Las llagas: fragmentos y comentarios (IV)




Las cinco llagas de la Iglesia


(Textos de Rosmini y comentarios de Castellani)


(Lugano, edit. 1863)


V Llaga: los bienes eclesiásticos.




“Los bienes de la Iglesia no son el Bien de la Iglesia” decía Pío X. Algunas veces son el mal de la Iglesia, dijo Rosmini.


R. no dice que la Iglesia no pueda poseer bienes, como dijeron los albigenses. Dice que deben ser pocos (no superfluos) obtenidos bien (por donación libre) y manejados muy bien, manejados con temor y temblor, con “lágrimas” como los manejaba León el Magno. No son bienes de los hombres sino de Dios.


La primera máxima es que deben venir de “oblación voluntaria” y no forzada. Eso lo dijo Cristo (Lucas X, 5) San Pablo muchas veces (I Cor. IV, 4…) San Pedro (Act. V, 4) y todos los Padres Apostólicos. (180)


La ruptura de esta máxima vino con el feudalismo y luego con los “beneficios” eclesiásticos, otorgados por el poder temporal. (183)


La segunda máxima era que los bienes eclesiásticos fuesen propiedad común y no particular. El mártir San Lorenzo dio el primer ejemplo heroico, y San Ambrosio decía que las posesiones de la Iglesia eran el capital de los pobres (185) –empezando por los sacerdotes pobres, que suelen ser los mejores.


Es mucho mejor que un sacerdote trabaje en un oficio honesto, como decía San Pablo, si las oblaciones de los fieles no le alcanzan para vivir; que no que haga negocios o prostituya la religión, convirtiéndola en una venta de ceremonias mágicas.


La tercera máxima fue que el clero expendiese en obras de misericordia todo lo que sobrase al propio sustento. En los siglos cristianos casi toda la beneficencia estaba en manos de la Iglesia (190)


La secularización de la beneficencia es un proceso que comenzó en el siglo XVI y se consumó en nuestros días, providencialmente quizá –por lo menos, no sin una razón muy profunda. (191)


La cuarta máxima fue que, para alejar el peligro de la codicia, “los bienes eclesiásticos se administrasen según layes fijas”. Hoy día esas reglas se han convertido en una enciclopedia; pero se cumplen poco. (193)


La quinta máxima fue: “facilidad en dar, dificultad en recibir, espíritu de despego y generosidad” (196) A San Agustín lo acusaban sus fieles de “dar mucho y recibir poco”, hermosa acusación (197)


“Aurum Eclesia habet non ut servet sed eroget, ut subveniat in necessitatibus” (S. Ambrosio) La venta de los vasos sagrados en los tiempos de carestía…


La sexta máxima era “gustar de que la erogación de sus bienes apareciese a la vista de todos”, no andar con tapujos y subterfugios.


La séptima máxima era que los bienes eclesiásticos se administrasen con competencia y capacidad.



§ 163.- “Esta obra, empezada el año 1832, y acabada en el siguiente, dormía en el escritorio del autor, no siéndole propicios los tiempos y habiendo sido escrita más que nada para alivio de su espíritu. Pero ahora en 1846, reinando en la silla de Pedro un pontífice que parece destinado a poner remedio al grave estado de la Iglesia (Pío IX) se recuerda el autor de estos papeles abandonados y los pone en manos de sus amigos”.


Como apéndice, dos cartas de 1848 acerca de la elección de obispos de por el clero y el pueblo.



FIN

2 comentarios:

Juancho dijo...

Algo que no entiendo de Castellani es lo de llamar "ceremonias mágicas" a los sacramentos.

Alguno puede explicarlo?

Juancho.

Anónimo dijo...

Juancho:

ceremonias mágicas son aquellas donde intervienen la supertición y la brutez, esperándose de ellas resultados efectivos y materiales, sin comprender de qué manera "los poderes" actúan.

Los sacramentos, llevados al extremo de ser vanalizados, pierden su caracter de signos sensibles y eficaces de la gracia, para trocarse en muecas chamanistas primitivas.

Fíjese Ud. en aquellas personas que asiten a misa, bautizan sus hijos y se casan tan solo por costumbre familiar, o sentimientos de inferioridad social, o presentimientos acerca de destinos adversos de no recibirse la "bendición" (conjuro) del cura (brujo).

La ceremonia mágica es irracional. Un poco de esto, más otro poco de aquello es igual a felicidad, prosperidad o tranquilidad.

Se entra en contacto con fuerzas incomprensibles. Lo mismo en la misa, por ejemplo, de producirse esta perversión.

Ir a misa es una cábala, ofrecer sufragio por los difuntos otro tanto.



Cachabacha