Fe anónima



La idea de un catolicismo anónimo va tomando cada vez más cuerpo. Muchas personas mantienen su fe al margen del apostolado tradicional de la Iglesia, sin menoscabar iniciativas ni pinchar globos.


Conozco gente de alta vida cristiana, volcada al inexplicable proceso de esconder sus vidas lo más posible, interesándose, a la vez, por el estudio de la Palabra de Dios, de la Liturgia y la espiritualidad. No podemos decir que estén “totalmente al margen” de la situación del mundo, ni que, en rigor, se sitúen en una tercera posición vertical, juzgando de los buenos cristianos que colaboran asidua y diligentemente en movimientos de la más variada prosapia clerical.


Hay muchos, les digo. Y viven un cristianismo verdaderamente anónimo. ¿No es contradictorio hablar de un cristianismo anónimo? ¿No atenta directamente contra la noción de cristiandad, de impregnación paulatina y consistente de las estructuras sociales mediante la savia del Evangelio? ¿No se niega la necesidad del apostolado y sus consecuencias salvíficas en el mundo?


Según cómo se entienda la cuestión, y según qué se entienda por apostolado. Claro que la actividad sin más, al menos exteriormente, brinda al espíritu de los creyentes una extraña sensación de victoria, seguridad y permanencia. De alguna manera se destacan los espíritus afines al pensamiento, raramente coincidentes en el fondo, de la restauración temporal del poderío cristiano y la primavera celeste y por cincuenta años incólume del Cuerpo de Cristo.


El cristiano anónimo parece situarse al margen de las preocupaciones de activistas post y ante conciliares, derechistas e izquierdistas, curas y no curas. Incluso conciben la relación divina como un cara a cara sin importancias gestuales, ceremoniales ni verbales.


Tranquilamente pasan por progres, impíos o tradis. En bares y ceremonias religiosas, plazas y conventos, soledades y vorágines: el lugar se indeferencia en lo indeterminado de su espíritu.


Cada vez más –aventuro- el cristianismo anónimo de las catacumbas de hoy se profundizará más. Pero no se notará. El mundo no notará la presencia de las rodillas fieles, de los labios amantes, de las mentes contemplativas. Y lo más desconcertante, es que las catacumbas estarán sobre la superficie, como ya se perfila.


Los católicos caminarán por las ciudades, pero no pasearán, ni comprarán ni venderán. Esconderse, ni por pienso: nadie puede esconderse del Malo en estos tiempos de estandarización y conocimiento. No pensemos en catacumbas aseguradas por el secreto de lo subterráneo, de idílicas y románticas historias de mártires rezando junto a un obispo santo en inclinada reverencia al altar del mártir. No, la soledad será bien real, bien anónima.


Se perfila, se huele el abandono de los parámetros tradicionales con que se soportaban los ultrajes. No hay camaradería, hidalguía ni soma preparado.


Y sin embargo… Sin embargo morarás en lo absolutamente abandonado, Adonai. En el silencio de la persecución y del terrible anonimato que humilla nuestras ansias de imposición farisaica. En lo profundo de la angustia que degüella incansable la seguridad propia; en el pecado, luminoso y terrible que preparó -¡oh Arcano!- la humillación del Logos.


La Palabra, en el ínterin de la pena incomprensible, de la herida que ladra y del destino de los no satisfechos. Palabra-promesa, por la fe sólo creída, humanamente insegura, divinamente presente.


Desde siempre.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta vez, Theseus, me gustó mucho su comentario.

Coronel Kurtz dijo...

Muy bueno. Quizá cambiaría lo de "anónimo" por independiente o anti-clericalista o algo así. Lo de "anónimo" de suena a Rahner.

Teseo dijo...

Coronel:

lo de anónimo lo puse a propósito. La herejía es una verdad vuelta loca. Ni por pienso le dejo el privilegio de "hipotecar el verbum"

Coronel Kurtz dijo...

¿Cómo era? Ah, sí: "Ante Dios, nunca serás héroe anónimo". :)

Suyo

Martin dijo...

"Conozco gente de alta vida cristiana, volcada al inexplicable proceso de esconder sus vidas lo más posible, interesándose, a la vez, por el estudio de la Palabra de Dios, de la Liturgia y la espiritualidad."

Podría dar más datos sobre cómo es esa gente... A lo mejor yo también soy un anónimo inconsciente.

Anónimo dijo...

Con todo respeto, Coronel, creo que el anonimato al que se refiere Teseo no es ni por pienso Rahneriano.

Se trata de un anonimato frente al mundo, incapaz de conocer a un cristiano auténtico -o alguien que al menos quiere serlo-. Pero no anonimato frente a Dios, precisamente porque el mundo está tomando el color querido por Rahner, incluso dentro de la propia Iglesia.

De manera que ese cristiano terminará solo, como un loco incomprendido, recluido interiormente. Una soledad espantosa en medio de una multitud, con el único consuelo de alcanzar las promesas de Cristo. Quizás, si tiene suerte, contará con algún amigo con quién sufrir codo a codo.

He ahí como calza perfectamente su propia cita "Ante Dios, nunca serás un héroe anónimo". Dios lo ve todo. Más frente a los hombres, ese héroe no pasará de ser "un pobre tipo", un anónimo sin importancia.

Anónimo dijo...

Estimado Teseo, hoy de madrugada, leyendo una nota al pie de "Su Majestad Dulcinea", me acordé de Ud. y de este post.

Los Cristóbales deben soportar "La última desintegración de la Cristiandad contemporánea", y afrontar "el drama de la fe solitaria", separada casi totalmente de la estructura humana de la Iglesia. "Creer solo contra todos los hombres es una cosa terrible, pero peor todavía es imaginarse que uno cree en el seno de una religión acomodada, es decir, adulterada y corrompida". (Filosofía Contemporánea, Existencialismo. Inédito)

Un abrazo.
W.