Responso del Padre Buela y respuestas de un monaguillo griego



Con un dejo de risa, y otro de amargura, descomprimamos un poco el ambiente, demasiado espeso para mí. Les dejo esta homilía del P. Buela, que quizás no encontremos nunca más, si es que la cordura lleva a sus adláteres a sacar de circulación los escritos espirituales del malhechor.






R.P. Carlos Miguel Buela, IVE.

1. Quien distingue, no hace potingue


A pesar de nuestros pocos años de experiencia de vida religiosa, tenemos muchos miembros; y, también, muchas personas han pasado por nuestras comunidades. (T: ¡Ojo!: el término "persona" es solo un recurso oratorio, no vayan a creer que...)


Muchos postularon entrar a nuestra Congregación (en formación) y no continuaron, otros llegaron a ser miembros de nuestros Institutos, en especial consagración, y luego se apartaron, por distintas motivos, de los mismos. Nos referimos a quienes, en algún momento, vivieron con nosotros, o fueron miembros de votos temporales, o de votos perpetuos, o, además, integraron nuestra Congregación como sacerdotes ministeriales. (T: otra que ¡nunca más!)


Quienes estuvieron algún tiempo viviendo con nosotros: en general (T: como siempre, no caben especificaciones), salieron por alguno de los dos motivos siguientes:
a- Vieron que no tenían vocación;
b- Se les dijo que tenían que salir porque no se le veía idoneidad para nuestra Congregación. (T: sine verba)


Quienes fueron miembros de votos temporales: como se sabe pasado el término temporal de los mismos quedan liberados de sus promesas; si deciden terminar la experiencia religiosa antes del término temporal deben pedir dispensa a quien corresponde. (T: Avivate pibe, a mí me tenés que pedir permiso)


Quienes fueron miembros de votos perpetuos: Aquí no hay la misma facilidad. Es materia de elección inmutable, como enseña San Ignacio de Loyola [171-172], pero con grave causa la Iglesia concede el indulto de salida del Instituto. No se puede tener en nuestras comunidades a nadie que no lo quiera, porque los males serían más grandes. (T: res, non verba!)


Quienes fueron, además, miembros como sacerdotes ministeriales:
- Hay quienes han ido a otros Institutos y otras Diócesis y siguen ejerciendo, dignamente, el ministerio. Como se decía en España “ancha es Castilla”, en todas partes de la Iglesia se puede dar gloria a Dios y trabajar por la salvación de las almas. De hecho algunos de ellos nos piden predicaciones, hacen ejercicios espirituales con nosotros, nos envían vocaciones, están haciendo fundaciones, etc., es decir, mantenemos con muchos muy vivos los vínculos fraternos. (T: siempre hay boludos útiles)
- Otros dejaron el sacerdocio (son los casos, humanamente, más dolorosos): entre estos, algunos regularizaron su situación con la Iglesia, otros no sabemos. (T: "a donde están los desaparecidos, busca en el agua y en los pajonales... [Maná dixit])


2. Siempre hay dos términos de la relación


En lo que respecta a nosotros debemos tener siempre en cuenta frente a estas situaciones dos enseñanzas de San Pablo: “el que crea estar en pie, mire no caiga” (1Co 10,12) y “trabajad con temor y temblor por vuestra salvación” (Fil 2,12). Todos nosotros debemos estar convencidos de tener, como decía San Francisco Javier: “mis infinitésimos pecados” , porque como decía San Agustín: “Que pecado comete un hombre, que yo no pueda cometer…” (T: una prueba, hermanos del IVE: se comprueba que el Padre tiene "pecadillos"). No nos corresponde a nosotros juzgar a nadie (T: "¿en serio pensás dejarnos? ¡Sos un cagón!), sino tener misericordia con todos. Hay tantísimas circunstancias en la vida de los hombres, que generalmente desconocemos, por lo que no podemos juzgarlos con justicia (T: es decir, nunca sabrán por qué se fueron) . Los Superiores tienen obligación grave de actuar según derecho, en los casos determinados por el mismo derecho canónico y no más. (T: actuar "según derecho" desconociendo "generalmente" las circunstancias: ¡oh mores!)


La falta de perseverancia es algo que siempre ha pasado y pasará en la Iglesia. (T: te pisaste solito: ¡la culpa la tienen los otros!) Cuenta San Juan Bautista de la Concepción (?) una aparición del Señor que tuvo San Francisco de Asís: «Abro mi libro y leo estas palabras de una revelación sancta (T: aclaro: Melchor Cano no enumera estas "revelaciones santas" en su De locis theologicis) que tuvo san Francisco, y decía así: “estaba un día san Francisco muy afligido porque se le iban los pocos frailes que al principio tenía, y apareciósele Cristo y dícele: Francisco, ¿qué lloras?; esta religión ¿es tuya o mía? Respondió: Señor, tuya. - Pues, si es mía y ésos se fueren ¿no traeré yo otros?; y si no los hubiere nacidos ¿no haré yo que nazcan?” (T: scilicet: "Dios los pone en mis manos") . Leo esto y otras cosas que en su confirmación allí estaban escritas; y quítense mis penas pensando que aquella era piedra que de resultida me había a mí dado. Entro en mí y digo: esta Religión no es mía sino de Dios, a su cuenta se van, él traerá a otros o los buscará; y si no es hacienda mía sino suya, a su cuenta se pierde» (T: la culpa es de Dios). Y en otro lugar de sus obras : «…A esto alude lo que un día dijo Cristo a san Francisco, cuando lloraba la poca perseverancia de unos novicios: “Ven acá, Francisco –dice Cristo– esta religión ¿es tuya o mía? Respondió el santo: Tuya, Señor. Pues no llores, que a mi cuenta está el proveerla y aumentarla. Yo soy Señor de todas las criaturas y pondré en el corazón de los que conviene que vengan a poblar esta religión”» (T: ¿no estará comparándose con el Poverello, o sí).


3. Vivir la caridad


Lo que nunca debemos olvidar es vivir el precepto de la caridad y pedimos perdón si alguna vez hemos faltado, queriendo o sin querer. (T: sin palabras)


4. Ayuda mutua


Asimismo debemos ayudarnos los unos a los otros en todo lo que podamos. Todos somos hijos de Dios. Todos tenemos el mismo Padre celestial. Por todos Jesucristo derramó su sangre. Todos deberemos presentarnos un día delante del Juez supremo (T: oh sí, TODOS). Todos tenemos la misma Madre que nos protege.


Finalmente, a todos les estamos inmensamente agradecidos, por los momentos inolvidables que hemos vivido tan intensamente, y por el bien concreto que han hecho a la Iglesia y a nuestra pequeña familia, ya que sin muchos de ellos no hubiésemos podido fundar en tantos lugares. Y el Señor asegura que no quedará ningún bien hecho sin su justa recompensa.


5. Participación en los bienes espirituales (T: porque de los materiales, ¡minga!)


Además, salvo que alguno no lo quiera, los seguimos considerando como miembros de la Tercera Orden, participando del tesoro espiritual de nuestra familia (T: Pero Padre, ¿quién no va a querer? ¿No sabe del síndrome de Estocolmo?)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

creo yo que los comentarios carecen de fundamentos y a simple vista alguien que no esta informado en el tema se da cuenta que son hechos por parte de alguien que le tiene cierto recelo a la persona agredida, carece de seriedad y por el esmero en atacar al cura queda un ataque de manera grosera y hasta burda utilizando terminos de la lengua latina sin ton ni son.
en segundo lugar, hay que tener cuidado de juzgar a otra persona, porq se puede destruir la reputación de una persona inocente, pero sino es inocente en el caso que de verdad tenga culpa, todos los hombres por el mero hecho de ser hombres nos equivocamos y muchas veces de mala manera, por lo que las acusaciones deberian tener un fundamento totalmente comprobable, de lo contrario se deberia ser mas cuidadoso en las declaraciones.
Y tercero me gustaria que si estan tan seguro de las acusaciones y de todos los que apoyan las mismas den nombre y apellidos, no deberian quedar en la clandestinidad por que dadas las situaciones de hoy en dia no son mas que cobardes si adoptan esa postura.

Anónimo dijo...

El texto del Padre Buela es realista y lleno de sabiduría,el que está en rojo tiene olor a calumnia, no es claro, da por supuesto lo no explícito, insinúa más que expone, se presta a equívocos.