Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas


El oficio decisivo de Cristo, que decidió su perdición en el calvario, fue la pugna a muerte contra el fariseísmo. A nadie pueden pasar por alto las diatribas del Maestro contra la casta religiosa predominante, llegando incluso hasta el extremo de afirmar la corrupción de la simiente de Abraham por las excrecencias de la prostitución (Jn VIII, 41-42) La carne de Abraham legitimaba la ley, porque la promesa le fue confiada a su descendencia. Pero su carne no podía legitimar la nueva filiación de Cristo, que daba por el suelo con la letra muerta, preparatoria ella, pero incapaz de insertar en el árbol de la nueva genealogía, amén de que su simiente última había degenerado y pervertido la ley.


El fariseísmo, como la peor de las corrupciones religiosas, tiene por fin despojar de vida el cuerpo místico. Me atrevo a decir que la acusación formal de Cristo a la casta religiosa de su época representa el typos de la aun peor perversión: la de la ley nueva. Si Cristo pronunció lo que pronunció contra el fariseísmo, no fue sino para advertirnos de la corrupción que su cuerpo visible con el tiempo adquiriría.


La Iglesia docente, de la ley nueva, ha contraído la misma impureza que la de su imagen predecesora. Ha hecho de la doctrina revelada un monopolio exclusivo, un soporte instrumental para su fornicación con los ídolos de este mundo. Y es ahora la principal causante de la catástrofe del pueblo fiel, que no halla defensa bajo el callado de sus pastores, ni confianza en la vara de sus guardines. Las ovejas pacen en valles contaminados, y beben de pozos hediondos. Y la brecha entre docentes y discentes, parece insalvable.


Los roles se han cambiado: el pueblo parece mantener algo aun de la antigua fe, mientras que el cuerpo visible y más influyente de sus pastores la han relegado, sino explícitamente negado. Y ni aun del pueblo se puede hablar, simpliciter, de conservación de la fe. Se ha dado el fenómeno que profetizara el cardenal Newman: indiferencia en las clases altas, superstición en las bajas. Me pregunto si basta al pueblo su devoción, más o menos espiritual, para contrarrestar la carencia de sus pastores.


Cristo mandó a su pueblo a “imitar lo que ellos (fariseos y doctores) dicen, mas no lo que hacen”. Tengo para mí que ahora, ni una ni otra cosa.


Ecclesia de medio fiet, escribió San Justino. A misa y a casa, para pintar el dintel y espantar el a-nomos que mora dentro mío.


Ecclesia de medio fiet.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdón, me refería la tipo de letra de los títulos, la de los posts, sí me gusta.

Un poco menos criticona

Teseo dijo...

Gracias, hermana criticona. Veré de tomar sus consejos. A mí tampoco me gusta demasiado la performance nueva: me deja el blog pesadísimo.

Y sí, la plantilla es prefabricada. Y sumado a ello, mi ineptitud para los fierros computacionales.

Veremos como reformar.

T.

Anónimo dijo...

Este blog, creo, peca mucho de fariseismo... pero no se preocupe Teseo, todos tenemos algo de fariseo. Cada vez que decimos: "soy mejor que aquel" o "miren tal o cual lo que hace o dice", creyendonos poseedores de la verdad, nos hacemos como dioses (Gn 2) y el orgullo e hipocresia se apodera de nosotros. Ojala Dios, nos haga ver en nuestro ojo la gran viga que llevamos y dejar de poner grandes cargas a los demas sin ser capaces de llevarlas nosotros. Entonces los hayes no sonaran en el dia del juicio en nuestros oidos. Y olvida algo... la nueva ley es la de la gracia del Espiritu, en virtud de la salvacion de Cristo, no la ley de humanos y debiles pastores. Ahora bien, si Usted y muchos no creen ya en el magisterio (Iglesia docente)se cruzaron de vereda... y es una pena porque hace falta gente luchadora como usted y otros aunque no tan anonimos como usted y yo. Dios lo bendiga.