Argentina apalabrada y un poema de Cortázar




Cuando Dios se dignó preñar la nada con la semilla primitiva del ser a secas, no pudo sino pronunciar una palabra. Dixitque Deus, καὶ εἶπεν ὁ θεός.


Pronunciar nunca se pronuncia por nada. O se dice algo, o no se dice. Y qué podía esperarse de Él sino la mejor de sus palabras.


Primero se pronunció desde la eternidad, en la intimidad de su subsistencia soberana. Y al hacerlo no pudo sino engendrar. Una Palabra substancial pronunció, y se llamó al silencio.


(Vean como la trama de lo temporal marea y descalabra)


Luego se decidió a crear, con la misma Palabra la Patria de Adán. La Patria de nuestro primer padre estuvo transida de Palabra.


De allí que nunca nadie pueda decidirse a engendrar sin mediar una palabra. Tal vez un gesto, una caricia, pero antecediéndole una palabra. Los hombres, lanzados al ser por el poder de la Palabra, perduramos en virtud de un poder mimético que no puede ser clausurado sin ser reducidos sus portadores a la condición de animales.


Primero fue la patria, y luego fue Adán. Del barro paradisíaco, repleto de Palabra, tomó Dios unas cuantas medidas y confeccionó al hombre. Le transmitió el ser por el suelo, ya significado por el pronunciamiento (εἶπεν).


De manera que hemos quedado inexorablemente anclados al suelo apalabrado. Y puede amarse el suelo porque Dios lo apalabró con el fin de conferir el sustrato de la signación al primer hijo.


(¡Que nadie odie ni traicione lo que Dios ha apalabrado!)


Tenemos pues el inicio de la Patria. En el Edén del primer terruño, el génesis de la potencia preñada.


Pasemos ahora a la apatriada.


Rompiendo el hombre con su Padre, incurrió en el delito de apátrida. No hace falta demostración: la alquimia y la geometría ignoran de lealtades. La patria se traiciona olvidando la razón irreductible de su comienzo creatural, desperdigando los vestigios del pronunciamiento ideal.


Tuvo que encarnarse la Palabra para redimir la apatriada. Ya ven como siempre que aparece la Palabra lo hace en relación a la patria.


¡Ay del que separe la significación esponsal de Dios por su tierra!


No cabria humedecer los ojos ante el recuerdo de las gestas patrias si no mediara el clarín de la Palabra. Ni celebrar oficios sin una hostia tomada de un suelo significado.


Aunque estemos en las antípodas de la Patria apalabrada, celebro el recuerdo de la Argentina significada.



La patria



Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.
La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.
Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.



Julio Cortázar




1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde Tupungato, celebro el poema de Cortázar, que lo nombra; y celebro su pluma también, Theseus; y su gallardo aporte por repensar Iglesia y Patria.-

ddJ