Llaga del costado y del pie derecho



Comentario del R. P. Leonardo Castellani al libro de Rosmini “Las cinco llagas de la Iglesia”.


(Continuación)


Esto se obtendrá si se cura la llaga del costado: constituida por la desunión de los obispos.
Los obispos están desunidos por el ansia de los intereses temporales, por envidias, rencores y discordias y por la falta de comunicación entre sí. Ya no hay sínodos ni concilios, ni reuniones de teólogos y prelados; ya no hay patriarcas ni primados prácticamente: el primado es el Nuncio. La administración de la Iglesia se ha hecho demasiado unitaria; en consecuencia, como el Vaticano no puede atender a todo, cada obispo anda por su lado. Eso ya no es un cuerpo jerárquico: no es propiamente Jerarquía.

En la época feudal los obispos eran señores feudales: eso era justo y conforme a la organización de la época; pero esa época ya pasó. De ella consérvase hoy día una tendencia mala de hacer del obispo un magnate aislado y absoluto; en los mediocres un mero administrador; y casi siempre un mal administrador.

Eso se curará si se cura la llaga del pie derecho: consistente en el abandono de la nominación de los obispos al poder temporal. Rosmini hace la historia del proceso evolucionante del modo de nombrar obispos, y de los esfuerzos de los hombres mejores para sustraer a la Iglesia a la dirección aniquilante del poder civil[1]. Antiguamente se nombraban los obispos “proponente clero, approbante pópulo”; hoy día se nombran por conductos ocultos y oscuros, sin participación alguna del clero y menos de los fieles; y en los cuales conductos ocultos acaba por predominar la voluntad del Rey o del Presidente. Aunque el Papa tuviera libertad total para elegir o no los nombres que le proponen, no pudiendo el Papa estar en todo ni conocer a todo el mundo, su elección humanamente hablando es a ciegas o poco menos: el Espíritu Santo no hace milagros inútiles. Pero esa libertad de hecho no la tiene: muchas veces debe simplemente conformarse con un nombre que le impone el mandatario de una nación.

Los males que resurten de ahí son enormes. De ahí que el clero se convierte de “carismático” en “funcional” cada vez más. El sacerdote deja de ser el “homo religiosus”, es decir, el hombre que tiene más intuición de los valores sacros” y más pasión por la fe, para convertirse en un “profesional de la religión”; y les va mejor a los que son más “profesionales”, es decir, autómatas. Los que tienen más “espíritu”, o tienen “carismas”, lo pagan caro.



[1] Es notable la erudición, y más que nada la penetración histórica de que hace gala Rosmini en este “excursus” de 50 páginas.

2 comentarios:

Juancho dijo...

Theseus: que pasaría si hoy en, por ejemplo, Francia, se usara esa forma de elección de obispos? O en Argentina, o en cualquier lugar, con la influencia nefasta de los medios de comunicación?

Saldría algun obispo que apoye la summorum pontificum?

Habría que ver que dirían Catellani o Rosmini en esta situación.

Juancho.

Teseo dijo...

Tiene Ud razón Juancho, y creo que el P. Castellani no era iluso al respecto. Por eso es interesante este "comentario" del P. Habrá que aclarar a qué cosa se refieran los dichos.