Madre



Ave igitur, mater, caelum, puella, virgo, thronus, Ecclesiae nostrae decus, gloria et
firmamentum: assidue pro nobis precare Iesum, Filum tuum et
Dominum nostrum, ut per te misericordiam invenire
in die iudicii, et quae reposita sunt iis, qui diligunt Deum, bona consequi possimus, gratia et
benignitate Domini nostri Iesu Christe: cum quo Patri simul et Sancto Spiritu gloria,
et honor, et imperium, nunc, et semper in saecula saeculorum. Amen

(Sermo sancti Ioannis Chrysostomi Apud Metaphrasten)




Velay Madrecita, que no sé qué tengo que al postrarme ante tu altar se me pone áspero el garguero, y doy rienda suelta al matungo negro que galopa en mi pobre ánima.


Que se me vienen los fantasmas de la antigua cruzada gaucha, los gritos, los lanzazos, los degüellos y las cargas montoneras.


Ya sé, Madre, que no es muy cristiana mi oración; que mezclo con los avemarías y las jaculatorias que de gurí mi mama me enseñó los suspiros seculares de gestas y remolinetes matreros. Pero no puedo evitarlo: vos te quedaste en Luján y yo no puedo abstraer del tiempo un frío concepto desmaterializado de patria.


Y para peor -¡mejor!- los maitines. ¡Qué de piropos, títulos, antífonas y responsorios la tradición te prodigó! Y en estas horas de aflicción, en las que se nos viene el toruno encima, se nos revientan los lazos y nos estallan los cartuchos en las manos, no puedo –te lo juro por esta tu medalla que mi abuela me regaló- no puedo ni quiero contemplarte sino cabalgando.


Soy gringo, sangre de las uropas transplantada a las arterias del plata corazón. De criollo la estampa, pocas ganas de dejarme sobar el lomo y una nostalgia de pampa y aire de chacarera. Soy argentino, hasta los tuétanos. Qué le voy a hacer.


Por eso te rezo en español, lengua antañona y regia de Castilla, mezclando las octavas del gaucho verbo y las rimas del peninsular león.


Yo te pido, Madre, por esta mi patria. Parece que no hay nada que hacer, que los camanduleros han plantado su blasón, que los camaradas de la orgía democrática arrasan con el debilucho
obstáculo que en esta tierra antaño prendió.


Que los pastores han preferido el silencio de la morgue al de la flor, al del altar y al del pendón. Tú lo sabes, hijos degenerados, entregadores de amigos y sacrificadores de su propio redil en aras de “mundo mejor”.


Yo no quiero una patria de putas, de botarates y tilingos a discreción. No quiero un verbo violado por maestrescuelas de la sinciencia, oradores de la discordia y profesionales de la religión.


No quiero hombres incapaces de plantarse ante la blasfemia y el deshonor. No quiero el vino aguado, ni licores en jarras de cartón.


(Son la anestesia de la moderna castración)


No me aguanto, tú lo sabes, que eres madre y me aconsejas el amor, las hembras quejumbrosas, los pechos grasientos y las barbillas de operación.


Amo la ley de la conciencia promulgada en el calvario del dolor, los sacrificadores de estampa hierática y curtidos de oración, los valientes de a caballo que no piden permiso donde se degüella sin compasión, de maestros de lentes gruesos y encorvados hombros por horas de contemplación.


Hembras de estampa bella, leonas del amor con sus hijos en derredor.


(Envidia del clan maricón)


Varones, imbuidos del sentir cristiano del sufrimiento criollo, de la plegaria necesaria, del sacrificio guapo, la candidez baquiana y la humildad del socorro.



Oración:

Madrecita de Luján: Vos que te quedaste criolla por hacernos celestes, no nos dejes sin tu preciosa compañía. Cuando nos falte todo, el vino, el altar y los centauros, quedate Vos juntito al pobre ranchito nuestro. Porque en faltándonos el mérito, tu auxilio suplirá -¡ahijuna que así es!- el vaciamiento nuestro.

Que muramos junto a Vos, vencidos y contentos.

2 comentarios:

Juan Pablo dijo...

Ave María Purísima...

Hermosos pensamientos, sentida oración.
Como sacerdote que soy por la Gracia de Dios, le digo: Ánimo, no bajaremos los brazos. Nosotros para suplicar al Cielo con decoro y honor. Y gauchos bravos, alguno aparecerá...
Dios lo bendiga.
P.F.A.P.

Coronel Kurtz dijo...

¡Muy bueno! (Lástima la imagen que parece de estampita del subte.)