Pensamientos sueltos del beato Newman


“Alégrate, hombre solitario, no eres un héroe de tragedia. Hay Alguien a quien sí le importas, Alguien que te ama más de lo que tú puedes amar, sentir o cuidar de ti mismo. Deja en Él todas tus preocupaciones. Él te ve, te guarda; te contempla y sonríe compadecido de tus tribulaciones. Un ángel, tu Ángel de la guarda, te susurra buenos pensamientos. Dios conoce tus flaquezas, prevé tus caídas, te tiene de su mano. Tú no le huyas. Por tu fe, esa fe que has conservado con tanta sencillez y decisión en medio de la idolatría; por tu pureza, que has guardado, como una flor en medio de tanta abyección, Él se acordará de ti en el momento malo y el enemigo no podrá nada contra ti.

Calixta, Madrid, Encuentro, 1998, p. 45.


“Todos, imagino, tenemos mucho que decir sobre la Providencia de Dios con nosotros. Él nos cuida y nos guarda de una manera que todos en el último día, nos salvemos o no, tendremos que reconocer que era imposible haber hecho por cada uno más de lo que hizo; todos creeremos que nuestra historia ha sido especial y única”.

Diario del 25 de junio de 1869, en: Cartas y Diarios, Madrid, Rialp, 1996, p. 158.


“Es muy cierto, por lo tanto, que todos hemos de aceptar los riesgos por el cielo, a pesar de no tener certeza sobre el resultado. Esto es lo que significa la palabra riesgo, porque si un riesgo no implica nada de temor o peligro, expectación o incertidumbre es un riesgo ficticio. En esto consiste la excelencia y nobleza de la fe. La razón primera por la que la fe destaca entre los demás dones y es tenida por medio especial de justificación es precisamente que su presencia supone en nosotros el valor de asumir un riesgo.


Esta doctrina nos interesa y afecta vivamente a todos. Lo hace ver San Pablo en su epístola a los Hebreos con el ejemplo de los antiguos santos, que renunciaron a su seguridad presente en aras de la futura. Abraham “se puso en camino sin saber adonde iba”. Tanto él como los restantes patriarcas murieron “sin haber conseguido el objeto de las promesas, aunque viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra” (Hb. 11, 13)

Si ante un panorama de riquezas alguien ruega honestamente a Dios no ser nunca rico; si teniendo posibilidades de alcanzar una alta posición social alguien pide en serio no alcanzarla; si teniendo amigos o parientes, alguien acepta de todo corazón la eventualidad de perderlos y dice: “tómalos, Señor, si es Tu voluntad”; a Ti te los entrego, en Tus manos los dejo”, alegrándose de que el Señor le tome la palabra; ese también arriesga, y se hace agradable a Dios.

Esperando a Cristo, Madrid, Rialp, 1997. pp. 50, 51, 57.


El mundo va como si nada existiese. Nada de huella del cielo en la superficie de la sociedad o en los acontecimientos del día, ninguna huella en el semblante de los ricos, de los negocios, ni de la muchedumbre; en los actos de los poderosos, en las frases de los oradores, en los consejos de los prudentes, en las fiestas de los mundanos adinerados. Y sin embrago, el espíritu de Dios no está lejos. Tenemos en medio de nosotros la presencia del Hijo eterno, diez veces más glorioso y poderoso que cuando paseaba por la tierra en sus días de humanidad. Pensemos siempre en esta verdad divina. Cuanto más secreta es la mano de Dios, más poderosa es. Cuanto más se calla, más temible es.

Parroquial and Plain Sermons, en: Bremond H., Newman. Ensayo de biografía psicológica, Buenos Aires, Desclée de Brouwer, 1947, p. 231.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por su publicación. Ahora, ¿qué pasa cuando no es "tu Fe" ni "tu pureza" por lo que Dios se acordará de ti? humm, prefiero pensar que Dios se acordará de mí, a pesar de mi no fe ni mi no nada, si no, voy frita.

Sí, la verdad es que al darle las espaldas nosotros a Dios, se ha ocultado de un modo terrible. Bueno, siempre ha sido y es un Dios escondido, ¿no? pero ni aún eso puedo decir de Dios, tan escondido que ni afirmar que está encondido.