Elías y el cansancio



El fiero profeta dormía en su estera. Ignoraba de maquinaciones, de complots y palabras en secreto. A su lado, un pequeño vaso de barro, regalo de una viuda escuálida. Y un cuchillo, aun caliente, aun sangrante.


Un mensajero, por Jezabel enviado, penetra temblando en el recinto del hombre temido.


Y suelta, tartamudo, supina amenaza: –“así me hagan los dioses y así me añadan si mañana a estas horas no te pongo en la situación en que está cada uno de ellos”.


Huye el sueño del profeta, como siempre. Sabe que le costará largas horas doblegar el cansancio, la impaciencia y la ansiedad. En fin, otra vez despierto.


-¡Perra!, cataloga por lo bajo, mientras se escucha el escape a toda prisa del muchacho aterrado. Elías se levanta: terrible verlo enojado, parado.


Terrible cosa nombrar ante él la superstición, invocar la idolatría y jurar por lo que no tiene hálito.


Emprende la huída, el que nunca torció la mano. Como un niño, como un soldado.


Puro como el vino, fibroso como el quebracho.


Lamentación y esperanza: obligadas sendas para el descanso.


¡Pobre alma mía, corre tú también! Al desierto donde moras, pero más adentro. A los calores del fuego, temblor, pasión y desamparo.


(Nadie huye de su destino, menos si se ha encontrado, menos si se lo ha amado)


Allí hallarás la brisa calma, que te hablará de Él. Cubrirás tu rostro con el manto, y comerás de los mendrugos que el ángel te hubo tirado, cuando yacías en la oscuridad de tus pensamientos vanos.


(Habrá tiempo para comer. Ahora, toca estar cansado)


1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente Teseo, me impresionó mucho cuando leí la historia de Elías, no hace mucho, y medio como que abandona y se tira a morir en el desierto, exhausto. Y un Angel lo despierta y le hace comer y beber pan y agua puestos por él. (dos veces, si no recuerdo mal)
Cuando no podía más, cuando sus fuerzas humanas no eran suficientes, apareció Dios para dárselas.
Roguemos para que nos suceda lo mismo, llegado el caso, y tengamos la predisposición para que así ocurra en nosotros.
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