Creo yo que ambas cosas, la amistad y el retiro, son compatibles, en la medida que el fin de todo hablar, de todo intercambio amical, sea la contemplación.

Más aun, re-creo que el retiro del mundo debe contener un poquitín de anti-socialidad. No una mera matización, un contemplar trabajando, sino un efectivo aborrecimiento del entorno que conspira en contra del alma. Y es más, de las mismas cosas buenas y lícitas que nos hacen olvidar del fin. No hay que olvidar que las cosas están animadas, que no hay nada totalmente inerte. Las fuerzas monstruosas del tío Pateta, como llama Newman al Innombrable, movilizan el cosmos contra nosotros. Hay magia detrás de todo.

-Pero Teseo, un hombre sin amigos es un asno salvaje, que no conoce la solidaridad ni la camaradería. Un típico individualista.

-Ariadna, ¿puedes fácilmente confundir al monje con el misántropo, al asno con el águila, al hombre más sociable de todos con el egocéntrico? Es posible que los confundas, porque el monje raya la hibridez, la anti-naturaleza. Cuando Aristóteles planteó hipotéticamente la posibilidad de un in-sociable total, lo llamó bestia, pero también ángel. Pues bien, yo creo que el monje, al participar más profundamente en la comunidad de los hombres, de los hijos, puede justamente llamarse bestia, y ángel. Su bestialidad lo aleja del silogismo mundial, lo vuelve un verdadero intratable. Y su angelitud lo convierte en el más sutil de los hombres, en el centro de referencia de todas las almas “sociales”. Advierte que en tiempos de papas arder, las miradas se han vuelto a las cuevas, nunca a los palacios.

-Teseo, ¿qué dirán tus amigos cuándo lean esto? Pensarán que los desprecias, que son para ti causa de repulsa.

-Ariadna, mis amigos me entenderán. Los demás me abandonarán.

8 comentarios:

Juancho dijo...

Theseus: Muy interesante el comentario.

Para mi, el obstáculo más grande para el silencio y el recogimiento es la curiositas.

Ese vagar indeciso y superficial por internet o por los libros. Aun cuando se trate de leer sobre catolicismo, tradición, liturgia, etc...

Es tan fácil caer y tan dañino, porque le saca la fijeza y el orden al alma, la distrae de la voluntad de Dios que es lo que la tarea que el momento pide.

Hasta a las cosas buenas y serias las hace banales y distractivas.

Cuanta buen ascética se puede hacer en esto!

Bueno, un desahogo nomás.

Juancho.

el viñatero católico dijo...

Estimado amigo Teseo: es cierto que la contemplación implica "silencio"... pero seguro habéis experimentado vos que cuando estamos con un amigo (digo de esos que Platón en el Banquete ve como la otra parte de mí, o etimológicamente: "mi otro yo") no hacen falta palabras... una mirada o gesto o silencio dicen muchas ¿eso no se aproxima acaso a la contemplación? El mismo Cristo hizo amigos y él es por excelencia el Comtemplador Eterno. Creo que la contemplación impide la banalización, como bien vos afirmáis... pero no la verdadera amistad humana. ¿Acaso tomando un vino con un amigo (y no digo muchos pseudo-amigos)no comtemplamos juntos la verdad? Los griegos tenían bien claro la contemplación... del ser esplendoroso y del cual participamos. Con razón ¿no nos hacemos o somos con mi amigo?
Es un misterio todo esto... no sólo la contemplación sino también la amistad humana.
Un abrazo.

Teseo dijo...

Estimado viñatero: no me malinterprete. Que la amistad es una realidad santa, lo atestigua el Señor al proclamar a los suyos como "amigos".

La cuestión es saber hasta qué punto la amistad puede venir a poner patas para arriba la tendencia del hombre a contemplar.

Muchos hablan de amistad, y muchos más la confunden con un mero compañerismo vano y mostrenco. No digo que ud. piense así, pero conozco muchos "amigables" que es mejor perderlos que encontrarlos.

Con respecto a lo del vino, puede ser ocasión, como tantas cosas, de reunir en torno a sí tanto amigos como camaradas. Y también a Judas. Si no, averigue con Tollers.

Un abrazo.

el viñatero católico dijo...

Gracias por sus aclaraciones... nunca lo malinterpreté... al contrario, estamos tratando de conjugar la contemplación y la amistad. Creo que no son contrapuestas y nunca puede ir la amistad contra la contemplación, yo le diría que la favorece. No hablamos de camaradas ni simples compañeros. Hablo del amigo, verdadero bastón, consejero, escuchador, llorador y reidor conmigo, que a pesar de nuestras idioteces nos "ama" (sin temor a esa palabra vacía en el pensar moderno, pero rica y cargada de espiritualidad y por qué no de sensibilidad en un pensar más profundo y sano). Creo que nunca puede ser un obstáculo. Ya sé que la salvación es personal e individual, pero no egoísta. El bien es difusivo de sí mismo y creo que la mayor manifestación entre los hombres de esta difusión es la amistad y no la simple filantropía.
Espero escribir pronto algo sobre la amistad verdadera... Vos me animáis estimado Teseo.

Anónimo dijo...

No estoy seguro que sean de mucho valor los autores que a ustedes les gustan, muy especialmente Disandro.
De todos modos, en el link que les mando seguidamente encontrarán un artículo sobre algo suyo y el silencio. Tampoco estoy de acuerdo con la necesidad del silencio llevada al punto que allí se lleva por ser imposible en este tiempo.
El artículo es este:

http://www.elbrigante.com/2009/06/silencio.html

P.

jack tollers dijo...

Amigos, está también lo que refiere Evelyn Waugh en su libro sobre el cura Ronnie Knox:

El Padre Bede Jarrett, aquel sabio y santo Maestro de la Orden de Santo Domingo en Inglaterra, supo aconsejar a un monje cuya conciencia se veía perturbada por la incidencia de fuertes afectos humanos, no sea que le oscurecieran la vida espiritual:

"En cuanto al punto que menciona, sólo le diría esto: que me alegro enormemente. Me alegro porque siempre he creído que la tentación de usted ha sido siempre hacia el puritanismo, la estrechez de miras, una cierta falta de humanidad... Usted le tenía miedo a la vida porque quería ser un santo y porque sabía que era un artista...

...Ahora bien, el mal se vence con el bien, con Dios, por el amor a Dios, encontrándolo en todas partes. No debe usted tener miedo de buscarlo en los ojos de un amigo. Él está ahí. De eso, por lo menos, puede usted estar seguro. Amar a los demás no equivale a perderLo, sino, si fuere posible, encontrarlo a Él mismo allí, entre los demás. Está dentro de ellos. Sólo se le pasará la ocasión de verlo si se busca a sí mismo en los demás. Allí está el carácter enceguecedor de la pasión; se trata de un amor de sí enmascarado tras un disfraz de alta nobleza.
...Coincido con usted en que la afirmación de que “el sólo deseo de llevarle Dios a “Y” es justificación suficiente para una amistad”, es disparate y una estafa... Usted quiere a “Y” porque usted lo quiere, porque es querible. No encontrará otra sincera razón por mucho que la busque... Disfrute pues de su amistad, pague el precio de los dolores que suelen seguirse de tales afectos, y recuerde su amistad en su misa y déjelo a Él terciar en el asunto. Cómo comienza “La Amistad Espiritual”: “Aquí estamos, tú y yo-y la esperanza de que entre nosotros esté Cristo, el tercero de la partida”

¡Dios mío! ¡Qué don de Dios! No se le ocurra hablar mal de él.

Vale.

el viñatero católico dijo...

Disculpe Teseo que le haga otro comentario. Usted al final dice que "sus amigos lo entenderán y los que no lo abandonarán". Me sonó algo raro desde el principio. En realidad creo que es perfectamente al revés respecto a la actitud del amigo. Cuando el amigo es algo muy preciado, según nuestra tendencia a verlo como un bien a poseer (en el buen sentido) y, además, hacerle bien sin medida, si el objeto se presenta ausente, insistirá o bien lo abandonará siendo el último supuestamente bien que le hace, ya que usted mismo se lo pide. Y realmente no creo que su amigo lo entienda. Su contraposición entre contemplación y amistad lleva a esta actitud lógica.
Espero sirva esta humilde opinión, que no deja de ser eso.

Teseo dijo...

Viña:

en la expresión que Ud. cita me refería a la hipotética actitud de alguien que pudiera "no comprender" (puaj, progre) la opción de ciertos individuos de retirarse de un modo más perfecto del ruido mundanal al yermo interior, donde habla el Dios del silencio.