Hic et haec homo (II)



De: Castellani L., El nuevo gobierno de Sancho, Bs. As., Theoría, 1964. pp. 140-146.



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LA MUCHACHA MODERNA



No no, Sancho amigo: huye, huye destos inconvenientes; que quien las echa de hablador y de gracioso, al primer puntapié cae y da en truhán desgraciado

Cervantes.



A penas hubo el rubicundo Apolo su auribronceado esmalte extendido por la sobrehaz ebúrnea de la espaciosa urbe y sus contiguos campos, cuando ingresó el nuevo Gobernador a la sala de las Equívocas Equivalencias para resolver los asuntos del día. Apenas se hubo sentado en su trono, cuan¬do el doctor Pedro Recio le presentó para su examen un ser de inmane catadura.


—¿Qué es esto, doctor Recio? —Una muchacha moderna. O "nueva ola", como las llaman. —¿Qué quiere? —Ser nombrada Inspectora de Educación Física de todos los varones de la ínsula.


Miró Sancho a la interfecta, la cual parecía un automóvil de luto por dos grandes gafas negras que traía, y dejando aparte los vestidos, traía en vez de chapines o chinelas unos grandes borceguíes o sea alpargatas de lona blanca con suela de lo mismo, marca Silencioso Kelly, y en la mano una especie de máquina de matar moscas tamaño superlativo con una banda en el pecho que decía: "Campeona de tenis, salto en alto, en bajo, en profundidad, cabeza abajo y mortales de todas clases", mientras saboreaba voluptuosamente un gran toscano de a dos por cinco, de esos que fuman los boteros de la Boca. Después de lo cual se entabló entre ella y el Gobernador el siguiente diálogo:


S. — ¿Usté es una muchacha moderna?
M. — Araca —dijo ella.
S. — ¿Y por qué?
M. — Porque ya no somos como las antiguas.
S. — ¿Y en qué se diferencian?
M. — En todo. Nosotras fumamos, nosotras chupamos, nosotras somos volantes, nosotras tenemos revistas para nosotras solas, no aptas para hombres, y a los hombres los tenemos bien achatados y no les hacemos el menor caso, como si no existieran, puesto que es hora que acaben los tiranos en el mundo.
—¿Y no leen novelas de Carlota Braemé?
—Nosotras leemos a Proust, Gide, Valéry, Mallarmé, Mallea, la revista "Atlántida" y la filosofía de Einstein.
—¿Y no tejen escarpines y manguitos para los sobrinos?
—Nosotras damos conferencias por radio, porque sobrinos no tenemos ni tampoco los queremos.

Consideró Sancho a su interlocutora con mudo asombro y desconsuelo, en tanto que ella empezó a contonearse y caminar con las puntas para adentro como los boteros de la Boca; y entonces Sancho le dijo:
—¿Qué es el amor?
—El amor no existe —dijo ella.
—La belleza. . . . —empezó Sancho.
—La belleza física suele estar en proporción inversa de la inteligencia: por eso las cabezas de los obispos suelen ser tan majestuosas, dijo el genial Oscar Wilde.
—¿Usté nunca se ha paseado lentamente en un jardín al claro de la luna?
—¡Abajo la luna! —exclamó con rabia la doncella.
—¿Usté nunca ha llorado de amor?
— ¡Ja, ja, ja! (con carcajada cínica). ¡Ja, ja, ja! Nosotras no lloramos nunca y al amor lo hemos aniquilado.
—Vistiéndose de ese modo. . . —empezó Sancho.
—Lo hemos aniquilado dentro de nosotras.
—¿Y qué es el hombre?
—El hombre es un camarada, un compañero de trabajo, un ser infecto, una porquería, aunque sumamente útil para hacer mandados. Al hombre nosotras lo vamos a atar corto. La revolución francesa proclamó los derechos del hombre. Nosotras hemos proclamado los derechos de la mujer.
—Pero deveras, dígame la verdad, ¿usté nunca ha llorado de amor ni por broma, o sea, con esa mañita de llorar a destiempo que tenían en mi tiempo las mujeres?



Mirólo la interfecta llena de rabia y contestó con cierta vacilación.


—La única vez que he llorado en mi vida fue en una conferencia que dio Derrota Ovilla sobre el suicidio de Alfonsina Lorca.


Quedóse Sancho terriblemente suspenso al oír esto sin saber si le daría o no el cargo de Inspectora General de Educación Física; por lo cual todos los cortesanos quedaron también suspensos, sin saber si le darían el dicho cargo. Pero en ese instante tuvo el doctor Pedro Recio una idea genial y fue que, tomando una mandolina, se bajó al pie del alto ventanal del palacio y empezó a entonar con la atiplada voz de sus mocedades —¡ay! ya idas— una canción-tango en brasileño del Maestro del Cancionero Rioplatense llamado un tal Gardelito Canaro (o Canario, que en esto no están conformes los cronistas), que empezaba así, si no mienten las historias-.


Se avessi un mandolino
o pure un buon violino,
mio amor te canterei, sí, sí,
mio amor te canterei aquí.
Ma senza uno stromento
non c´e caso di vento
e allora ¿qué faréi? sí, sí,
te lo fischio cosí, te lo fischio cosí-í-í-í-í.



A cuyo dulce y tierno son apenas comenzado, empezó a llorar como una desesperada la interfecta, con grandes goterones que le cortaban como surcos la costra del colerete tono Rosa-Hada o Pétalo; pero lo grave del caso fue que se precipitó al Gobernador y tomándolo todo entero en sus robustos brazos empezó a decirle adorado mió, mi tesoro, mi vida, mi corazón, mi todo, mi perrito, mi pomerania, mi partner, y todo el vocabulario, que Sancho se quedó enteramente sin resuello y al principio no sabía qué hacer, hasta que empezó a ordenar a los gritos.


—¡Cierren la puerta! ¡Cierren la puerta! ¡Y al primero que le cuente esto a mi mujer, lo mando a la cárcel por cuarenta años!


Y en efecto, de todo esto Sancho evidentemente no tenía la menor culpa, como testimonió inmediatamente el capellán, sino aquel demonio del doctor Pedro Recio de Mal Agüero. Por lo cual reportándose Sancho inmediatamente, y recobrando toda su dignidad perdida, aunque le ardían los cachetes como dos magnos pimientos morrones, dio un golpe con la tranca en el suelo y dictó el siguiente


Decreto


¡Abajo la luna! ¡Abajo los claros de luna, las serenatas, los mandolines, los claveles, los parques otoñales, los madrigales, los suspiros románticos, las querellas, las poesías de Amado Nervo, la primavera, y la inmortal pareja de Verona! ¡Viva el aluminio! ¡Viva la civilización fachista, la mujer en su casa y Dios con todos! ¡Mueran los inmundos, salvajes y asquerosos poetas rubendarianos y amadonervianos! Año sexto de la liberación insulínica.


Considerando:


1° que por reacción contra los empalagosos poetas del siglo pasado, que las ponían de huríes, sílfides, ninfas y linfas que era un asco, las mujeres se han vuelto demasiado musculares y masculinas, en lo cual yo les doy la razón en parte;
2" que la educación física es un gran bien, pero perder la vergüenza y no saber coser botones es por el contrario un mal;
3° que las muchachas modernas gracias a Dios son en lo esencial lo mismo que las antiguas, sacando dos o tres cosas de mal gusto que la culpa la tienen los padres y las madres. . . y los varones jóvenes en general.


Determino y decreto:


1º Aumentar en un 75 por ciento el impuesto a las muchachas modernas.
2'º Destinar un tercio de mis rentas personales a la antigua y delicada obra de misericordia de San Antonio de Padua llamada "dotar doncellas".
3º Confiscarle a la presente la raqueta de tennis y el paquete de toscanos, y regalarle "isofasto" una fuente de plata, un aguamanil, dos blanquísimas y riquísimas toallas y una redonda pella de jabón napolitano, prohibiéndole por tres meses que camine como los marineros de la Boca.
4º Prohibir que toda doncella destos reinos se dedique a la forja, a la minería, a la guerra, a carreras de a pie o a caballo, al fútbol, al rugby, al profesorado de filosofía y matemáticas, a componer asfalto, a la agronomía y a toda clase de trabajos hercúleos y atléticos.
5" Mandar que las más hermosas doncellas destos reinos sirvan de ornamento y decoro en los estrados de las reinas, sean del cielo o de la tierra, como ser la Iglesia Católica y el salón de mi Señora la Gobernadora, ocupándose allí de hacer encajes de randas y volandillos, dulces y merengues, de visitar presos, enfermos y desconsolados y de salir en procesiones vestidas de Vírgenes, Mártires, Ángeles, Santas y toda la corte celestial..."



Dictado lo cual y puestas las rúbricas de rúbrica, dio el feliz Gobernador la señal de los festejos, los cuales consistieron aquel día principalmente en el obelisco con chistera, bigotes y monóculo, lo cual le daba una apariencia de profunda dignidad y reverencia.

Hic et haec homo (I)



Las cabreadas de A3 en el blog de Fray Rabieta se extendieron también hacia este humilde cuchitril, a raíz del vocablo “pel…” que dimos por usar y repetir en demasía. Nuestras disculpas a todos los que vieron afrentada la casta lengua de Cervantes. Reconocemos el desubique, al parecer tan propio en “los machos del palo” (sic). Argentinismo tan vulgar y corriente, aun manteniendo su significado denigratorio objetivo, no parece ser digno de pronunciarse en las castas bocas cristianas. Prometemos fehacientemente trabajar para extirparlo, como otros que sería de bellacos, zafios, rufianes, sandios y musulmanes traer a escritura. Perdón, entonces, a todos.


Traigo aquí pues una pequeña entrevista al doctor Guerra López publicada en el boletín de la capellanía de la Universidad de Piura, acerca de la cuestión femenina, tan llevada y traída, aun en el mismo Magisterio. No compartimos algunas de las consideraciones del entrevistado, pero rescatamos su idea de “des-masculinización” de la sociedad por el lobby feminista.


Por lo demás, esto de inflar abusos y crear misiones especiales en el mundo de hoy, sin una mirada seria y desinteresada, parece filfa. Sostenemos la contraria de Fray Rabieta, con sus matices, claro: la degradación de la mujer produjo la degradación del varón. El afeminamiento, el “metrosexualismo” (puaj), vienen de la mano del eclipse de lo masculino que dice López. Y aun así parece, por lo menos así lo veo yo, que las mujeres, por encarnizamiento diabólico, llevan la ventaja en temas de zafadurías y denigraciones. Lo que no significa que “los machos del palo” seamos menos malos, sino que caemos todos los varones en cayéndose su complemento existencial




¿ECLIPSE DE LO MASCULINO?


Existe un verdadero eclipse de lo masculino motivado por «algunos feminismos sumamente unilaterales» y por «el machismo».


Afirma el filósofo Rodrigo Guerra López, doctor en Filosofía por la Academia de Liechtenstein, profesor de la UNIVA-Querétaro y miembro de la Academia Pontificia para la Vida en una entrevista concedida a Zenit el 10 de diciembre de 2006.


--¿Por qué el tema de la identidad sexual es hoy tan relevante en los debates sociales?


--Prof. Guerra: La sexualidad es una perfección que atraviesa todas las dimensiones de la persona humana. Por eso desde siempre ha tenido un interés y una importancia antropológica y cultural enorme. En la actualidad el “ethos” postmoderno ha puesto en crisis el tema de la identidad: social, psíquica y hasta somático-sexual.


En este contexto el ser humano busca nuevos referentes para explicar su sexualidad, para interpretarla, para realizarla. Estas búsquedas, si no se re-articulan de modo adecuado en una antropología integral, pueden lastimar la propia dignidad alienando una estructura humana sumamente delicada.


--Son frecuentes los debates en torno a la "vocación", "identidad", "derechos" y "condición" de la mujer. Pero, ¿por qué motivo no se habla de la "condición masculina"?


--Prof. Guerra: Precisamente cuando el debate teórico y político sobre la mujer se despliega al margen de una antropología integral, el vínculo esencial mujer-varón y varón-mujer queda como oscurecido. El varón y la mujer son dos rostros, dos realizaciones empíricas de lo humano.


Existe un verdadero eclipse de lo masculino provocado hoy por una doble vía: por una parte están algunos feminismos sumamente unilaterales y por otra está el machismo, aún en sociedades aparentemente “desarrolladas”. Ambos fenómenos disuelven el ethos propiamente masculino.


--Usted afirma -en algunas de sus investigaciones sobre antropología de la sexualidad- que la vocación femenina consiste en “custodiar lo humano”. ¿Esta vocación no es compartida por los varones?


--Prof. Guerra: “Custodiar lo humano” es una de las modalidades de expresión de la vocación femenina. Sin embargo, muchas perfecciones femeninas son realizadas también por el varón.


Esto no nos debe de sorprender debido a que varón y mujer poseemos las mismas facultades y la misma dignidad.


La especificidad femenina se define principalmente por el papel que juegan algunas perfecciones en el momento de la integración y la trascendencia de la persona en acción.


Una misma naturaleza humana está como articulada de dos modos diversos, complementarios y recíprocos. Así pues, la diferencia entre varón y mujer no es de naturaleza, sino de acentos y matices en la realización de lo humano.


--¿Se podría decir que otra característica propia de la mujer es su “intuición”?


--Prof. Guerra: Varones y mujeres somos capaces de intuir y de razonar. Sin embargo, no es difícil reconocer que el varón suele privilegiar el discurso y el análisis, mientras que la mujer en su desempeño habitual privilegia la comprensión de contenidos mucho más holísticos y esenciales.


Usando el lenguaje de San Agustín, podríamos decir que la mujer despliega con gran fuerza el “intelectus”, mientras que el varón hace lo propio con la “ratio”.


Ahora bien, la “ratio” debe estar al servicio del “intelectus”, la argumentación al servicio de la comprensión.


Desde este punto de vista, mirar el mundo desde una perspectiva primordialmente masculina es sumamente incompleto. Es necesario incorporar la mirada femenina para una recuperación más global de todos los factores de lo real.


--En sus escritos usted recuerda que se ha marginado sistemáticamente a la mujer a lo largo de la historia. ¿Qué es necesario cambiar? ¿Bastan las reformas legislativas?


--Prof. Guerra: Las reformas legislativas tendentes a reconocer en plenitud los derechos que goza la mujer son muy importantes.


De nada sirve proclamar retóricamente que la mujer posee dignidad si esto no se traduce en instituciones como el Derecho.


Ahora bien, el Derecho para poder ser efectivo requiere de una cultura, de una educación, que lo aprecie, que lo facilite en su ejecución, y que eventualmente lo desarrolle en su expresión.


Una nueva sociedad emerge cuando la cultura que la vitaliza se renueva desde sus fuentes más originarias.


Desde el comienzo del ser humano en la tierra, la mujer ha resultado ser un sujeto privilegiado para la creación de cultura, es decir, para la creación de auténtica “humanidad”.


--A la luz de estas consideraciones, ¿en qué nos podemos inspirar para entender el papel que le corresponde a la mujer en la Iglesia?


--Prof. Guerra: El Papa Juan Pablo II ha colaborado como nadie en el esclarecimiento del fundamento teológico de la participación y misión de la mujer en la Iglesia.


La mujer, al igual que María, esta llamada de una manera misteriosa pero real a colaborar en la obra de la Redención. Ahora bien, es necesario reconocer que existen resistencias para activar pastoralmente la doctrina del documento “Mulieris dignitatem”. La praxis pastoral de la Iglesia sería distinta si tomáramos en serio sus contenidos. Muchos siguen tratando a las mujeres como seres humanos de segunda, como sujetos destinados exclusivamente a labores de servicio asistencial o de educación básica.


No existe fundamento filosófico o teológico riguroso que argumente que la mujer no puede enseñar teología, no puede coordinar una estrategia pastoral, no puede activar una iniciativa política cuando es fiel laica.


¡Cuantas veces las mujeres son las primeras que llegan al pie de la Cruz mostrando de manera ejemplar el seguimiento real de Jesucristo! ¡Cuánto deberíamos aprender de este tipo de gestos! ¡Cuánto deberíamos agradecerlos todos con humildad!

La argentinidad al palo.



“A un hombre que se quiere engañar

¿qué castigo le hemos de dar?

Dejarlo que se engañe, ch´amigo.

¡No hay pior castigo!


(Castellani, Las canciones de Militis)


Dígame, Padre, y no mienta:

De los tontos ¿qué hace Dios?

Nacen cada día ochenta

Y mueren al año dos.


(Castellani, Las ideas de mi tío el cura)



No hay nada para mi tan despertante por las mañanas, antes de comenzar con el trajín odioso de la ciudad confiada, como una buena dosis de diario argentino. La enterné me lo suministra, en bandeja pixelada.


Hoy La Nación nos vuelve anoticiar de la imperturbable moda argentina -ancestral, si no fuese por los pibes que la modelan- de tomar, cortar, quejarse y patalear, por el simple y reverendo gusto de patalear. Así somos los argentinos: una nación volcada al exterior, imprevisible, aunque muchas veces parezca lo contrario.


La Argentina vive en Bs. As. Es así, y que protesten los hermanos del interior. Que la alpargata, que el poncho, que la guitarra y el asado con cuero. Las penas son de ustedes, las vaquitas, paisanos, son nuestras.


Acá se teje el futuro de un pueblo sin alma, que se niega a crear y se condena, por ende, a perecer.


Que hay que pensar en las generaciones futuras, que el destino de nuestra patria está en los jóvenes, que la sangre nueva ya vendrá, que algo tenemos que hacer. ¡Dejemos de hablar como argentinos, por favor! ¡Futuro un cuerno! Un futuro a lo argentino queremos todos: un futuro de yerba, tango y tira de pecho a dos pesos el kilo, misas gratis y estipendio un cuerno.


-¡Si las vacas son nuestras! ¡Vende-patria progresista traidor salvaje unitario! ¡Viva la Santa Federación!

-¡La argentinidad al palo!


Nada mejor que los comentarios on-line de los lectores mañaneros. De cuerpo entero se yergue la sombra argentina, para desvariar, y la mayoría de las veces, para acertar. Curiosidad: conservadores liberales tras las pantallas, anarquistas permisivistas en la realidad. Así es el porteño. Y ustedes, los del interior tradicional, imitadores.



Alumnos secundarios de la Capital mantenían hoy la medida y podrían realizar una marcha a la Legislatura; Macri se comprometió a presentar un plan de obras en 48 horas.


Comentario 1: Quiero creer que esto tendrá consecuencias para los aprendices de políticos que se está gestando. Muchos supongo quedarán libres y quienes deben tomar lista no lo hacen deberán ser sancionados. Los que apoyan a estos niños, incluidos sus padres, no han tomado conciencia que este es el futuro del país, escuelas tomadas, fábricas tomadas, calles cortadas, rutas y puentes internacionales cortados. Se están preparando para nada, o mejor dicho para ser políticos, para la única profesión que lo esencial es no estar preparado, ser inculto, inepto, no tener ética ni moral, ser autoritario, y un pequeño ingrediente que si bien no es indispensable casi todos lo aprenden velozmente, se llama corrupción.


Comentario 2: Parece que la cabeza no des dá para más. Hay que dejarlos y esperar, ellos se creen bandera de algo pero son unos pobres muchachos que cuando crezcan van a ser bastante menos que el que estudia., se van a arrepentir de tanto daño y tanto tiempo perdido. Lo curioso es que entre tanto salame no haya -aunque sea un poco- de jamón crudo.


Comentario 3: jajajajajaja - - como es obligaciòn de la ciudadanìa OBLIGAR a estos chicos a ser mejores, no peores, personalmente yo aplicarìa el sistema doña lydia, unas cuantas patadas en el cl y a estudiar sin meterse en lìos. demasiada sicologìa barata aplicada a la permisividad. ASÍ ESTAMOS.


¡ASÍ ESTAMOS! La eterna muletilla del gran pueblo argentino salud. ¡Así estamos! ¡Así vamos a estar para siempre! querrás decir.


-¡Liberal vende patria! ¡Desesperanzado! ¡Eso no es de cristianos! ¡El Evangelio es optimismo puro, esperanza de amor y reconciliación! ¡Esperanza de Cristiandad!

-¡La argentinidad, al palo!



Del éxtasis a la agonía
oscila nuestro historial.
Podemos ser lo mejor, o también lo peor,
con la misma facilidad.



-Tiene que volver la mano dura. O si no, votar al Cabezón, como me dijo Mons. A. Es el mal menor, la única salida.


-Mons. A. es un liberal.


-No te lo voy a permitir, blasfemo. Es nuestro padre espiritual y sabe cosas que vos ni yo sabemos: es super-inteligente.

-Y súper pelotudo, y súper oligarca y súper vende altares, y súper anti-grasa y súper…man. Por tu pelotudo, y los de su especie… ¡así estamos!



¿Cómo castiga Dios una raza de pelotudos (porque es pecado ser pelotudo en cuestiones de religión y política, o sea, en lo esencial-espiritual del hombre)?


Lo castiga con pelotudos que quieren des-pelotudizar, o sea, con necios. Magnates necios, políticos necios, obispos necios. O sea, nos confina a nuestra accidentalidad.


“Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta y haya para él sanidad” (Is. 6, 13).



Un país sin jefe, un país sin poeta,
un país que se divierte, un país que no se respeta.
“¡Que Argentina al Sur ni Argentina al norte!
A mí lo que me agrada es bailar con corte”


…………………………………………………………


Gigantes como el Obelisco,
campeones de fútbol,
boxeo y hockey.
Locatti, Barreda,
Monzón y Cordera
también, matan por amor.
Tanos, gallegos, judíos,
criollos, polacos, indios, negros,
cabecitas... pero con pedigree francés
somos de un lugar
santo y profano a la vez,
mixtura de alta combustión



¡ARGENTINIDAD, AL PALO!

El canto en lo Sagrado


La cuestión del canto litúrgico reviste, hoy más que nunca, una importancia capital. El avance de la fealdad, del mal gusto, parecen ser imparables. Dan en nuestras almas, constantemente. En las calles, en los subtes, en los mismos monitores, inoculando un formato estandarizado de figuras estáticas, de ritmos enloquecidos, de contorneos arrastrantes.

Decía Fray Petit de Murat que lo feo angustia la inteligencia. Y vaya si es cierto. El cultismo de lo retorcido choca con la luz de la razón, hecha para campear en los contornos de lo sublime, que dijera Kant.

Lo Sagrado, de alguna forma, agota el concepto de belleza. Como decían los antiguos, es tremendo, y a la vez fascinante. Excita los sentidos espirituales, y penetra en las habitaciones reales del espíritu.

Es la música, en los límites de lo sagrado, el transporte más eficaz hacia el fascinante mundo de lo espiritual. Y la Iglesia, celosa de allanar los senderos hacia lo tremendo, ha contribuido, en los silenciosos lugares donde se trenzan las pausadas plegarias monacales, a sublimar los ritos con el gesto prístino de la entonación sagrada.

Lamentablemente, el huracán diabólico del padre de la desentonación vino a borrar en gran medida el sentido de lo sagrado en el canto religioso. Lo que el progresismo niega en sus ceremonias sacrílegas es nada más y nada menos que el Ser convertido con la pureza ritual, el puente diligentemente levantado por los viejos ingenieros de la voz que nos arrebataba de los tugurios mundanos. Barrido el límite entre lo sagrado y lo profano, queda solo urdir pasarelas, tambaleantes entre dos abismos: el de lo sagrado mundaneado y el de lo profano salpicado de sagrado.

Los dos textos del maestro Disando que siguen a continuación sirvan para ilustrar lo dicho al respecto.



De: Carlos Disandro, El son que funda, La Plata, Decus, 1996, pp. 341-346.


EL CORO GREGORIANO (II)


El abandono del canto gregoriano por la comunidad cristia­na señala, en cierto modo, la quiebra de los más auténticos y eficaces valores estéticos del culto católico. Desde el punto de vista religioso, por otra parte, este abandono implica la altera­ción de los vínculos normales con la "fuente primera e indispen­sable del verdadero espíritu cristiano" y, por lo tanto la desapari­ción del vínculo entre el culto y la cultura cristiana. En esta ocasión, sin embargo, sólo queremos referirnos a aquellos valo­res estéticos del coro gregoriano y a su significación fundamental en la historia de la expresión cantada.


Hablando del canto alemán -popular y artístico- hemos afirmado que en el canto las cosas viven la anticipación de su vida transfigurada. El canto corona la realidad y la interioriza trasladándola a un ámbito propio. Este principio se cumple y, sobre todo, se manifiesto con una plenitud particular en el dominio unisónico del coro gregoriano. Desde el punto de vista estético encontramos: primero, la más íntima unión entre pala­bra y melodía; segundo, la más perfecta significación de la palabra como dimensión de la comunidad, que vive el acto de su transfiguración propia y promueve en consecuencia la trans­figuración del cosmos entero en el universo simbólico de la liturgia; tercero, el acto más perfecto de inspiración, que no está sometido al mundo cambiante de la emoción humana, sino que traslada, en cierto modo, la dirección y el sentido de la bienaventuranza divina: todos en uno y uno en todos. De ahí nace la objetivicidad del canto gregoriano, su limpidez expresiva y el carácter humano-divino, por así decir, con que su melodía rescata las cosas y el hombre de la precaria cotidianeidad que las quiebra y desgasta, para otorgarles el movimiento de la gloria La glorificación, pues, se cumple en la dinámica del coro gregoriano que es, desde este punto de vista, la más perfecta instancia pedagógica y la que construye la interioridad religiosa al margen del individualismo, inoperante y estéril.


Muchos católicos, lamentablemente, han olvidado el estudio de los grandes documentos pontificios de Pío X, Pío XI y Pío XII sobre la importancia primordial de esta pedagogía en la forma­ción del pueblo cristiano. En múltiples ceremonias, capitales en cuanto el pueblo cristiano asiste allí no como masa ni como multitud, sino como comunidad, solemos oír melodías de un pésimo gusto, que nada tienen que ver ni con la belleza, ni con la santificación, ni con la interioridad religiosa. La comunidad carece de su modo expresivo y de su fuente educativa. El canto gregoriano queda como cosa de arqueólogos, como arcaísmo que se respeta, pero que se evita cuidadosamente para no parecer antiguos en un mundo que envejece tan rápidamente a fuerza de modernidad. ¿No será ésta una de las causas más importantes en la declinación del verdadero espíritu cristiano y en la difusión del mal gusto sobre todo en lo que atañe a la música? ¿No habrá llegado la hora de confiar menos en los tecnicismos ilusorios, para retornar al canto y a su vigencia estético-religiosa?


Artículo publicado en La Hostería Volante, n" 3, La Plata (Repú­blica Argentina), octubre de 1959, pág. 22, firmado con el seudóni­mo Germanicus.




LA CUESTIÓN DEL CANTO GREGORIANO


Algunos debates conciliares, pero sobre todo la acción post­conciliar han demostrado la falacia de este aggiornamento li­túrgico en lo que atañe a la música litúrgica, y en especial a la cuestión del canto gregoriano. En el proceso de judaización de la Iglesia y de su culto, la eliminación del canto gregoriano cumple una etapa decisiva en la modernización y profanización de la acción cultual. Esto se ha cumplido, desde luego, con delicado fariseísmo, pues mientras la Constitución Litúrgica, sancionada por el Concilio, establece enfáticamente la superioridad y necesi­dad del canto gregoriano (al que parece seguir reconociendo como modelo de la música y el canto sacros), el aggiornamento, el "espíritu" del Concilio ha barrido impúdicamente con todo rastro de nobleza estética y religiosa en el canto. Vemos de esta manera multiplicarse los adefesios, copiados (o imitados» de otros adefe­sios, como los del P. Gelineau, S.J., los que, según una norma inexistente y según una autoridad más precaria aún, pretenden ser impuestos a la sensibilidad del pueblo cristiano. Citamos como ejemplo el salmo Dios es mi pastor, que hemos oído en diversas oportunidades, y que sin duda demuestra nítidamente lo que es un canto sin caracteres musicales, sin caracteres corales, y desprovisto de significado estético-religioso. Es infini­tamente más difícil aprender el adefesio de ese salmo, musicado a lo Gelineau, que entonar algún Kyrie gregoriano, o alguna antífona de la Virgen, manteniendo desde luego la lengua latina.


Nos parece oportuno reproducir aquí una cita del prof. Duruflé (del Conservatorio de París), uno de los organistas más competentes de Francia (Ilustración del Clero, Madrid, enero de 1966): "El canto gregoriano se halla sin duda muy amenazado a pesar del art. 116 de la Constitución Litúrgica que prescribe la conservación del gregoriano, el cual 'debe ocupar el primer lugar en la liturgia romana'. A pesar de esto, se asiste actualmente al más completo desorden en lo referente a la música litúrgica, que deja muy atrás las directivas conciliares. Con el pretexto de que la lengua vulgar está 'autorizada' (no prescripta) en ciertas partes de la Misa, el canto gregoriano, indisolublemente unido al latín, ha sido eliminado de la Iglesia, o sólo 'provisionalmen­te' mantenido. Basándose en esta 'autorización', una parte importante del clero persigue con furia terrible de destrucción todo lo que pertenece al pasado, con la disculpa de 'renovación musical litúrgica'. Pero, ¡qué renovación! Hasta ahora sólo vemos amontonadas ruinas sobre ruinas, y de entre esas rui­nas aparecen unas miserables melodías con letra francesa, que tienen la pretensión de reemplazar ese monumento irreem­plazable que es el canto gregoriano ¿Qué significa esta anar­quía musical del hoy? Mientras tanto, los protestantes que envidian nuestro patrimonio musical incomparable conservan cuidadosamente sus cantos tradicionales. Ellos saben que una música de calidad puede ayudar a la vida interior. Ponen el mayor cuidado en la ejecución de sus corales y en que partici­pen los fieles. Entre nosotros, por el contrario, la asamblea de los fieles es considerada actualmente como una asamblea de retardados o 'subdesarrollados', a los que hay que hacerles cantar, con gusto o por la fuerza, una serie de vulgaridades musicales. Los fieles se niegan o se van. Entonces se acusa al pueblo de ser 'rutinario', de tener 'prejuicios', de estar 'lleno de cosas primitivas e infantiles'. Tales 'encantadoras' palabras han sido escritas por el R. P. Riquet, S.J. en el diario Le Fígaro, precisamente contra los que se obstinan a cantar el Credo en latín".


Podríamos citar también el caso del organista Evencio Castellanos, director del coro de la Catedral de Caracas, que ha renunciado a su cargo ante esta verdadera degeneración musical que parece haberse apoderado de la Iglesia Católica (en el mundo entero, pero particularmente en América hispana). "Los textos sagrados del Cristianismo -ha dicho Castellanos, La Nación, 4. IX. 66- no pueden ser interpretados con ritmos de pachanga, cumbia o merecumbé. No quiero hacerme solidario de una degeneración musical, que sólo contribuye a hacer más notoria nuestra ignorancia...".


Se podrían multiplicar los ejemplos: las guitarreadas en los templos (como los que dirigen las increíbles pupilas del clérigo Juan Pearson, una de las cabezas del judeo-cristianismo en sus formas más contrarias a la Fe tradicional, aquí en La Plata y en la Argentina), las vulgares innovaciones de los gestos y ceremonias, la pobreza de los textos, con horripilantes melodías, sin gracia y sin fervor. La conclusión de estas citas sería una sola: ha habido un fabuloso engaño, dentro y fuera del Concilio, que ha tenido por único objetivo liquidar la herencia de San Pío X y aplastar la continuidad de una verdadera instauración litúrgica y gregorianista, cuyos frutos hubieran podido concretarse en tiempos no muy lejanos. La judaización de la Iglesia ha acertado a herir con un profundo golpe, la contextura sacro-musical del culto, su dignidad estética y las virtudes formativas del coro religioso de la Tradición. Es pues un severo corte a la Tradición misma.


El coro gregoriano está íntimamente integrado con la experiencia del mysterio cristiano, en la "acción sacra"; es un modo perfecto de participación, como querían Pío X y Pío XI. Su sustitución engendrará penosas involuciones religiosas, nos devolverá a la barbarie de este aggiornamento sin sentido, sin nimbo, sin cualificación espiritual. Nos entregará, en una palabra, a los falsos "mesías" de la sociología, la psicología de masas, las ciencias de la planificación. Restaurar el canto gregoriano, practicarlo, venerarlo, transmitirlo, es una exigencia imperiosa de este duro combate contra las fuerzas coaligadas de la "revolución mundial", que trabajan ahora dentro de la Iglesia, protegidas por los más altos niveles de la jerarquía. El canto gregoriano no perecerá, pues en el horizonte se entrevé ya la irremediable derrota de estos "conciliaristas" que consideran de fe todos los más innobles recursos de la modernidad, y heréticos todos los auténticos tesoros de los grandes siglos de piedad, doctrina y contemplación.


Artículo publicado en La Hostería Volante, n" 19, La Plata (República Argentina), setiembre de 1966, págs. 16-17.

Doctrinas pirómanas de un "Siervo de Dios"



No doy aun con el paradero de "Monseñor Pironio ¿Pirómano?", de Thomás Gilbert. Mientras continúo en la incesante búsqueda, les dejo una chispa de liberación.

Para quién esté interesado en el seguimiento de la causa de beatificación del Siervo de Dios Eduardo Pironio, puede ir a la página de la ACA aquí.

Para quién tema que alguna vez Pironio sea propuesto como modelo de ortodoxia, le recomiendo empiece a rezar en contra, como decía mi abuela.


De: Mons. Eduardo Pironio, Escritos pastorales, Madrid, BAC, 1973, 71-77.






I. EL HECHO



5. Corresponde a la teología interpretar, a la luz del Evangelio, los acontecimientos que forman la trama de la historia y dentro de los cuales se mueve providencialmente la Iglesia.

Con respecto al tema de la liberación, «el hecho» se nos plantea desde tres perspectivas distintas: la aspiración
universal de los pueblos a la liberación, el compromiso creciente de determinados grupos (p. ej., los jóvenes) y la actitud asumida por la Iglesia latinoamericana en Medellín.

El anhelo de liberación constituye una característica fundamental de nuestro tiempo en América latina. Las generaciones jóvenes son particularmente sensibles al fenómeno. Y la Iglesia ha tratado de escuchar con fidelidad la voz del Espíritu. Es que, si la aspiración es legítima, el compromiso liberador del cristiano es impostergable. Con tal que su tarea, sin embargo, sea exclusivamente e
ncuadrada en el marco religioso de sus esenciales exigencias evangélicas. Es decir, con tal que entienda que la liberación no implica la violencia ni se puede reducir a la sola superación de las inmediatas servidumbres de la historia.

Su perspectiva es siempre escatológica y penetra la totalidad del hombre.

«Un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte» (M 14,2). La respuesta será, entonces, presentar una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todo hombre y de todos los hombres (M 5,15). Será ésta sobre todo, la mejor respuesta a
los legítimos y vehementes reclamos de la juventud.

No siempre, sin embargo, el anhelo de liberación de los pueblos coincide exactamente con la respuesta esencialmente religiosa que puede dar la Iglesia. Por lo mismo, aunque encierre elementos comunes con otras ideologías, el concepto de liberación (por consiguiente, el compromiso liberador) presenta para el cristiano una dimensión muy distinta y exclusiva
. Aunque el término sea el mismo, su contenido es esencialmente diverso.

La «liberación» constituye una de las aspiraciones más hondas y fuertes de nuestros pueblos. Es uno de los signos de los tiempos que hemos de interpretar a la luz del Evangelio. Tal aspiración profunda pertenece al designio salvífico de Dios. Es una llamada de Dios al hombre. Una irrupción de su gracia. Un comienzo de su acción salvadora. Dios le descubre al hombre la profundidad de su miseria y la grandeza de su destino. Le revela su vacío y su vocación divina a realizarse en la plenitud de su ser.

6. Este anhelo de liberación surge de la conciencia, cada vez más clara y dolorosa, de un estado de dependencia y opresión interna y externa. Dominio del hombre por el hombre, de un pueblo por otro pueblo. Esta visión, más profunda y trágica, completa y ahonda la simple comprobación inmediata de un estado de subdesarrollo o marginación. Llega hasta las raíces mismas del problema y señala sus causas.

Paralelamente despierta la conciencia, en los hombres y los pueblos, de ser ellos mismos, por voluntad de Dios, los artífices de su propio destino. Pero se sienten amarrados por condiciones de vida tales—sistemas y estructuras—que les impiden ser los auténticos realizadores de su vocación, los activos constructores de la historia.

Sienten por eso la necesidad urgente de cambios estructu¬rales profundos que les permitan la creación de un hombre nuevo en el advenimiento de una sociedad más justa y fraterna.

Por un lado, la liberación importa el sacudimiento de todo tipo de servidumbre. Por otro, es la proyección, hacia el futuro, de una sociedad nueva donde el hombre pueda, libre de presiones que lo paralicen, ser el sujeto activo de sus propias decisiones. Es decir, por un lado, la liberación es concebida como superación de toda esclavitud; por otro, como vocación a ser hombres nuevos, creadores de un mundo nuevo.

No se trata simplemente de desarrollar ciertas posibilidades (económico-sociales) para que los hombres tengan más. Se trata de cambiar radicalmente aquellas estructuras injustas que impiden que los hombres sean más.

7. Con frecuencia, entre nosotros, este legítimo deseo de liberación va siendo acompañado de desesperadas manifestaciones de violencia. No podemos aprobarlas ni justificarlas: «la violencia no es evangélica ni cristiana» (PABLO VI). Pero tampoco podemos condenarlas con ligereza sin analizar con seriedad sus causas. Hay una «violencia institucionalizada» (M 2,16) que provoca con frecuencia el drama de la violencia armada. Ciertas grandes crisis de la historia—enseña Pablo VI—podrían haber sido superadas «si las reformas necesarias hubiesen prevenido tempestivamente, con sacrificios valientes, las revoluciones explosivas de la desesperación» (Bogotá, 23-VIII-68).

Un intento cristiano de liberación debe hacerse siempre por los caminos de la paz. Pero de la paz verdadera, que es fruto de la justicia y del amor. «Si el cristiano cree en la fecundidad de la paz para llegar a la justicia, cree también que la justicia es una condición ineludible para la paz» (M 2,16).

Todo cambio de estructuras, radical y profundo, debe hacerse desde dentro, con la efectiva participación de todos y la conveniente transformación interior. Se exige rapidez, pero se excluye la precipitación y la violencia.


8. Este es el hecho: por un lado, aspiración profunda de los hombres y los pueblos a su liberación; por otro, creciente sensibilidad de compromiso liberador en determinados grupos (cristianos o no cristianos).

Corresponde a la Iglesia interpretar este hecho a la luz del Evangelio. Ante todo, tomar conciencia de su importancia dramática. En la introducción a las «Conclusiones de Medellín» decían los obispos: «Estamos en el umbral de una nueva época histórica de nuestro continente, llena de un anhelo de emancipación total, de liberación de toda servidumbre, de maduración personal y de integración colectiva» (M 1,4).

La liberación supone quitar todo lo que oprime, facilitar al hombre la realización plena de su destino y construir la histo¬ria en la auténtica comunidad de los pueblos. El camino hacia la liberación es siempre un camino a la maduración personal en la verdadera comunión de los hombres. Es hacer que cada hombre sea el artífice principal de su éxito o de su fracaso, pueda crecer en humanidad, valga más, sea más (PP 15).

La Iglesia descubre en Medellín una dolorosa situación de subdesarrollo y marginalidad producida por estructuras de dependencia social, económica, política y cultural. La raíz misma del subdesarrollo es la dependencia injusta. Hay estructuras injustas—culpablemente mantenidas por grupos interesados de poder—que impiden a muchos el acceso a la cultura, la participación en la política, la mejor repartición de los bienes de la naturaleza. De allí las actitudes de protesta y aspiraciones de liberación. De allí también el desafío de un compromiso liberador y humanizante (M 10,2).

9. Frente al hecho—y a la urgencia de su desafío—la Iglesia asume el compromiso evangélico de liberar plenamente al hombre y a todos los hombres. Pertenece a la esencia de su misión, como continuadora de la misión de Cristo, el Salvador. «Es el mismo Dios quien, en la plenitud de los tiempos, envía a su Hijo para que, hecho carne, venga a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado. En la historia de la salvación, la obra divina es una acción de liberación integral y de promoción del hombre en toda su dimensión (M 1,3 y 4).

No es de extrañar por eso que, en el fondo, casi todos los «Documentos de Medellín» apunten a lo mismo: a comprometer a la Iglesia en el proceso de la promoción humana integral de los hombres y los pueblos, a fin de que cada hombre y cada pueblo puedan realizar libremente su vocación original y propia.

A ello tienden también el compromiso para una nueva evangelización del continente (que permita una fe más personal y comunitaria, más madura y comprometida) y la revisión de las estructuras visibles de la Iglesia.

No es de extrañar tampoco que la mayoría de los «Documentos» sean fundamentalmente enfocados desde las exigencias evangélicas de la liberación integral y plena.

10. Pero hay, sobre todo, algunos de ellos que merecen
una atención particular. Tales, por ejemplo, los de «Justicia y Paz», «Educación», «Catequesis», «Movimiento de los laicos», «Pobreza de la Iglesia».

Concretamente en el campo de la educación, la liberación es presentada como «anticipo de la plena redención de Cristo» (por consiguiente, tarea esencial de la Iglesia) y como verdadera creación del «hombre nuevo», hecho a imagen del «Cristo pascual, primogénito entre muchos hermanos» (M 4,9).

«La educación liberadora»—«la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo»—es concebida esencialmente como «creadora», es decir, la que anticipa el nuevo tipo de sociedad donde el hombre (hecho persona en comunión) se siente redimido de las servidumbres injustas y se convierte en artífice de su propio destino (M 4,8).

11. La idea de liberación constituye así como una de las ideas-fuerza de Medellín. Como una línea teológica constante en la mayoría de sus «Documentos».

Pero es preciso interpretarla bien, en toda su riqueza bíblica, en todo su contenido pascual y escatológico, en la totalidad de sus exigencias evangélicas.

No podemos reducir la liberación a la simple esfera de lo interior y definitivo (gracia y escatología). Pero tampoco podemos reducirla a lo puramente histórico y temporal.

La liberación debe ser entendida, a la luz de Cristo y misterio pascual, en su sentido pleno: realización en el tiempo de la salvación integral, en la totalidad del hombre y su historia, en tensión permanente hacia la consumación escatológica.

La liberación supone esencialmente la creación del «hombre nuevo». Pero plena y definitivamente nuevo, según el esquema del Señor resucitado, hecho «hombre nuevo» (Ef 2,15) por el «Espíritu de santidad» (Rom 1,4), que le devolvió la vida (Rom 8,11). Lo cual supone la recreación en Cristo mediante el don del Espíritu y la consumación por la gloria.

El hombre nuevo es el que dice relaciones nuevas con Dios, con los hombres, con el mundo. El hombre de la plena comunión divina, fraterna, cósmica. El hombre que es verdaderamente hijo de Dios, hermano de los hombres y señor de las cosas. El hombre que se decide a crear una sociedad nueva, más justa y fraterna.

12. La liberación tiene así un sentido temporal y un sentido eterno. Se realiza «ya» en la historia (mejor, es el único modo de realizar la historia), pero «todavía no» puede ser acabada hasta que el Señor vuelva. Se inscribe siempre en la tensión de la esperanza escatológica. El hombre se realiza en su plenitud acabada (aun en lo humano) en la eternidad. Sólo entonces será definitivamente él mismo, cuando alcance la perfección de la similitud divina (1 Jn 3,2).

La liberación tiene además un sentido espiritual y un sentido material. Es todo el hombre el que debe ser liberado (cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad) (GS 2). Se trata de quitar del corazón del hombre el pecado, que esclaviza (Jn 8,34), liberarlo del poder de las tinieblas para trasladarlo al reino del Hijo del amor (Col 1,10).

Pero se trata también de desprenderlo de todas las servidumbres derivadas del pecado (egoísmo, injusticia, ignorancia, hambre, miseria, desnudez, muerte, etc.).

La liberación tiene, finalmente, un sentido personal y un sentido social (en cierto modo, un sentido cósmico). No es sólo el hombre el liberado. Son también los pueblos, es la entera comunidad humana, es toda la creación, «liberada ya en esperanza» (Rom 8,20-21). El hombre es plenamente liberado, no sólo en su interioridad personal, sino en su esencial relación con los otros hombres y con el mundo entero.

El hombre es enteramente libre cuando puede hacer libres a los demás, cuando puede construir libremente su historia, cuando puede preparar el mundo para su liberación completa. Entonces es verdaderamente «señor», a imagen de Cristo, «Señor de la historia».

El apostolado de la piratería.



Estimados amigos:


Respecto al post que ofrecía descargar “El Ruiseñor fusilado”: han surgido algunas cuestiones de índole práctica que hacen muy arriesgado volver a subir el libro a la red. Como ustedes saben, toda obra editada bajo los auspicios de la ley civil requiere la tenencia de los derechos de autor para su correspondiente comercialización o difusión. Aunque, según parecer de algunos, hay un vacío legal en la Argentina respecto de la publicación vía Web, sin embargo la cosa no es tan clara. Quizás algún abogado pueda brindar consideraciones al respecto.

Nos llegó un mail, a poco de subir “El Ruiseñor”, que nos advertía de posibles acciones legales por parte del tenedor de los derechos del P. Castellani. No quise dar de baja el link de descarga hasta consultar con personas que más entienden de leyes. Y el consejo puede resumirse en esto “ojo”. Así que no me arriesgaré de nuevo, no sea que Teseo caiga de un mandoblazo minotáurico y termine en cana o embargado (¿qué me van a sacar? No sé.) bajo los auspicios de la inefable ley que prohíbe “piratear”.

Por otra parte, y desviando el tema, no parece sensato postergar la difusión de obras de capital importancia para una nación que poco ha dado de original -salvo el dulce de leche- por razones de legalidad meramente positiva. Arrecia la confusión y el error en nuestras testas, y caer en un monopolio de este tipo se asemeja mucho a aquello del Señor de «Nadie que haya encendido una lámpara, la coloca oculta bajo el celemín, sino que la pone sobre el candelero» (Lc 11, 33).


“Apostolado de la buena prensa”, le llamaban en otra época. Por esta razón me parece de una gran caridad que Wanderer haya habilitado un arcón virtual que contenga escritos iluminadores. Sería de gran ayuda, amén de granjearse un justo memento para el día del Juicio, colaborar con él, scaneando obras medio difíciles de conseguir, y que el Caminante considere oportuno incluir en su arcón. En fin, es una ocurrencia mía.

La única opción que queda es enviar el archivo PDF por mail.

Así que si alguno se quiere anotar, pues que me envíe un correo.


Recomiendo una cuenta en gmail, ya que otros servidores no cuentan con espacio virtual suficiente para recibir adjuntos pesados.

Disculpen las vueltas, pero otra no hay.

Gracias.


La ética del país de las hadas


Extracto de G. K. Cheslerton, Ortodoxia, La ética del país de las hadas, p. 63- 72, San Pablo


El país de las hadas, no es más que la radiante patria del sentido común. No es la tierra la que juzga al cielo sino el cielo el que juzga a la tierra; y del mismo modo, a lo menos para mí, no era la tierra la que criticaba al país de los elfos, sino el país de los elfos el que criticaba a la tierra.

El hombre de ciencia dice: "corte el cabo y la manzana caerá"; pero lo dice tranquilamente, como si una idea condujera en realidad hacia la otra. La bruja en el cuento de hadas dice: "sopla el cuerno y caerá el castillo del ogro"; pero no lo dice como si hubiera algo por lo cual evidentemente el efecto proviniera de la causa. Sin duda, dio ese mismo consejo a muchos castillos, pero no pierde su aire expectante ni su razón. No hurga en su cabeza hasta imaginar una conexión mental necesaria entre el cuerno y el castillo tambaleante. Pero los científicos hurgan en sus cabezas hasta imaginar una conexión mental entre la manzana abandonando el árbol y la manzana llegando al suelo. Hablan como si realmente hubieran descubierto no sólo una cantidad de hechos maravillosos, sino una verdad que conecta entre sí esos hechos.

En el país de las hadas evitamos usar la palabra "ley"; pero en el país de la ciencia, le son particularmente afectos. Una ley implica que conozcamos la naturaleza de su generalización y de su establecimiento, no que tenga­mos sólo una vaga idea de sus efectos. Si existe una ley, según la cual los rateros deben ir a la cárcel, implica que hay una conexión mental imaginable entre la idea de prisión y la idea de ser un ladrón y que sabemos cuál es la idea. Podemos explicar por qué privamos de Libertad a un hombre que" se toma libertades. Pero no podemos decir por qué un huevo pudo convertirse en pollo, del mismo modo que no podemos decir por qué un oso pudo convertirse en príncipe. Como ideas, la de huevo y la de pollo, son más remotas entre sí que la de oso y la de príncipe, porque en sí, no hay huevos con aspecto de pollo mientras que hay principes con aspecto de oso.

Cuando nos pregunten por qué los huevos se convierten en aves y por qué los frutos caen en otoño, debemos contestar exactamente como la contestaría el hada madrina a Cenicienta, si esta le preguntara por qué los ratones se convertían en caballos y sus vestidos desaparecían al dar media noche. Debemos contestar que «es magia».

No es una ley, porque no entendemos su fórmula general. No es una necesidad, porque a pesar de dar prácticamente por descontado que esas cosas sucedan, no tenemos derecho a decir que siempre han de suceder Las únicas palabras que siempre me satisficieron para describir la Naturaleza, son las empleadas en los libros de cuentos de hadas, tales como "encanto", "hechizo", "encantamiento". Expresan la arbitrariedad del hecho y de su misterio. Un árbol da frutas porque es un árbol mágico. El agua cae de la montaña porque está embrujada. El sol brilla porque está encantado.

Niego absolutamente que esto sea fantástico o aun místico. Este lenguaje de cuentos de hadas es simplemente racional y agnóstico. Emplearlo, es mi único camino para expresar con palabras mi clara y definida percepción, de que una cosa es muy distinta a otra; que no existe conexión lógica entre volar y poner huevos. Místico es el hombre que habla de "una ley" sin nunca haberla visto. Del mismo modo que es estrictamente sentimental el corriente hombre de ciencia. Es un sentimental en este sentido; se deja empapar v arrastrar por meras asociaciones. Ha visto pájaros volando y poniendo huevos con tanta frecuencia, que siente que entre las dos ideas, debe existir alguna conexión tierna y soñadora, cuando en realidad no hay ninguna. Así el profesor materialista (aunque esconda sus lágrimas) es un sentimental, porque por una nebulosa asociación personal, la flor de manzano le recuerda las manzanas. Pero el frío racionalista del país de las hadas, en lo abstracto no ve por qué el manzano no ha de dar tulipanes rojos; en su patria a veces los da.

Sin embargo, este asombro no es una mera fantasía derivada de los cuentos de hadas; al contrario, de él deriva todo el fuego de los cuentos de hadas. Así como a todos nos gustan los cuentos de amor, porque hay en ellos un instinto de sexo, a todos nos gustan las fábulas asombrosas porque tocan la fibra del antiguo instinto de asombro. Esto lo prueba el hecho de que cuando somos muy niños, no necesitamos cuentos de hadas; solamente necesitamos cuentos. La vida resulta bastante interesante. Un chico de siete años se entusiasma, si le dicen que Tomás abrió una puerta y vio un dragón. Pero un chico de tres años, se entusiasmará si le dicen que Tomás abrió una puerta. ...Esto prueba que aun las fábulas infantiles sólo son eco de un sobresalto, casi prenatal, de interés y de asombro. Estas fábulas dicen que las manzanas son doradas, con el único fin de resucitar el momento olvidado en que descubrimos que eran verdes. Dicen que corren ríos de vino, para recordarnos por un loco momento, que corren ríos de agua.

Cada hombre ha olvidado quién es. Es terrible comprender el cosmos pero nunca comprender el "ego"; el "yo", es más remoto que cualquier estrella. Amarás al Señor tu Dios, pero nunca lo comprenderás. Todos padecemos de la misma calamidad mental; todos hemos olvidado nuestros nombres. Todos hemos olvidado lo que somos. Lo que llamamos sentido común, y racionalidad y practicidad y positivismo, significa que por ciertas regulaciones de nuestra vida, olvidamos que hemos olvidado. Todo lo que llamamos espíritu, y arte y éxtasis, significa que solamente por un magnífico instante, recordamos que habíamos olvidado.

Pero a pesar de que (como el hombre sin memoria en la novela) caminamos por las calles con una especie de admiración tardía, todavía es con admiración.

El asombro tiene un positivo elemento de alabanza. Este es el próximo mojón que hemos de pasar para hallamos definitivamente resueltos en nuestro camino a través del país de las hadas!

La emoción más fuerte de la vida, fue tan hermosa como desconcertante. Fue un éxtasis porque rué una aventura; fue una aventura porque fue una oportunidad. La bondad de los cuentos de hadas no se afectó porque en ellos puedan haber más dragones que princesas; ya era bondad figurar en un cuento de hadas. La prueba de toda felicidad es la gratitud; y me siento agradecido, pese a no saber a quién.

Los niños están agradecidos a Santa Claus, cuando llena sus medias de juguetes y dulces. ¿Podría no estar agradecido a Santa Claus cuando ha llenado mis medias con dos piernas milagrosas? Agradecemos a la gente regalos de cumpleaños como cigarros y zapatillas. ¿Puedo no agradecer a nadie el regalo de cumpleaños de mi nacimiento?

...

Todo el imponente materialismo que domina a las mentes modernas, descansa ulteriormente en una presunción; en una presunción falsa. Se supone que es muerta una cosa que constantemente se repite; algo como un engranaje relojero. La gente siente que si el mundo fuera personal variaría; si el sol tuviera vida, bailaría. Esto es un sofisma, aún si se le relaciona con hechos conocidos. Porque en los asuntos humanos, la variación generalmente la introduce la muerte y no la vida; el decaimiento o el quebranto de la fuerza o el deseo. Un hombre varía sus movimientos por un leve elemento de fracaso o de fatiga. Se sube a un ómnibus porque está cansado de caminar o camina porque está cansado de estarse quieto.

El sol se levanta cada mañana; yo no me levanto cada mañana, pero lo que me diferencia de él no es mi actividad sino mi inacción. Y para exponer el punto en una frase popular, podría decir que el sol se levanta regularmente porque nunca se cansa de levantarse. Podría observarse lo que quiero decir, por ejemplo en los niños, cuando descubren un juego o una broma que les proporciona especial alegría. Un niño se golpea rítmicamente los talones, a causa de un desborde y no de una carencia de vida. Porque los niños rebosan vitalidad por ser espíritu libres y altivos; de ahí que quieran las cosas repetidas y sin cambios. Siempre dicen "hazlo otra vez"; y el grande vuelve a hacerlo aproximadamente hasta que se siente morir. Porque la gente grande no es suficientemente fuerte para regocijarse en la monotonía. Pero tal vez Dios sea bastante fuerte para regocijarse en ella. Es posible que Dios diga al sol cada mañana: "hazlo otra vez", y cada noche diga a la luna: "hazlo otra vez.

Puede que todas las margaritas sean iguales, no por una necesidad automática; puede que Dios haga separadamente cada margarita y que nunca se haya cansado de hacerlas iguales. Puede que Él, tenga el eterno instinto de la infancia; porque pecamos y envejecimos, y nuestro Padre, es más joven que nosotros. La repetición en la Naturaleza puede no ser un mero recomenzar, puede ser un teatral "todavía". El Cielo puede decir "todavía", al pájaro que puso un huevo.

Esta fue mi primera convicción, creada por la conmoción de mis emociones infantiles, al encontrarse, a medio camino, con las creencias modernas. Siempre había intuido vagamente que los hechos eran milagrosos, en el sentido de que son sorprendentes: ahora empiezo a creerlos milagrosos en el sentido más estricto, de que son premeditados. Quiero decir que son, o pueden ser, ejercicios repetidos de una voluntad. En realidad, siempre creí que el mundo implicaba magia: luego pensé que quizá implicara un Mago. Y esto aguzaba una emoción profunda, siempre presente y subconsciente: que este mundo nuestro tiene un motivo; y si hay un motivo hay una Persona. Siempre sentí que la vida, era en primer lugar como una historia; y si hay una historia, hay un Relator.