La ética del país de las hadas


Extracto de G. K. Cheslerton, Ortodoxia, La ética del país de las hadas, p. 63- 72, San Pablo


El país de las hadas, no es más que la radiante patria del sentido común. No es la tierra la que juzga al cielo sino el cielo el que juzga a la tierra; y del mismo modo, a lo menos para mí, no era la tierra la que criticaba al país de los elfos, sino el país de los elfos el que criticaba a la tierra.

El hombre de ciencia dice: "corte el cabo y la manzana caerá"; pero lo dice tranquilamente, como si una idea condujera en realidad hacia la otra. La bruja en el cuento de hadas dice: "sopla el cuerno y caerá el castillo del ogro"; pero no lo dice como si hubiera algo por lo cual evidentemente el efecto proviniera de la causa. Sin duda, dio ese mismo consejo a muchos castillos, pero no pierde su aire expectante ni su razón. No hurga en su cabeza hasta imaginar una conexión mental necesaria entre el cuerno y el castillo tambaleante. Pero los científicos hurgan en sus cabezas hasta imaginar una conexión mental entre la manzana abandonando el árbol y la manzana llegando al suelo. Hablan como si realmente hubieran descubierto no sólo una cantidad de hechos maravillosos, sino una verdad que conecta entre sí esos hechos.

En el país de las hadas evitamos usar la palabra "ley"; pero en el país de la ciencia, le son particularmente afectos. Una ley implica que conozcamos la naturaleza de su generalización y de su establecimiento, no que tenga­mos sólo una vaga idea de sus efectos. Si existe una ley, según la cual los rateros deben ir a la cárcel, implica que hay una conexión mental imaginable entre la idea de prisión y la idea de ser un ladrón y que sabemos cuál es la idea. Podemos explicar por qué privamos de Libertad a un hombre que" se toma libertades. Pero no podemos decir por qué un huevo pudo convertirse en pollo, del mismo modo que no podemos decir por qué un oso pudo convertirse en príncipe. Como ideas, la de huevo y la de pollo, son más remotas entre sí que la de oso y la de príncipe, porque en sí, no hay huevos con aspecto de pollo mientras que hay principes con aspecto de oso.

Cuando nos pregunten por qué los huevos se convierten en aves y por qué los frutos caen en otoño, debemos contestar exactamente como la contestaría el hada madrina a Cenicienta, si esta le preguntara por qué los ratones se convertían en caballos y sus vestidos desaparecían al dar media noche. Debemos contestar que «es magia».

No es una ley, porque no entendemos su fórmula general. No es una necesidad, porque a pesar de dar prácticamente por descontado que esas cosas sucedan, no tenemos derecho a decir que siempre han de suceder Las únicas palabras que siempre me satisficieron para describir la Naturaleza, son las empleadas en los libros de cuentos de hadas, tales como "encanto", "hechizo", "encantamiento". Expresan la arbitrariedad del hecho y de su misterio. Un árbol da frutas porque es un árbol mágico. El agua cae de la montaña porque está embrujada. El sol brilla porque está encantado.

Niego absolutamente que esto sea fantástico o aun místico. Este lenguaje de cuentos de hadas es simplemente racional y agnóstico. Emplearlo, es mi único camino para expresar con palabras mi clara y definida percepción, de que una cosa es muy distinta a otra; que no existe conexión lógica entre volar y poner huevos. Místico es el hombre que habla de "una ley" sin nunca haberla visto. Del mismo modo que es estrictamente sentimental el corriente hombre de ciencia. Es un sentimental en este sentido; se deja empapar v arrastrar por meras asociaciones. Ha visto pájaros volando y poniendo huevos con tanta frecuencia, que siente que entre las dos ideas, debe existir alguna conexión tierna y soñadora, cuando en realidad no hay ninguna. Así el profesor materialista (aunque esconda sus lágrimas) es un sentimental, porque por una nebulosa asociación personal, la flor de manzano le recuerda las manzanas. Pero el frío racionalista del país de las hadas, en lo abstracto no ve por qué el manzano no ha de dar tulipanes rojos; en su patria a veces los da.

Sin embargo, este asombro no es una mera fantasía derivada de los cuentos de hadas; al contrario, de él deriva todo el fuego de los cuentos de hadas. Así como a todos nos gustan los cuentos de amor, porque hay en ellos un instinto de sexo, a todos nos gustan las fábulas asombrosas porque tocan la fibra del antiguo instinto de asombro. Esto lo prueba el hecho de que cuando somos muy niños, no necesitamos cuentos de hadas; solamente necesitamos cuentos. La vida resulta bastante interesante. Un chico de siete años se entusiasma, si le dicen que Tomás abrió una puerta y vio un dragón. Pero un chico de tres años, se entusiasmará si le dicen que Tomás abrió una puerta. ...Esto prueba que aun las fábulas infantiles sólo son eco de un sobresalto, casi prenatal, de interés y de asombro. Estas fábulas dicen que las manzanas son doradas, con el único fin de resucitar el momento olvidado en que descubrimos que eran verdes. Dicen que corren ríos de vino, para recordarnos por un loco momento, que corren ríos de agua.

Cada hombre ha olvidado quién es. Es terrible comprender el cosmos pero nunca comprender el "ego"; el "yo", es más remoto que cualquier estrella. Amarás al Señor tu Dios, pero nunca lo comprenderás. Todos padecemos de la misma calamidad mental; todos hemos olvidado nuestros nombres. Todos hemos olvidado lo que somos. Lo que llamamos sentido común, y racionalidad y practicidad y positivismo, significa que por ciertas regulaciones de nuestra vida, olvidamos que hemos olvidado. Todo lo que llamamos espíritu, y arte y éxtasis, significa que solamente por un magnífico instante, recordamos que habíamos olvidado.

Pero a pesar de que (como el hombre sin memoria en la novela) caminamos por las calles con una especie de admiración tardía, todavía es con admiración.

El asombro tiene un positivo elemento de alabanza. Este es el próximo mojón que hemos de pasar para hallamos definitivamente resueltos en nuestro camino a través del país de las hadas!

La emoción más fuerte de la vida, fue tan hermosa como desconcertante. Fue un éxtasis porque rué una aventura; fue una aventura porque fue una oportunidad. La bondad de los cuentos de hadas no se afectó porque en ellos puedan haber más dragones que princesas; ya era bondad figurar en un cuento de hadas. La prueba de toda felicidad es la gratitud; y me siento agradecido, pese a no saber a quién.

Los niños están agradecidos a Santa Claus, cuando llena sus medias de juguetes y dulces. ¿Podría no estar agradecido a Santa Claus cuando ha llenado mis medias con dos piernas milagrosas? Agradecemos a la gente regalos de cumpleaños como cigarros y zapatillas. ¿Puedo no agradecer a nadie el regalo de cumpleaños de mi nacimiento?

...

Todo el imponente materialismo que domina a las mentes modernas, descansa ulteriormente en una presunción; en una presunción falsa. Se supone que es muerta una cosa que constantemente se repite; algo como un engranaje relojero. La gente siente que si el mundo fuera personal variaría; si el sol tuviera vida, bailaría. Esto es un sofisma, aún si se le relaciona con hechos conocidos. Porque en los asuntos humanos, la variación generalmente la introduce la muerte y no la vida; el decaimiento o el quebranto de la fuerza o el deseo. Un hombre varía sus movimientos por un leve elemento de fracaso o de fatiga. Se sube a un ómnibus porque está cansado de caminar o camina porque está cansado de estarse quieto.

El sol se levanta cada mañana; yo no me levanto cada mañana, pero lo que me diferencia de él no es mi actividad sino mi inacción. Y para exponer el punto en una frase popular, podría decir que el sol se levanta regularmente porque nunca se cansa de levantarse. Podría observarse lo que quiero decir, por ejemplo en los niños, cuando descubren un juego o una broma que les proporciona especial alegría. Un niño se golpea rítmicamente los talones, a causa de un desborde y no de una carencia de vida. Porque los niños rebosan vitalidad por ser espíritu libres y altivos; de ahí que quieran las cosas repetidas y sin cambios. Siempre dicen "hazlo otra vez"; y el grande vuelve a hacerlo aproximadamente hasta que se siente morir. Porque la gente grande no es suficientemente fuerte para regocijarse en la monotonía. Pero tal vez Dios sea bastante fuerte para regocijarse en ella. Es posible que Dios diga al sol cada mañana: "hazlo otra vez", y cada noche diga a la luna: "hazlo otra vez.

Puede que todas las margaritas sean iguales, no por una necesidad automática; puede que Dios haga separadamente cada margarita y que nunca se haya cansado de hacerlas iguales. Puede que Él, tenga el eterno instinto de la infancia; porque pecamos y envejecimos, y nuestro Padre, es más joven que nosotros. La repetición en la Naturaleza puede no ser un mero recomenzar, puede ser un teatral "todavía". El Cielo puede decir "todavía", al pájaro que puso un huevo.

Esta fue mi primera convicción, creada por la conmoción de mis emociones infantiles, al encontrarse, a medio camino, con las creencias modernas. Siempre había intuido vagamente que los hechos eran milagrosos, en el sentido de que son sorprendentes: ahora empiezo a creerlos milagrosos en el sentido más estricto, de que son premeditados. Quiero decir que son, o pueden ser, ejercicios repetidos de una voluntad. En realidad, siempre creí que el mundo implicaba magia: luego pensé que quizá implicara un Mago. Y esto aguzaba una emoción profunda, siempre presente y subconsciente: que este mundo nuestro tiene un motivo; y si hay un motivo hay una Persona. Siempre sentí que la vida, era en primer lugar como una historia; y si hay una historia, hay un Relator.

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