La Verdad III


El amigo PyE se ha quejado, con razón, del poco interés suscitado por el tema de la verdad en este blog. Más específicamente, a sus comentarios “voluntaristas” aportados en el primer post. A raíz de esto, ha conjeturado cuatro posibles causas:

1- Apatía, no tiene ningún tipo de explicación, simplemente a la mayoría no le interesa el tema.
2- Están todos de acuerdo, es la hipótesis que menos me cierra, la gente palística que frecuenta su sitio se me hace que ha escuchado como canónica la tesis contraria a la mía.
3- Miedo de no estar a la altura de la discusión, puede ser, tal vez sea lo más probable.
4- La 1 y la 3 combinadas....

Me incluyo también en la crítica de Psique.

En la línea del primer post referido a la verdad, dejé entrever esa postura tan poco cuerda, típica de gente del palo, de cerrarse ante el avance ajeno, la introspección personal del otro. Aun cuando la tesis esgrimida pueda resultar del todo discorde al pensar propio, y aun (me atrevo a decir más de lo que hubiese dicho en otra época), aun cuando pueda sonar errado y hasta heterodoxo el discurso del hombre que piensa -no digo por encima, ni tampoco despreciando lo aprendido en una primera instancia de acercamiento a la verdad- el movimiento de la mente no puede anclarse nunca en la seguridad: por la simple razón de que no hay nada seguro en este estado de viadores.

Por eso me declaro moderadamente escéptico.

Me la paso discutiendo con amigos, esgrimiendo argumentos que casi siempre terminan por imponerse. Para luego reflexionar y decir para mis adentros: es probable que algo se me escape, que fulano tenga algo de razón, que no alcanzo a comprender ni valorar el argumento honesto de mis amigos.

Creo que esta es la gracia de los blogs de discusión libre. Los temas, muchas veces imposibles de tocar en el tapete público, debido al monopolio en que la casta verdad ha venido a caer. En manos de cambistas, oportunistas y cafizos, no hay gatos que se ahorren maullidos ni diletantes munidos de kilómetros de carretillas bibliográficas que se inclinen para escuchar atentos, sin necesidad de oír a priori sus propias respuestas. No hay peor cosa que ensayar las propias soluciones y respuestas con el otro, ignorante.

El anti-Sócrates por excelencia.

La trampa de los del palo, de los tomistas nuestros, es el afán del conocimiento claro y distinto. De la verdad encuadrada y primorosamente colgada en la pared del despacho. Un adorno de holgazanes.

Creo que la disputa debe acontecer regada de pasión. Con confianza y respeto, pero sin menguar el arrojo ni el miedo a equivocarse.

Si alguien halló por ahí la verdad, que por favor me lo haga saber. Y me la diga. Para dejar de reclamarla y comenzar a amarla.

Para seguir amándola con más ansias.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Teseo, cuando se trata de ir a lo más profundo de los fundamentos de la fe “de cada uno” no se puede llegar muy lejos, y esto es, según creo, por motivos diferentes a los esbozados.

Creo lo siguiente:

El proceso comienza con una adulteración de la doctrina y tradición. Así se llega, por ejemplo, a concluir que la tradición comenzó en Trento o con Pío IX o con el Vaticano II, todo bien argumentado en un tomismo que no es el de Tomás, sino de los 3 o 4 manuales de Regis Jolivet.

Una vez que tenemos esto, que no es más que paganismo argumentativo e ideología, viene lo más complejo, a saber:

El pagano-católico entra en un ejercicio crítico feroz. Interviene ahora la actividad racional de forma desmesurada (chau misterio, entre otras cosas) que “limita” la inteligencia de la fe. La razón limita la voluntad encasillándola en premisas falsas, cuando, menuda macana, la fe depende de ésta. Luego, con la voluntad jaqueada a fuerza de silogismos, se les hace casi imposible volver a la cándida niñez de la fe.

A pesar que muchas cosas no me gustan de Luis Bouyer, como por ejemplo su inclinación a meter a todos en la misma bolsa, le doy la derecha en la visión general que tuvo sobre los extremos ultramontanismo-progresismo.

Pone un ejemplo que al leerlo lo sentí como propio. Cuenta que el más distinguido de los tomistas daba una conferencia. En un momento dijo que Gabriel Marcel no pudo haberse convertido desde el existencialismo(¡!).
Bouyer se enojó con esto y también Gilson, quien estaba presente (no me extraña, Gilson y Marcel eran amigos. Se puede leer algo de su correspondencia en las Obras Completas de Marcel).
Allí se ve al tomista, aunque erudito, pifiando fieramente. Se puede ver cómo desde la propia capillita pontifica mal el más distinguido doctor.

Como decía un maestro y amigo que le gustaba salirse del programa: “ok, hablemos de Santo Tomás, pero si la próxima hablamos de la Patrística, Pascal y Teodoro Haecker”.

Saludos,

El Carlista.

Ps. aclaro lo de Bouyer porque además viene a cuento y siguiendo con el mismo ejemplo (pero hay muchos más): Rafael Gambra vendría a ser para él uno de los “ultramontanos” que de hecho “no aceptaban ningún cambio en la misa”, lo que detestaba Bouyer (que era novordista), sin embargo “también” fue Gambra el amigo de Marcel que basándose en gran medida en su obra escribió La Moral Existencialista o el Silencio de Dios basándose en el existencialimo a la Thibon y de Saint Exupery.
Conclusión: ninguna capilla. Nunca. Tampoco la de Bouyer. Nunca comprar el combo. Siempre el Paty y la papas por separado, pidiendo luego el Kutchup, quien lo prefiera.

Anónimo dijo...

que tiempos estos.
ahora hasta los tomistas son "moderadamente escépticos"

¿no será que nunca estuvieron seguros de nada? ¿no será que su seguridad es solo la forma de ocultar su cobardía?

Pablo dijo...

Una cosa es entender la post-modernidad como crisis de la verdad, deriva escéptica inaceptable. Otra, como crisis de las certezas, o crisis de algunas certezas absolutizadas por influencias racionalistas y positivistas decimonónicas. Lo último, creo que los buenos tomistas lo aceptarían de buen grado.

Cordiales saludos.

PS: celebro la sensatez de El Carlista, coincida hoy con él en todo o sólo en parte. La orientación de su comentario me parece realista y sensata.

Juancho dijo...

Teseo:

Respecto a la objeción 3: no solo es miedo de no estar a la altura de la discusión, sino efectivamente no estarlo.

A veces los discursos toman un vuelo metafísico al que muchos no llegamos.

Juancho.

Coronel Kurtz dijo...

Muy bueno el comentario de El Carlista.

Por mi parte, me gustaría agregar que el problema es ideologizar el tomismo, cosa que siempre es posible y es más común de lo que se piensa. Cuando ideologizamos, queremos "encajar" la realidad en las categorías que hemos aprendido, como si se tratara de los jueguitos de los chicos de 2 ó 3 años. Y todo lo que "sobra" y no permite entrar en las ranuras, nos parece basura descartable.

Ahora bien, esto no significa caer en relativismo, agnosticismo, escepticismo o nihilismo, tan del gusto de los postmodernos. Es decir, que nosotros no podamos abarcar toda la verdad, no podamos comprehenderla, no significa que esa verdad no existe, sino que esa verdad nos es infinitamente más grande que nosotros mismos. Tampoco significa que nada pueda decirse acerca de esa verdad, pues sería contradictorio con su misma existencia.

Si en última instancia, la verdad se identifica con el ser de Dios, se me ocurre que de ella puede predicarse lo mismo que la teología natural dice del Ipsum Esse Subsistens. Y que, entonces, está claro que esa verdad no nos pertenece, que no la abarcamos ni la comprehendemos. Que a lo sumo podemos aspirar a entenderla un poco.

Y que, en última instancia, lo que importa no es que nosotros busquemos "atraparla", sino dejarnos atrapar por ella. Lo importante es "ser de la Verdad" para oír la voz de Aquél que vino a dar testimonio de Ella.

Psique y Eros dijo...

Estimado le hice un post ad hoc en mi página respondiendo al anónimo.