El Ruiseñor que nos cantó la justa

De: Castellani L., El ruiseñor fusilado, Bs. As., Penca, 1952, pp.118-121


26. DIGRESIÓN SOBRE LA GRAN APOSTASIA

El hecho de que España se dividiese en dos bandos acerca de si un "capellá catalá" estaba bien o mal "suspendido" es, como dijimos, un indicio grande del catolicismo de España; pero mucho mayor indicio de lo mismo es que cincuenta años después las masas españolas se hayan lanzado a la calle con ferocidad de fieras a matar sacerdotes: y que hayan matado unos 17.000.

No crean que es una paradoja cínica: es una verdad obvia. En Francia a nadie se le ocurriría matar sacerdotes hoy día: no interesan. Francia es menos religiosa que España.

En el mismo tiempo en que Carducci apostrofaba a Pío IX, excomulgaba "poético jure" al "cittadino Mastai", insultaba con saña a Antonelli y entonaba su Himno a Satanás, que resonaba en todo el mundo:


. . . A te si innálzino
L´incensó e i voti...
Hai vinto al Géova
Dei sacerdoti!. . .



en el mismo tiempo Renán salía de la Iglesia cubriéndola de flores, requiebros y cumplidos. Francia es menos religiosa que Italia.

El fenómeno más temeroso para los curas de hoy día debería ser (si los curas fuesen capaces de temor) el ver cómo los hombres se van de la Iglesia sin hacer ruido. Se apartan de ella sin ira. La dejan estar allí y se van a la vereda de enfrente (a la tremenda "vereda de enfrente" de Macedonio Fernández), sin imprecaciones y aun sin palabras.

Hace ahora unos ochenta años sucedió una cosa en Europa; o mejor dicho, empezó a notarse: la gente se apartaba de la Iglesia en silencio; ¡en gran silencio!, como dice el francés.

Cuando subió el Santo Papa Sarto al sagrado trono pontificio (que seria más sagrado si fuera menos trono), notó el fenómeno y exclamó; "¡El gran escándalo del siglo XIX es que por primera vez en la historia, los pobres se han ido de la Iglesia!" Un gran publicista italiano califica a este suceso de "la derrota más grande que ha sufrido la Iglesia en toda su historia".

La dolorosa palabra del Papa santo fue recogida por los charlatanes a sueldo, bautizada con el nombre de apostasía de las masas y hecha objeto de profundos análisis y muchos libros por parte de los sociólogos belgas; los cuales, para evitar ese indeseable fenómeno o ponerle contingente remedio inventaron varios artefactos y "movimientos", como la JOC. la JAC, la JIC; y cosas por el estilo.

El inventor de la JAC o bien el de la JOC (no estoy bien seguro) viajó conmigo por caso una vez en Francia: quiero decir, yo viajé con él. Era canónigo. Había sido hijo de un pobre obrero y le había dado por "darse a los obreros". Siendo un hombre práctico y muy movido (de hecho, es un hombre que lo llaman los psicólogos "excitoide"), consiguió fundar gran cantidad de sociedades de muchachos (entre club y congregación mariana) y hacer una reunión de mozos de toda Europa en París, en un estadio, que llegó a unos 270.000 "jocistas". Después de lo cual, lo mandaron por el mundo a dar conferencias, a explicar su "idea", y a reforzar el ánimo de las extenuadas "huestes católicas". A mi me explicó la "idea".

Todo esto es excelente, y no seremos nosotros quien le ponga óbices ni en sueños; menos el extremo de que la JOC fundada por Cardin pueda salvar al mundo, o por lo menos evitar el receso de los pobres de desde la Iglesia: que es el foco inflamado de la "idea". Por lo demás, la "idea" de Cardin hubiese hecho las delicias de Marx: reconocer la división en clases sociales y evangelizar a los obreros aparte de los no-obreros, empezando por los jóvenes y no por los adultos. ¡Mardokai de Maguncia exulta! Es reconocerle el teorema principal (y el más discutible) de su Kapital: la existencia de la clase proletaria, como sustancia y no como accidente.

Evidentemente, debe haber sido algo conmovedor, y de haber estado allí nosotros nos hubiéramos conmovido no menos que doña Josefina Molina y Anchorena—, ver aquel espectáculo de un mar de cabezas juveniles inclinadas delante de la sangre de Cristo, etcétera —consagrada sobre un altar hecho de dos yunques y en un cáliz de oro en forma de martillo, y sobre todo, hecho en París, ¡en París! Pero París continuó sin hijos y Francia cada vez más indiferente y escéptica. Creció el partido comunista.

Lo que llaman la "apostasía de las masas" (que no es de las masas solamente) no se cura con "propaganda fide". Es un fenómeno profundo, canceroso.

A los que me preguntan a mí qué remedio hay, no les digo el remedio; a los que me preguntan la causa, no les digo la causa.

Solamente digo: ¿Podría haber apostasía del mundo, si no hubiese porquería en la Iglesia? Si la Iglesia fuera hermosa, atraerla necesariamente y no repelería. Y seria hermosa si estuviese limpia. Esto no tiene vuelta de hoja.

Es el buen sentido de Maese Perogrullo, quien dice que si la Iglesia no atrae, no es atractiva, y si repele, es repelente. Antes no lo fue, ahora lo es. Eso es todo.

O los hombres de hoy están todos enfermos y ya no siguen lo que es hermoso, sino lo que es feo: o la Iglesia de hermoso se ha vuelto fea puesto que ya no la siguen.

En el Salmo no sé cuantos, el rey David presenta a la Hija del Rey vestida de esplendor y variedad, con fimbrias de oro y despliegues de seda; pero dice que toda su hermosura viene del interior.

La Iglesia ha perdido su hermosura interior, que era el entendimiento, la justicia y la caridad, y por eso ha sido despojada ignominiosamente de sus vestidos de oro y seda. Sus catedrales de antaño están vacías las y han sido reemplazadas por galpones, casi siempre de un mal gusto horroroso.

— ¡Es que no hay plata! —dicen los devotos.
— Es que no hay espíritu, querido.

La caridad es la sangre y la respiración de la Iglesia. ¿Ont est la caritat? —clamaba Verdaguer en 1897. Un sacerdote de Barcelona le negó la Comunión, porque entre los diarios que salieron en su defensa había un diario izquierdista. Y Verdaguer pregunta: "¿Dónde está la caridad? ¿Por qué no me defiende él?" Pobre poeta, con su parábola del buen samaritano, enfrente del mecanismo ciego de la burocracia eclesiástica; y lo que es peor, enfrente de los ojos malignos del "resentimiento” eclesiástico.

Para detener la apostasía, habría que curarle el mal aliento, y para eso purificarle la sangre: es decir, suprimir la fealdad de su faz, y para eso contrarrestar la iniquidad de sus entrañas; porque mientras mane iniquidad, olerá mal, y mientras huela mal rechazará a los hombres.

¿Dónde están los hércules que limpien estos establos? Los hércules son hombres débiles y aparentemente vencidos. Jacinto Verdaguer, que gime como un cordero y balbuce como un niño, aun cuando acusa, es uno de esos hércules. El hizo más bien a la Iglesia española que cuantas trompetas de Gedeón y espadas de Sansón son por allí celebradas; como el fundador de la JOC.

Porque sólo las llamas de la santidad suprimen el pus; y la santidad se enciende en la tribulación.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

La gente odia a los curas por no ser verdaderos curas. Los odia por todo, menos por ser hombres de Dios. Por sus comodidades, sus prebendas y sus looks.

Padre Meana.

Juancho dijo...

Teseo:

Castellani sí que era un vidente.

Le hago una pregunta: El Ruiseñor Fusilado... ¿nunca se reeditó, no?

¿Tiene idea de donde puede conseguirse uno?

Juancho.

Fray Rabieta dijo...

Mi edición de "El Ruiseñor Fusilado" está profusamente anotado en los márgenes. Así este párrafo:

"¿Podría haber apostasía del mundo, si no hubiese porquería en la Iglesia? Si la Iglesia fuera hermosa, atraerla necesariamente y no repelería. Y seria hermosa si estuviese limpia. Esto no tiene vuelta de hoja."

En el margen se lee con toda claridad: "No le permito la disyuntiva".

Anduve pensando y tratando de recordar quién era el muy bestia que había escrito eso, quién era el animal que se permitía decirle a Castellani "no le permito", etc.

Y tan falto de lógica... tan falto de amor a la verdad... de percepción de lo que es indiscutible... que salta a la vista... que es verdad evidente, per se nota...

¿No permite la disyuntiva? Pero la disyuntiva es de hierro, es de pura lógica, es cosa de mínimo sentido común.

¿Quién era el que había escrito eso en el margen?

Y luego me acordé, otro ciego que no quiere ver.

Un kukú, claro.

Fray Rabieta.

Teseo dijo...

Estimado Juancho:

no conozco de reediciones ni reimpresiones en estos tiempos. Lo que puedo hacer, si quiere, es scanear el libro y enviárselo por mail. Páseme su dirección. En estos días, si Dios quiere, se lo envío.

T.

Juancho dijo...

Teseo.

Ya le pasé mi correo al suyo.

Gracias por su caridad desinteresada.

Juancho.

Padre Horacio dijo...
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Martin Ellingham dijo...

Teseo:

Excelente texto de Castellani.

Muchas gracias.

Saludos.

Anónimo dijo...

¿Me lo manda a mí también, por favor?

alosblogs@gmail.com

Gracias.

A3