Las llagas: fragmentos y comentarios (I)



(Los textos de Rosmini están en cursiva los más importantes -subrayados por Castellani- Los párrafos entre comilla también corresponden al Roveretano, con el número de página al final)



Las cinco llagas de la Iglesia


(Textos de Rosmini y comentarios de Castellani)


(Lugano, edit. 1863)


I Llaga: clero ↔ pueblo.


“Sicchè il sublime culto Della Santa Chiesa è un solo, e risulta dal clero e dal popolo, che con ordinata concordia e secondo ragione fanno insieme accordati una sola e medesima operazione”. (p. 13)


“Donde dos o tres estén juntos en mi nombre, concordes en aquello que piden, allí estaré yo en medio de ellos (Mat. 18, 20)


“Y yo le di a ellos la claridad que tú me diste, a fin que formen una cosa sola, así como Tú y Yo somos una sola cosa” (San Juan, 17, 22)


Cristo quiso que antes del culto precediese el amaestramiento en la Verdad… Hablo de una instrucción plena y vital, de amaestramiento. (p. 15)


La invención del Catecismo (p. 16) y los Seminarios (p. 33) son simultaneas y proceden del protestantismo. Son buenas en sí mismas: su resultado depende del uso que haga el clero; como la ley de Moisés: “que es en sí misma santa, justa y buena; y es útil en las manos del que la usa bien” (Rom. 7, 12, ITim 1, 8) Pero ciertamente no son ni la antigua liturgia de la Iglesia ni la antigua “ciencia tradicional” de la Iglesia.


El pueblo no entiende más los símbolos, los gestos y las palabras de la liturgia… (17)


(No defiende Rosmini la supresión del latín; como le achaca Símon: constata el hecho de que el latín ya no se entiende, nada más; ni siquiera se entienden los “gestos sacros”, que es una lengua universal; por falta de instrucción religiosa)


“Le cose di Chiesa son cose da preti”. (21)

“Il laicato è il primo grado di sacerdozio...” (23)



II Llaga: mal clero: ignorante.


En la primitiva Iglesia de los fieles más instruidos se sacaban los sacerdotes: los gritos de la multitud elevaban al sacerdocio y al episcopado a un simple laico (incluso a un catecúmeno como San Agustín) y a los pocos días se revelaba un obispo consumado… (21) Así fueron hechos San Ambrosio, San Alejandro, San Martín, San Pedro Crisólogo y tantos otros. Tales fieles tales obispos.


Hoy día lo mismo: a fieles no instruidos en la religión, obispos carentes de percepción de los valores sacros, sin la “pasión de la fe”: sacerdotes funcionales.


“En los primeros siglos la casa del obispo era el Seminario de diáconos y curas; la presencia y la santa conversación del Prelado era una lección de fuego, continua y sublime, donde se aprendían a la vez la teoría y la práctica de la ocupación pastoral. De este modo se veían crecer hermosamente al lado de los Alejandros los jóvenes Atanasios; al lado de los Sixtos los Lorenzos…"


Esta es la verdadera “ciencia tradicional” que no se puede trasmitir sino oralmente y con la familiaridad con el maestro; así se trasmitió la tradición apostólica.

San Policarpo fue discípulo del Apóstol Juan; San Ireneo fue discípulo de Policarpo y escribe así de él:


“Yo me acuerdo de todo lo que con él me sucedió mucho mejor de lo sucedido después, porque las impresiones de la infancia, impresas en el espíritu y que crecen con él, son inolvidables. Podría decir todavía donde y como se sentaba el santo Poli cuando predicaba la palabra de Dios. Tengo todavía vivo y presente a mi espíritu con qué gravedad entraba y salía dondequiera fuese, qué santidad había en la conducción de su vida, qué majestad esplendía en su rostro y en toda la composición exterior del cuerpo, con qué exhortaciones apacentaba a su pueblo. Me parece oírlo contar todavía cómo había oído a Jesucristo, las palabras que había recogido de sus bocas y ellos habían recogido de Jesucristo acerca de sus milagros y doctrina; y todo lo que me decía era enteramente conforme a las Escrituras de los que fueron testigos oculares del Verbo y de la palabra de vida. Verdad es que yo escuchaba todas estas palabras con estudio y ardor, y las grababa no en tablitas de cera sino en lo más profundo de mi corazón; y Dios me ha hecho siempre gracia de recordarlas y de cumplirlas en mi ánimo” (Carta a Florido, en “Hist. Ecles., l. I, c. 20, de Eusebio)


…………


“Con estos sentimientos y estas costumbres del clero, la religión del Crucificado había triunfado de los paganos, de los tiranos y de los herejes y su cabeza invisible les destinaba otro mayor triunfo sobre la barbarie irruente”. (26)


………..


“La nueva ocupación [de la administración de los bienes y del poder eclesiástico] que comenzóle al clero en el siglo VI era gravosa infinitamente y molesta a aquellos santísimos pastores… Perdieron aquella preciosa pobreza que tanto recomendaran los Santos Padres. Véase como se queja lacrimosamente San Gregorio Magno en sus epístolas, por ejemplo, la enviada a Teotista, hermana del César Mauricio, rogándole quiera obtenerle el dejar de ser ya “un cajero y tesorero del Emperador” (Lib. XI, ep. 1) “Nos enim, sub colore ecclesiastici regíminis, mundi huius fluctibus volvimur, qui frecuenter nos obruunt”. (28)


Léase toda esa carta y todas las del libro Iº -y se verá con cuanto dolor se queja este obispo de ser rico y de tener poder político; de tener ahora “más asuntos temporales que cuando era abogado laico”. Le llama a eso “tentaciones”; y gime por el “reposo de la meditación”.

“Antes cuando era laico me esforzaba cada día en salir del mundo y salir de la carne, de remover todas las imágenes corporales de los ojos y de ver incorporalmente los gozos eternos; y no solo con la voz sino con las médulas del corazón anhelante gritaba: A ti ha dicho mi corazón, oh Dios mío, he buscado tu rostro; tu rostro, oh Señor, buscaré” (Ps. XXVI)


“Esto que se dice ahora de “bajo clero” y “alto clero” era desconocido en la Iglesia. Ahora resulta que los pastores son los párrocos, el Obispo ya no es pastor, es señor” (p. 31). En tiempo de S. Gregorio cuando se decía “ciencia pastoral” se entendía la ciencia del Obispo; ahora es un manual que se enseña en el Seminario”. (31, nota)


“En el siglo XVI el Episcopado se vio castigado de un modo inesperado, imprevisto…La Reforma aniquiló sus feudos. El trono, al cual estaban demasiado cerca, les gustó; no solo sus bienes, sino hasta las ínfulas sacras del sacerdocio de su frente… Entonces hubo que pensar en la creación de los seminarios” (33).


Aguda crítica de los seminarios (p. 34): los Santos Padres fueron sustituidos por los teólogos, los teólogos por multitud de profesorillos jovencitos, mal pagados, sin ciencia total: la ciencia sacra se hizo en mil partes, “sin unidad ni raíz”. ¿Qué quieren? ¿Quieren hombres de mucha memoria? Eso es lo que valen hoy día los alumnos. Si los alumnos hubieran de juzgar de la ciencia de sus maestros por lo que les pagan… ahora no les alcanza para comer y tienen que buscarse otro beneficio fuera del Seminario para poder vivir, con detrimento o parálisis total de su vida de estudios (35).


Los libros de los seminarios: manualitos. Abandono lamentable y abominable de la Sagrada Escritura, el libro por excelencia (36). Elogio de la Sagrada Escritura, y elogio menor de los escolásticos (39). Decadencia de la Escolástica, a causa del olvido de Santo Tomás y de Platón, y el florecimiento excesivo de las letras humanas, siglo XVI. Se olvida la formación del corazón y de los sentimientos, a causa del tropel y multitud de alumnos.


Se rompió la unidad de la ciencia sacra, dejó de ser ciencia esotérica y tradicional y se convirtió en fragmentos muertos, exotéricos y profanos (48).


“Clero ignorante, laicado ignorante. Un clero que ignora al laico, un laico que ignora al clero. Incomunicación de las dos ciencias, y por lo tanto, dos lenguas diferentes en la Iglesia”.

“Solo los grandes hombres forman grandes hombres…”


“Con unos manuales en la cabeza, una túnica negra y un bonete ya creen que han hecho un sacerdote; y no han hecho un sacerdote…”

2 comentarios:

Pablo dijo...

Notable lucidez y actualidad. Felicitaciones por publicar estos textos.

Cordiales saludos.

Violinisita en el Tejado dijo...

Muchas gracias por los textos, Teseo, y a ver si nos sigue proveyendo tan saludablemente.

Y ya que estamos, ¿no sabe usted o alguno de sus lectores si El Ladrillo Verde de Randle, vol. 2, verá la luz algún día? ¡Queremos saber para dónde tomó Leonardo cuando quedó entre la Pampa y la vía! Si hiciese falta armar una vaquita para apoyar al autor, postée no más.