El apostolado de la piratería II

video

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La editorial Acuarela Libros sacó una edición mejor que la muy clásica del glorioso The Flying Inn de Chesterton conocida como La Hostería Volante, que de hecho, porque está mejor la traducción, en vez de llamarse así salió con el nombre de La Taberna Errante, título mucho mejor ajustado.

Ahora bien, estos simpatiquísimos editores ponen en la primer hoja el link para bajar la novela gratarola y en la última la atípica frase: "cualquier ciudadano puede leer, copiar y transmitir esta obra, sin que ningún pirata pueda arrebatarle esos derechos".

Esto se debe porque la ley amparaba los derechos hasta los 50 años de finado el autor, por lo que los de Chesterton pasaron a estar libres en 1986. Luego mandaron una estirada a 70 años, por lo que incorrectamente se cobraron derechos de autor hasta el 2006, cuando esta norma no era retroactiva.

En esta inteligencia de la irretroactividad estos gallegos se la jugaron, y, para mejor, muy chestertonianamente y en honor a aquella misma obra desafiaron a los que se les oponían a que si los perseguían estaban dispuestos a ponerse una imprenta errante para ir de pueblo en pueblo reeditando la novela, lo que sería del inmenso agrado del Gordo, quien desde el Cielo se mataría de la risa.

Todavía hay tipos, tal vez muy pocos, que no arrugan ante quijotadas anti modernas, pequeños Chesterton que todavía sonríen. Que Dios los bendiga.

Saludos,

El Carlista.

Whiskerer dijo...

Excelente Teseo:

Veamos un ejemplo muy manido pero resplandeciente: para producir un software es necesario un equipo que lo diseña. La inversión en capital humano –tratándose de personal altamente especializado– y medios tecnológicos puede ascender a cifras considerables. Es razonable pensar que el producto se lance al mercado a un precio relativamente alto si atendemos a tal inversión. Esto es justo si partimos de que se aplica el mismo criterio que a cualquier otro bien. Pero no es el caso: se cobrará cada una de las copias como si fuese el original y sin la consiguiente merma en la propiedad que se produce con la comercialización de cualquier otro producto. Y en consecuencia, el coste de la creación del software deja de ser elevada al perderse la relación proporcionada entre sacrificio y beneficio. Se rompen, por tanto, las reglas de juego que tanto gustan a los neoliberales, se reinventa la economía y se dinamita el orden establecido por el mercado. Este caos no importa, no duele, pues las reglas son para los pobres y sólo cuando molestan a los ricos, se saltan o se anulan, olvidadas siempre en nombre del bien común y del sacrosanto y sistemático utilitarismo. Así pues, en este nuevo mercado del saber no hay existencias limitadas, se vende todo lo que haga falta, puesto que en realidad no se vende nada. La oferta se iguala a la demanda de forma automática ya que el stock siempre es suficiente para cubrir cualquier venta. El ciudadano no compra la propiedad de nada y de esta forma el fruto del esfuerzo de algunos hombres se pierde, transmutado en algo indeterminado, esclavizando al resto de los mortales que pagarán una y otra vez con su esfuerzo el supuesto uso de un bien que nuca les pertenece. Los haberes de estos últimos sí que se verán mermados cada vez que paguen por estos derechos de uso, y su merma será determinada en proporción a los beneficios del propietario de la patente
Raya de Blas, La Revolucion de los Sabios.

San Isidoro dijo...

Muy interesante Teseo. Es curioso como ciertos sectores, productores, empresarios, han juzgado y dictado sentencia, definiendo unilateralmente la copia como robo.