Newman: fe y razón II


Nada quizá satisface más a la reflexión cristiana que su percepción de las raíces profundas del sistema revelado en el curso natural de las cosas, del cual es simplemente la consecuencia y la plenitud: nuestro Salvador ha interpretado para nosotros los acentos tenues o entrecortados de la naturaleza; y en ellos, interpretados así, el cristiano tiene, igual que en una profecía antigua, a la vez las garantías y el memorial permanente de las verdades del Evangelio.

J. H. Newman, La fe y la razón, Sermón II: La religión natural, camino hacia la revelada.


No imaginemos, sin embargo, que al apelar de esta forma a los antiguos vuelvo al mundo de hace dos mil años y encadeno la filosofía con los razonamientos del paganismo. Mientras el mundo sea mundo perdurará la doctrina de Aristóteles sobre estas materias [se refiere al natural desinteresado del conocimiento intelectual], puesto que él es el oráculo de la naturaleza y de la verdad. Mientras haya hombres, no podremos evitar, en gran parte, el ser aristotélicos, pues el gran maestro no hace sino analizar las ideas, sentimientos, opiniones y pensamientos del género humano. El nos ha dicho el significado de nuestras propias palabras e ideas mucho antes de que hayamos nacido. En muchos aspectos el pensar correctamente es pensar como Aristóteles, y nosotros somos sus discípulos, queramos o no, y aunque no le hayamos conocido.

Newman J. H., Naturaleza y fin de la educación universitaria, Madrid, EPESA, 1946, p. 174.


También la modestia, la paciencia y la precaución son disposiciones anímicas tan necesarias como la seriedad y el rigor para la investigación, aunque no lo parezcan en la misma medida a primera vista. El atrevimiento en lo que se afirma, la precipitación en sacar conclusiones, la confianza temeraria en nuestra propia agudeza y capacidad de razonamiento, no se compaginan con el homenaje que la naturaleza exige de aquellos que quieran saber sus maravillas recónditas. Ella se niega a revelar sus misterios a los que llegan desprovistos del espíritu humilde y reverente propio de aprendices y discípulos. Por eso también aquel afán de paradoja que quisiera imponerle un lenguaje distinto del que ella realmente habla es tan anticientífico como anticristiano.

Newman J. H., La fe y la razón. Quince sermones predicados ante la universidad de Oxford (1826-1843) “El talante científico, inculcado primero por el Evangelio", Madrid, Encuentro, 1993, pp. 62-63


En cuanto a mí, no fue la lógica lo que me arrastró; tanto valdría decir que el mercurio del termómetro hace cambiar el tiempo. Quien razona es el ser concreto; pasa un número de años y encuentro mi espíritu en un nuevo lugar. ¿Cómo ha sido? Se mueve el hombre entero; la lógica del papel no hace sino registrar el movimiento. Toda la lógica del mundo no me hubiese hecho moverme hacia Roma más aprisa de lo que lo hice. Tanto valdría decir que he llegado al término de mi viaje por haber columbrado el campanario de la iglesia del pueblo como aventurarse a afirmar que pudieran ser anuladas las millas que mi alma hubo de recorrer antes de llegar a Roma, caso de haber tenido más clara visión de lo que tuve de que el término de mi viaje era Roma. Los grandes actos requieren de tiempo. Por lo menos eso es lo que yo siento en mi caso. Por eso, venirme a mí con métodos de lógica tenía carácter de provocación, y, aunque no creo haber dado muestras de ello, me dejaba en cierto modo indiferente para refutarlo, y a veces, como medio de aligerar mi impaciencia, me llevaba a ser misterioso o distraído, o dejarlo correr, por no poderlo contradecir satisfactoriamente.

Newman J. H., Apología pro vita sua, Madrid, La Editorial Católica, 1977, p. 137.

3 comentarios:

Psique y Eros dijo...

Muy bueno el último texto, confirma fenomenológicamente lo que decía en el comentario anterior. Me llamó la atención que no le llamara la atención mi distinción entre "creer algo" y "creerle a alguien". ¿Es algo que ya había escuchado? No creo haber inventado nada nuevo, cada vez que se me ocurre algo que no he escuchado antes me digo es cuestión de tiempo para que te enteres quien ya lo dijo. Pero en este caso me gustaría saber quien fue.

Teseo dijo...

Estimado Psique:

no me suena, en verdad,textualmente de nadie. Pero es muy newmaniana la expresión.

Y muy "tomásica" también. En cuanto el objeto de nuestra fe es Dios, pero el Dios vivo y revelado.

"No nos engañe cierta traza escolar de nuestra teología. Nosotros formulamos y aprendemos unas tesis, unas conclusiones: estas son el objeto de nuestra disciplina científica, pero su sujeto, aquello de lo que trata, es Dios, el Dios vivo. Con eso, con unas tesis, es con lo que hablamos, pero no de eso: hablamos de Dios, de la Realidad, del Ato Absoluto, del surtidor de vida que se comunica en un designio de amor".

Congar, La fe y la teología.

Psique y Eros dijo...

Seguro que el paradigma tomista me influyó en algún punto, pero volví explícita la idea gracias al discurso del Pan de Vida, no hay otro modo de entenderlo si no es bajo esa luz...