Las llagas: fragmentos y comentarios (II)


Las cinco llagas de la Iglesia


(Textos de Rosmini y comentarios de Castellani)


(Lugano, edit. 1863)



III Llaga: desunión obispos.



Ruptura de la unión entre los obispos, de la cual decía Cipriano en “De Unitate Ecclesiae”: Episcopatus unus est, cuyus a singulis pars in validum tenetur”. Separación de la “Jerarquía” propiamente dicha. (50)


La Jerarquía estaba constituida por cinco causas principalmente:


1a – Del conocerse los Obispos personalmente: San Jerónimo vino de Salmacia a estudiar a Roma bajo San Dámaso, visitó a todos los maestros de la Galia, fue a Antioquía a ver a San Apolinar, a Constantinopla a escuchar al Nacianceno, y ya con los cabellos canos viajó a Alejandría para conocer al viejo Dídimo. El sacerdote Orosio de España fue a África a escuchar a San Agustín.


2a – De la correspondencia epistolar.


3a – De las continuas visitas entre los Prelados.


4a - De De las frecuentes reuniones, sínodos y concilios.


5a – De la autoridad moral e intelectual del Patriarca o Metropolitano


6a – De la autoridad del Sumo Pontífice.



Actualmente cada Obispo es Señor feudal en su diócesis, es omnisciente e infalible, más que el Papa a veces, casi como el Eterno Padre; y lo mismo o más los Superiores de Órdenes Religiosas.


Los negocios temporales les impiden los estudios y la contemplación; y por otra parte la centralización excesiva de Roma, sobrevenida a causa de la Revolución Protestante, los ata y mutila su personalidad (si la tienen) hasta convertirlos en simples “conductos de órdenes” y “ejecutores de castigos”: cosas muertas, odiosas.


¿Qué fuerza enemiga rompió la unidad del Episcopado? (64). Muchas fuerzas; la principal de todas, los Obispos y sacerdotes depravados que pidieron el auxilio del poder temporal para asegurarse en sus riquezas o posiciones… “- con división funestísima que laceró el seno de la esposa de Cristo” (64)


“El Episcopado pobre y trajinado que se ocupaba de los negocios temporales con infinito dolor y lágrimas creó la nueva sociedad cristiana del medio de la barbarie; los obispos que se sumergieron en los negocios temporales produjeron la lucha entre el Pontificado y el Imperio, y al final de ella la Revolución Protestante”. (67…)


El Obispo debe tratar con los Grandes; pero para ser intercesor entre ellos y los pequeños; mas un clero vuelto servil y adulador de los Príncipes no es más mediador entre el Rey y el pueblo; y surgen entonces tiempos parecidos a los nuestros, en que todo es irreligión e impiedad” (70)


“Entonces el poder espiritual se desplaza; no es más un medio entre el poder legal de los reyes y el poder moral de los pueblos; mas se absorbe en el de los reyes, que entonces, monstruosamente desnaturalizado, se convierte en un despotismo que muestra dos caras, cruel una y fraudulenta la otra; y dos formas, el militarismo y el clericalismo” (70)


“Aunque la prostitución de los Obispos no llegue a tal punto… basta que ellos se vuelvan políticos, ministros del Príncipe o influyentes en asuntos políticos… para que ellos deban volverse hombres cautos, astutos, taciturnos, reservados, de acceso difícil; y eso ya es un desastre” (71)


“Si algo resta de la libertad de la Iglesia (sin la cual la Iglesia respira como un pez fuera del agua) esto poco no existe en los obispos sometidos a príncipes católicos sino en la Sede Romana y quizás en EE. UU. de N. A.” (73)


“Las riquezas del clero no usadas en obras de caridad lo vuelven objeto de odio a la plebe, objeto de envidia a los mandones, y sujeto de desunión mutua…” (76)


“Es muy posible que abandonando como inútil lastre a Gustavo Vasa, a Federico I y a Enrique VIII las inmensas riquezas que la Iglesia poseía en Suecia, Dinamarca e Inglaterra, se hubiesen salvado esas naciones del protestantismo” (77)


“El grito generoso de libertad mandado hace poco por un hombre que… aparece dominado por un gran pensamiento y un sentimiento católico que tiene algo de extraordinario no ha resonado en vano. Aludo a la propuesta que un sacerdote hizo al clero de Francia de renunciar a los estipendios que recibe del gobierno y recuperar así la libertad: cosa digna de los primeros tiempos de la Iglesia…” (78)


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