Mala



¡Qué lo parió! Cada vez más me doy cuenta que no tengo suerte. Que la olímpica picada por llegar primero, sabiendo que llegaría, me ha deparado una meta amarga y carnicera. La mala suerte de llegar primero es igual mala suerte.


Que la muralla que separa la polis de Atenas del mundo bárbaro no era suficiente para parar las cruzadas del Minotauro. Igual pasaba.


Que las terribles noches en vela, anhelando el consuelo de los vates y las caricias de las musas, no impedían que me sumiera en la más horrenda de las pesadillas, aun despierto y embriagado de café y cigarros.


Que por más que pusiera excusas, por más que le buscara la vuelta, la culpa, diosa inmisericorde, no me daba tregua. Era culpable.


Que aunque leyera y releyera, caminara y caminara, la luz no brotara. La luz no brota de uno. Dimana de Otro.


Por más que los telares de mi mente corrieran en los husos de Palas, en las agujas de Apolo y en las manos de Ariadna, sin la suerte que procede de Ti, será colcha pútrida y renegrida, mantel de mesas inmundas, corporal de sacrilegios.


No exagera el que ha contemplado la mala suerte de sus triunfos, la mala suerte de sus fracasos.


No desespera el que comprendió que la mala suerte es el nombre que depara el mundo a los que ingresan en el camino de los sabios, en la senda de los bien-aventurados.


Mírote, oh Infortunado, en tu mala suerte traspasado. Y me dices que la mala suerte es la ventura de los suertudos, aunque amarga, como la suerte de los condenados.


En fin, sé que a la par de mi mala suerte mi Ángel ha inclinado la ventura, de lo peor por suceder a lo menos peor que sucedió. Podría haber sido mil veces desastroso, más que los que he sufrido, embrutecido yo.


Y aquí estoy, aun. Con la suerte del cristiano, con la dicha del salvado, con la espera del cansado. En pié, como en la cruz el Clavado.



1 comentario:

el viñatero católico dijo...

Estimado Teseo:
El que no comente, no significa que no siga a menudo sus pareceres, en el tumulto anónimo de opiniones que muchas veces no serían objetivas, como si la opinión lo fuera alguna vez. Aprender a levantarme cada día y verme, no ya en las aguas engañadoras de Narciso, sino en las de Aquel que es Verdadero hombre, es mi desafío. Esto no quita un poroto a sus escritos pero he aprendido que la repugnancia cotidiana es ad intra y no a los otros que hacen lo que pueden (como yo también) para darse cuenta de esa esperanzada mala suerte, de la que Usted habla y que tan bien expresada está... "mala suerte la de Adán que le trajo tan Mala Suerte al Cristo por quienes fuimos salvados" (traducción propia No de la Soc. Bíblica Unida, aunque parese).
"la luz brota de Otro" debe ser nuestro grito silencioso, que dejará paso algun día a la caída libre de las escamas de nuestros ojos...
Un abrazo