Fecundidad vocacional, instituciones caducas y re-fundación del ethos católico


Les dejo un clarificador texto del P. Castellani acerca de las raíces de la crisis moderna de la religión y sobre el mito de la propaganda vocacional.





EL PROBLEMA DE LA ESCASEZ DEL CLERO EN SUDAMÉRICA Y DE LA FALTA DE VOCACIÓN

Un argentino muy sensato me decía poco ha que debe ser un castigo de Dios esta situación actual argentina caracterizada por la confusión y la impotencia. Que es un castigo, ni que hablar: un castigo de todos los demonches de los crímenes colectivos –de los cuales el peor es la acción deseducadora del Estado sobre los niños- y del gran “pecado cósmico”, que dice Disandro2.


Basta para mientes en este hecho: durante más de un siglo el clero argentino ha “compuesto” con el liberalismo; no ha luchado contra él. Luchar contra las herejías es la parte negativa pero muy importante de la misión “Id y enseñad a todas las gentes”; y no ha habido aquí mucha conciencia de esa misión evangélica, sino muy fugazmente en hombres raros como Castañeda o poco perspicaces como Esquiú. Parecería hay un pacto tácito entre el liberalismo y el clero, que puesto brutalmente, sería: “Nosotros apoyamos a todo gobierno que sea, y ustedes nos dejan hacer <>, ayudándonos con algunos dinerillos que les sobren”. Pero ¿qué entienden por apostolado? No me meto a decirlo, porque yo también estoy en el baile; pero se me hace que no es el mismo apostolado de San Pedro y San Pablo.


Ayer no más el Papa estuvo confiriendo con obispos hispánicos acerca de la “escasez del clero” y “falta de vocaciones” en Sudamérica, queja continuamente repetida en vano. ¿Qué quieren? ¿Quién no ve que no puede haber fertilidad vocacional en el actual ambiente religioso en sequía; modorro, machorro e incluso farisaico; donde se le fabrica fama de santo a un hombre tan sospechoso como el abate Pierre, simplemente porque sirve para la propaganda? Un sacerdote anciano me decía poco ha –y por cierto sacerdote trabajador, correcto y honesto- que había hecho un mal negocio haciéndose sacerdote, “he perdido mi vida” fueron sus palabras: amarga confesión o tentación, pero que señala la causa de las “desvocaciones”: una sociedad religiosa donde no resplandece la caridad ni siquiera la justicia. ¿Qué digo? A veces, ni siquiera la decencia. “Deus, qui dixisti: jugum meum suave est et onus meun leve: fac ut istud portare sic valeam, ut merear tuam gratiam…”.



Buscar las raíces mismas deste estado de catolicismo en quiebra ha sido el intento audaz de Disandro. Se ha acabado la Contrareforma, las órdenes religiosas excelsas que ella suscitó parecen no tener ya razón especial de ser, la modalidad barroca del cristianismo del seiscientos conserva sólo sus partes caducas, que no son sino estorbos, habiéndose desgastado su contenido positivo; que por cierto llevaba consigo muchos bienes “cuando Dios quería”. No se trata de renegar de la herencia española; al contrario, se trata de salvar o reencontrar lo que ella tenía de positivo, expeliéndola parte muerta que ahora la abruma. Y para salvarla, no se trata de saltar para adelante, como ese actual progresismo o liberalismo clerical –al cual intentan adscribir incluso al actual Pontífice- sino más bien retroceder a las fuentes sin abandonar los elementos temporales de la realidad histórica moderna –no modernista- que es lo que parece estar propugnando el anciano cardenal Octtaviani.



En suma, hay que crear o por lo menos fundar, como insistentemente proclama Disandro. No hay que obstinarse en guardar, conservar o defender “la sacralidad de nuestras gloriosas instituciones triunfantes en la última prodigiosa jornada cívica”, como me dice ahora por Radio un sargento primero con entorchados y sueldo de general sin batallas. Eso son montones de ripios, montañas de escombros y bandadas de fantasmas verbales. Que los muertos entierren a sus muertos.



Dinámica SOCIAL, N° 144, Buenos Aires, agosto-septiembre de 1963

2 comentarios:

jack tollers dijo...

Teseo:

¿Tan difícil es entender lo que dice Castellani?

Me parece que no. Me parece que con una lectura detenida, medianamente reflexiva, se alcanza a entender perfectamente:

a) Cuál es el problema de la Iglesia en estos tiempos. Y,

b) Por dónde va la solución.

Pero además, dice en términos sintéticos lo que dicen una legión de otros autores: Bruckberger, Thibon, Bouyer, Belloc, Newman... y muchos más.

¿Tan difícil de entender todo esto?

Yo creo que los que no lo entendieron (y son legión) es porque no querían saber nada con eso. Querían ganar aquí abajo. Progresistas, triunfalistas, voluntaristas, pelagianos... pónganle el nombre que quieran.

Y sin embargo, sigue siendo verdad lo que le escribió a Monseñor Plaza: "Todo el mundo sabe que tengo razón, incluso S. E. Y todo el mundo sabe que nadie me la va a dar, incluso yo."

Claro que ahora, le dio la razón Dios, y está revestido de una aureola que no te digo nada...

¿Aureola? Sí. Santo Tomás dice que en el cielo se reservan tres tipos de aureolas: la de los castos, la de los mártires y la de los doctores. Dice que es brava la primera "por la insidia" de la carne. Que es brava la segunda, porque no es fácil vencer al miedo.

Pero dice que la más grande de todas las aureolas es la reservada a los doctores, los que predican la verdad, porque vencieron al Demonio, "el padre de la mentira".

Así que, estimado Teseo, si nos dan la razón o no, ahora, no tiene importancia.

Con tal de que la tengamos. Con tal de que la defendamos. Con tal de que no abjuremos de esas verdades de a puño. Con tal de que un día Nuestro Señor nos de un cachito de esa aureola...

En el mientras, ¿qué nos importa si nos dan la razón o no? Como puso alguien en un comentario del Wanderer: "For us is the trying, the rest is not our business" (T. S. Eliot).

La mejor frase que leí en años de años.

Abrazo,

J. T.

genjo dijo...

Es hermoso lo que ustedes hacen