La última marcha



Un tercer post dedicado al tema del homomonio, y la reacción por parte del pueblo fiel comandada o no por sus pastores, es demasiado. Éste será el último, con marcado ánimo de no tocar más el tema. Al fin y al cabo hay gente a la que le gusta revolcarse en las miserias del catolicismo, y gozarse de lo “mal que estamos y lo bien que estoy”. Yo no soy de esos, y valga para prueba la lectura concienzuda del primer post, donde declaro mi apoyo a todos aquellos que de buena gana y con ánimo viril vieron la veta para cumplir con su conciencia. Lo allí escrito fue a título personal, mi postura frente al tema. Y para más, invité a los casuales lectores de este pobre blog a argumentar en favor del contrario. La tarea de revolcarse en las excrecencias de la pobre tropa, de la que soy también indigno camarada, quede para sitios que no dudan en arrastrar para sus filas aun a los que consideran fuera del cuerpo místico, mediando ellos mismos de pontífices o algún clerigus vagus.


Mientras escribía este post recibí la llamada de un amigo del interior del país, que había concurrido a la manifestación en Congreso contra la aberración homosexual. Le hice saber mis recaudos al respecto, con los mismos argumentos que esgrimiera con anterioridad en el primer post.


-Mirá, me dijo, vos me conocés, y sabes que estoy apaleado por los dos lados. No hay nada que quiera más que luchar por la causa de Cristo, vivo para eso. Mi situación personal, mi enfermedad, me tiran para abajo, me sumen terriblemente en la congoja y el desánimo. Ayer, entre tanta gente, que como vos decís, desconfío del cristianismo que les hacen profesar, me sentí reconfortado. Qué querés que te diga, un montón de mujeres, pibes, curas, que amagan resurgir de ese sopor de años, de siglos, según vos. Yo volví a mi casa con otros ánimos, con ganas de meterle para adelante. A lo mejor no resulta nada de toda esta movida, pero quedate tranquilo, que tarde o temprano la “movida” va a ser general. Sangrienta, mejor.


En fin, el sentir de todos los católicos “del palo”. Genuino, magnánimo en muchos, defendible y promocionable al 100%. Y del que no quisiera sustraerme por elevación, como ave de rapiña a la espera del último estertor de la res finiquitada. Ni tampoco es ni ha sido la intensión, me atrevo a decir, sin licencia, de amigos como el querido Wanderer. De ellos, como de tantos otros, sería de los últimos en desconfiar pretensiones farisaicas, y de los primeros en contar para redadas de lujo, llegado el momento. Que, por cierto, de hace años vienen dando por los corredores bloggísticos.


El sed contra que esgrimo, no sin pesar –Dios y mi alma son testigos- es el referido al sustrato de toda la movida anti-putimonio, al que adhirieron sin vacilar tanto progres como tradis. Hasta la FSSPX se hizo presente, con estandartes carlistas y fajas ajustadas. Todos a una, “formando un solo cuerpo, un cuerpo que en la pascua nació…”


La confianza en que el deber del catolicismo argentino se jugaba en la plaza del Congreso, en que el mero hecho de congregar a una multitud enfervorizada por cantos y saltos de tablón basta para definir el quo de la guerra.


El que los obispos no tengan en mente una estrategia seria, pase lo que pase en el recinto del senado, para afrontar activamente la lucha. Que, de nuevo, el quo se defina en las calles ante que en las inteligencias, en los corazones.


Me pregunto, ¿hay algo pensado, planeado, como medida cautelar en el caso de aprobarse el matrimonio gay? Porque ya no servirán las marchas, habiéndose vacunado con una buena dosis de autoconfianza la sesera oficial, que ya no le importa un bledo si 100.000, o un millón de tipos se le agolpan en Rivadavia para manifestar su desacuerdo ciudadano.


Viene a mi mente la postura del maestro Cleto en México, resistiéndose en un principio a la lucha armada, pero tomando parte luego, al ver que los canales de resolución pacífica se habían irremisiblemente agotado. Pero más aun, percatándose de que los altos de Jalisco eran capaces de plantar cañones porque la gleba estaba preñada de la solidez serrana de un pueblo sencillo como el nuestro, en su franqueza laical, mas motivada por un término claro y convergente: la fe clara.


Y acá tuerzo la mano, obligado por la evidencia histórica. Seré el primero entre mis pares en tomar los fierros, si viniera el caso, en seguir, marcial cortejo, las vías de una defensa activa que me costara lo poco que soy y tengo. Pero no así, desdeñando el examen que todo subordinado tiene en su ajuar de guerra: el de percatarse si su jefe está loco, o es un necio con poder.


Si salimos perdiendo de esta, valga una lección más para esta pobre patria que quiere ser católica, pero se resiste a exorcizar sus demonios. Valga para nuestros pastores, que habrán visto por las pantallas de sus sendos plasmas a una grey de corderos, borregos, cabritos y terneros mamones que aun -las intensiones las premia, castiga o endereza Dios- mal que mal, rengueando y con sus patas enlazadas, responde. Que valga, para que el próximo llamado resuene en clarines de plata, y no en vuvuzelas ordinarias. Para que de una vez por todas se percaten de que la lucha esta tiene un saldo de salvación, que los confines de la gracia se ponen en movimiento para realizar un gasto tremendo de fuerzas humanas -como las de mi amigo- corazones e inteligencias refrendados por el sello bautismal, con el único fin de lograr la mayor ganancia, a favor de los elegidos que Dios ha predestinado desde siempre. En fin, que este es el sustrato de la lucha, de la “movida católica”.


Y si se gana esta batalla, que sirva de lección el “casi casi”, para torcer el timón y encarar una evangelización en serio, para que de acá a uno, dos, o 100 años no nos venga a salir de nuevo el tiro por la culata, con disposiciones civiles pergeñadas por nuestros mismos educados, por antiguos universitarios católicos devenidos en senadores pluralistas.


Yo, particularmente, no tengo esperanzas en este punto. Que Dios se encargue de refutarme con su infinita generosidad, con sus caminos, de misterio plagados.


Hay un tango, creo que de Edmundo Rivero, o al menos de él lo escuché, llamado “La Canchera”. “Bien sabe que a su hermosura ya le quedan pocos años/también sabe que los años se morfan cualquier pintura…” dice una parte. Y vaya si viene a cuento. El tiempo, ese módulo del pasar, encrucijada de las mortalidades superpuestas que dijera Castellani, termina por develar la vera faz de la doncella escondida tras revoques de brillantina. Las cosas que se emprenden mal, en detrimento, tarde o temprano de enjundiosas fuerzas humanas, dejan un saldo de desazón, desventura y desesperanza tremendas. No dejan ganas de seguir, ni de confiar en los que animan a re-comenzar.


Seriedad en la pugna, sobre todo. Para que el tiempo no nos traicione mostrando cuan pálido es un cadáver tras kilos de rímel y lápiz labial.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tal vez la resolucion del planteo inverosímil venga-como en algunos teoremas-por vía del absurdo.
Dios no se va a quedar rezagado...

Anónimo dijo...

alguien esta publicando reminiscencias, faltan los documentos pero ya es algo

http://prensacatolica.wordpress.com/