Evocación de las grandezas y el alma de España


Les dejo un precioso texto del eximio pensador, orador y político español don Juan Vázquez de Mella. Que sirva de sosiego y descanso, ilustración y fruición espiritual ante la caterva de parlanchines y bobos a destajo que azotan nuestra patria, en sus ágoras y ambones, ultrajando el sagrado itinerario, al decir del maestro Disandro, de nuestro Logos primordial.




¡Poesía, poesía! Yo quiero vivir en esa región de la poesía, y quiero sumergirme por decirlo así, en el espíritu nacional de mi Patria; siento que soy una gota de una onda de ese río; siento la solidaridad, no solo con los que son, sino con los que fueron, y por eso la siento con los que vendrán.


Por eso amo a mi Patria, y la evoco en mis sueños, y deseo vivir en una atmósfera que no se parezca a la atmósfera que me rodea en la hora presente. ¡Cuántas veces, al apartar la vista de la realidad actual, me dirijo hacia la Historia pasada, y la evoco y la busco en aquel período de intersección entre una España que termina, y otra que comienza! Entonces veo aquella reconquista, que se va formando con hilos de sangre, que salen de las montañas y de las grutas de los eremitas; que van creciendo hasta formar arroyos y remansos, y veo crecer en sus márgenes los concejos, y las behetrías, y los gremios, y los señoríos, y las Cortes, y a los monjes, a los religiosos, a los cruzados, a los pecheros, a los solariegos a los infanzones enlazados por los fueros, los Usatjes, los códigos, los poemas y los romanceros; descendiendo hacia la vega de Granada en un ocaso de flores, para ver allí el alborear de un nuevo mundo, con la Conquista de América y del Pacífico; y entonces pasan ante mi fantasía Colón y Elcano, Magallanes y Cortés, los conquistadores, los navegantes y los aventureros, y, a medida que el sol se levanta, mi alma arrebatada quiere vivir y sentir y admirar a políticos como Cisneros y como Felipe II; a estadistas y caudillos como Carlos V y Juan de Austria; y, por un impulso de la sangre, quiero ser soldado de los tercios del Duque de Alba, de Recaséns y de Farnesio; y quiero que recreen mis oídos los períodos solemnes de fray Luís de Granada, y las estrofas que brotan de la lira de Lope y de Calderón, y que me traiga relatos de Lepanto aquel manco a quien quedó una mano todavía para cincelar sobre la naturaleza humana a Don Quijote, y quiero ver pasar ante mis ojos los embajadores de los Parlamentos de Sicilia y de Munster, que se llaman Quevedo y Saavedra Fajardo; y ver la caída de Flandes a través de la lanza de Velásquez, y quiero sentarme en la cátedra de Vitoria para ver como el pensamiento teológico de mi raza brilla en aquella frente soberana, y quiero llamear en la mente de Vives, sembrador de sistemas, y en la Suárez ascender hasta las cumbres de la Metafísica; y quiero más: quiero que infundan aliento en mi corazón y la caldeen las llamas místicas que brotan en los más excelso del espíritu español con Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y quiero ver a los penitentes varoniles y desgarrados en los cuadros terribles de Rivera; quiero, en fin, embriagarme de gloria española, sentir en mí el espíritu de la madre España; porque cuando se disipe el sueño, cuando se desvanezca el éxtasis, y tenga que venir a la realidad presente, ¿qué importa que sólo sea recuerdo del pasado lo que he contemplado y sentido? Siempre habrá traído ardor al corazón y fuego a la palabra para comunicarle al corazón de mis hermanos y decirles que es necesario que encienda más su patriotismo cuanto más vacile la Patria. (La ovación inmensa que se tributa al orador dura varios minutos, y se oyen muchos vivas a España. Todo el público, puesto en pie, aplaude delirantemente. Las señoras agitan sus pañuelos y arrojan sobre el orador ramos de flores. El momento es de una emoción inmensa.)


No creía yo que iba a empezar aquí la batalla de flores que está anunciada para esta tarde, y que, además, no podría realizarse fuera de este local, estando vosotras en él. (Risas) Esta es una hermosa protesta que hacéis vosotras contra aquellos que denigran y rechazan la poesía, sin la cual la vida de nada serviría. Porque las fuentes de la poesía son: el amor a Dios, el amor a la Naturaleza exterior, que entra en nosotros con rientes imágenes, el amor a la Naturaleza interior, en donde germina el manantial de los más elevados sentimientos, y el amor al prójimo. Sin esos amores, la vida no merecería la pena de vivirse; sin esos amores, la Humanidad no sería más que una colección despreciable de apetitos y de tubos digestivos (Risas)



Para el que quiera introducirse en el pensamiento de don Vázquez, un link para descargar una cuidadosa antología de sus discursos, obra de don Rafael Gambra.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Teseo, le devuelvo el favor recomendándole una conferencia que al escucharla lo llenará de gozo.

Se trata de un querido maestro que hoy me honra con su amistad, quien me introdujera ya hace muchos años atrás en una senda para mi ignorada completamente. Fundamentalmente en Mella, Disandro, Castellani y en su tan querido Theodor Haecker.

Busque en el link que sigue "La utopía democrática", del Dr. Ricardo Julio Fraga.

http://www.statveritas.com.ar/INDICE.htm

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Gracias a ambos.
La lectura de Vazquez es tan deliciosa como escuchar a uno de los pocos maestros argentinos que hoy todavía lo enseñan.

En la conferencia se dice algo muy interesante. Se menciona que la causa de los problemas de Castellani en la Compañía fue que al no haber sido un jesuita suareciano cuando la Compañía sí lo era, marcó una diferencia "intelectual" que desencadenó el resto de la historia conocida por todos.
Nunca lo había pensado de ese modo, pero puede ser...