Ápeiron



El papado de Benedicto XVI, del panzer alemán, como gusta de llamarlo cierto encabronado sátiro viejo de la nouvelle théologie, ha logrado devolver la esperanza que muchos teníamos ya por finiquitada. Esperanza que, por cierto, no tiene nada que ver con ilusiones de restauraciones monárquicas, de index y anatemas diacrónicos, de conquistas cruzadas y Lepantos en buque.


Nada de eso. Benedicto ha comenzado por el paso menos agradable, menos simpático, cual es el de reestablecer paulatinamente el real desenfreno de los últimos 50 años.


Conforme al viejo principio de la teología "legem credendi lex statuat supplicandi", el panzer apuntó el cañón en la dirección más afectada, quizás la principal originante de la desmembración eclesial que nos azota.


Creía yo que nadie podía dudar, ni conceder un ápice a la evidente voluntad papal de corregir la maldita desviación disciplinar, litúrgica y dogmática que nos legó el post-concilio. Tonto de mí.


Que los obispos estaba, perdón por la expresión, cagados hasta los zapatos por el apoyo explícito del Santo Padre a los nuevos movimientos tradicionalistas que bogan por una liturgia verdaderamente espiritual, en contra del sincrético ritual que se impuso en casi todo el orbe. Que las ceremonias en San Pedro, cada vez más orientadas a la restauración (otra vez esta palabra) de antiguos gestos preñados de potestad y unción alertarían, en el caso de que algún cura tuviese la osadía de obedecer las directivas implícitas de la imagen, alertarían, digo, contra el peligro de oponerse impíamente a la Roma que ahora responde, atiende y vela más por sus hijos un poco más.


Que los sacerdotes de las diócesis “más conservadoras” se animarían a romper con el staff malediciente, atándose directamente al Alemán que tomó las riendas del encabritado bagual. Fui un pobre gil.


Nadie puede decir que no ha caído en la cuenta del innegable “viento a favor” que sopla desde la pequeña sede tiberina. Si los progres se retuercen de bronca y estupor, al oír el golpe del báculo que marcha lenta, pero decididamente por las regiones de su universal jurisdicción, más aun los conservadores, que se jactan de estar “en sintonía” con Pedro, pueden excusarse de sordos o distraídos. Es un hecho: Roma, por no sabemos cuanto, amaga a despertar del hechizo conciliar.


De manera tal que el no seguimiento de tales directivas emanadas del magisterio papal, explícitas en el Summorum Pontificum e implícitas en sus apariciones y celebraciones litúrgicas, constituye, para los obispos “más conservadores”, un vil acto de traición a Cristo. Y en los sacerdotes “mejor formados”, lo mismo.


Esto no es más que una simple introducción al tema que trataré de esbozar. En el lenguaje de la pedagogía moderna, lleva un “contenido transversal”, signado por la suspensión de un sacerdote sanrafaelino por parte de su “ordinario”, Mons. Eduardo María Taussig.


Mons. Taussig ha suspendido de sus funciones públicas, prohibición de celebrar públicamente la santa Misa, a un novel sacerdote de la diócesis mendocina. Dicha suspensión se deriva de la negativa del reo de celebrar los Santos Misterios según la nueva traducción de Misal.


El cura, profundamente encabronado, tuvo la terrible osadía de realizar los saludos iniciales, que en el nuevo misal presenta la degradante forma “ustedes”, en latín, siguiendo el mismo criterio para la plegaria o la consagración.


Más allá de la estúpida decisión de Taussig, ciegamente entretenido, y por lo tanto, incapaz de efectuar un juicio básico de prudencia del tipo “mejor no me meto, porque, como vienen las cosas de Roma, me van a pegar un tirón de huevos, como se los tiraron a mi compadre de Mar del Plata”, debemos centrarnos en la cuestión de fondo: el terrible desorden de ideas que reina en el clero sanrafaelino.


Por caso: si alguien quisiera efectuar un tours por la diócesis, y visitar las misas de sus prebostes, creo yo que contabilizaría una considerable variación de ritos, especificados en:


1- Cura que celebra la santa Misa versus populum en castellano, según la nueva traducción del misal.

2- El que celebra versus populum, según el misal anteriormente en uso.

3- Cura que usa del nuevo misal, pero intercalando los respectivos latinasgos Dominus vobiscum.

4- El que celebra versus Deum, pero según la nueva traducción.

5- El que celebra según el Rito Tradicional.

6- El que celebra la Misa de Pablo VI, introduciendo gestos y signos de la Misa Tradicional (proprie ex IVE)

7- Finalmente, los que hacen lo que se les canta en la liturgia. Al parecer son los menos, religiosos según me cuentan.


Quizás debiera haber dicho profunda deficiencia formativa, en lugar de desorden de ideas, que ilustra las mentes del ortodoxo clero hobbista.


No hay ideas claras, por centrar sus aspiraciones en evitar la pandereta y la guitarra en los coros parroquiales. Aquí se les termina la ortodoxia, no pidan más. Salvo honradas excepciones, los sacerdotes de la diócesis de San Rafael no tienen la menor preocupación en enriquecer las celebraciones, aun con todo lo que saben acerca de los “nuevos aires romanos”.


Se vive a la defensiva de lo que instintivamente aprendieron en el seminario, o en las parroquias de origen. Pero saltar la valla de lo negativo, de lo meramente apologético, para situarse en la comprensión teológica positiva del ministerio pastoral, es un acto que requiere de un antecedente intelectual y espiritual que no tienen. Y las causas de esto son de orden totalmente formativo.


Otra prueba. La nueva traducción del Misal Romano no cayó de sorpresa. Se sabía desde hace mucho el trabajo que el equipo de liturgia comandado por Mons. Delgado venía realizando. ¿Y qué se hizo? Nada. Claro, cuando Taussig les vino con el difunto, todos a una gritaron ¡este muerto no es mío! Y sí, era de ellos. La ignorancia concomitante de la que habla Tomás –quando ignorantia est de eo quod agitur, tamen, etiam si sciretur, nihilominus ageretur- necesariamente, supuesto el vicio deformativo, les hizo tragar el cadáver.


Vamos a un nivel más profundo, si no queremos caer en la tentación de lo que se debería haber hecho. Acá la cuestión es saber qué se hizo, y por qué.


Demasiado ha hablado el excelente Wanderer sobre la ideología pastoralista que subyace en las mentes del clero sanrafaelino. Pensemos por un momento. Ante la inminencia del mal litúrgico que se venía, cabía sentarse a pensar en la manera de pararlo en la diócesis. Lo cual supone previamente:


a- Un mínimo hábito de estudio, que se hereda en la vida de formación del seminario.

b- Permanencia en la vida sacerdotal de tal hábito, en caso de haberse adquirido, con sus respectivos ámbitos y tiempos de ejercicio.

c- Sensibilidad litúrgica, heredada de un anterior afianzamiento en el dogma, acompañada del celo concomitante por el resguardo de lo sacro.

d- Y por último, fruto de lo anterior, el tempus contemplationis.


Y no sigo. La quimera pastoralista del traer gente, del organizar congresos y juntadas folclóricas, con el fin de demostrar (me) el instinto religioso de la feligresía, se opone directamente a los cuatro puntos que indiqué arriba. En síntesis: la vida seria del sacerdote psíquicamente adulto (inteligencia y voluntad en consonancia con el amplexo evolutivo del estado y de la edad) capaz de vivir alegre y totalmente volcado a su tarea hierática, no se contempla.


Alguno dirá. Bueno Teseo, acá en Buenos Aires contabilizarías ritos por docenas: no es un problema propio del clero sanrafaelino. Concedo en parte. Devoto es abiertamente modernista, Hobbes es “abiertamente tradicionalista”. ¿Se ve la cuestión?


Los opuestos se perciben, el amor y el odio, el bien y el mal. Mas el ápeiron que los envuelve y engendra es exactamente el mismo. Reducidos a su origen, tienen un mismo padre: el voluntarismo.


Y ni hablar de la influencia mesiánica ejercida por el Sobrino. Un paternalismo meramente extrínseco, que marca desde los suburbios las directivas que placen a su autocomplacencia megalómana, es la causa eficiente de la forma descrita.


Conclusión: hasta la rebeldía del cura falazmente suspendido responde al Matrix tradi de la “desordenada ortodoxia” sanrafaelina.

3 comentarios:

Psique y Eros dijo...

Usted puede quejarse con toda justicia de mí. Yo siempre tan impertinente, con comentarios que no pertenecen a la temática que plantea. He visto en su blog, y también más en Wanderer, instalada una noción que es usada como último punto resolutivo de toda desviación: "el voluntarismo". Le hago una propuesta que nos haga un post y lo publicamos en mi blog, sería un honor, o en el suyo, como prefiera, sobre "el voluntarismo". Creo que es algo que tenemos que clarificar por dos razones:
-lo veo usado un tanto in confuso, con una semántica polisémica detrás que hace difícil identificar, en cada caso, a cual de los significados nos estamos refiriendo.
-por implicar un presupuesto epistemológico que no está dicho, ni es pacífico, que sea correcto: ¿es legítimo usar UNA noción como último punto resolutivo de toda desviación?
Bueno, dejo de molestarlo, me entristece no poder contribuir a su debate en lo específico, usted se mueve en las tierras de las conclusiones de fe, usted es un errante que ha avanzado bastante más lejos que yo...

Teseo dijo...

Estimados lectores:

es necesario realizar una corrección en el texto del post. El sacerdote suspendido en San Rafael no “incurrió en falta” por usar el latín en los saludos iniciales, ni en el cuerpo de la Plegaria. Simplemente siguió con la forma establecida en el Misal anterior de la Misa Nueva.

Aclaro esto en honor a la verdad. Sin embargo, la confusión en la que he incurrido no cambia la orientación del blog. Como dije, sólo es un “contenido transversal” en el cuerpo del post.

Psique: no me disgustan sus intervenciones, todo lo contrario: me honran sobremanera. Déme un tiempo, please, para preparar algo. Siempre agradecido.

Ramón dijo...

no creo que nadie tenga prohibido rezar la misa en colombiano, como a nadie se le prohibe rezar en inglés.

Por lo tanto ni siquiera usó la forma contenida en la naterior edición del misal, usó la forma contenida en el misal editado en colombia, españa, etc